En defensa propia (Crónicas sin censura 202)

Réplica y Contrarréplica
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EN DEFENSA PROPIA

Más vergonzoso es desconfiar de nuestros amigos que ser engañados por ellos.

La Rochefoucauld.

 

Resbalón y tropezón, avisos de caída son.

Dicho popular.

 

Antes del lunes, la mitad de los mexicanos rechazaban la posibilidad de votar por el PRI y de creer en la política. Esta actitud tendía a prevalecer e incluso a incrementarse si el PAN logra aumentar sus simpatías para obtener la mayoría en el Congreso de la Unión, pretensión sobre la cual trabajan desde el presidente de México hasta su respetable esposa, ahora convertida en casi una amazona.

Es obvio que la tendencia apuntada acaba de sufrir un revés cuyas consecuencias crecerán conforme transcurran los días y cause efectos internacionales lo dicho por Fidel Castro contra Vicente Fox Quesada, a quien acusó de formar parte de un complot que afecta a su patria, a la Revolución Cubana, pues. Y para comprobarlo publicitó la grabación de la entrevista telefónica sostenida por ambos en la víspera de la cumbre realizada en la ciudad de Monterrey. Y aquí, si me lo permite el lector, hacer una de las preguntas que debe estar reverberando en las inteligencias diplomáticas de México y Latinoamérica.

¿Es ética la actitud del jefe de Estado cubano?

Tal vez sí, o quizás no. Todo depende de sus consecuencias.

Lo que sí podemos afirmar es que el viejo de La Habana se excedió cuando hizo pública la grabación entre él y su cuate Fox. Sin embargo, insisto, habrá que esperar la respuesta que surja de los foros internacionales. Mientras, debemos reconocer que vimos a un Fidel Castro obligado a “disparar” en defensa propia. Y ante el pancho, oso o ridículo que hicieron el presidente mexicano y su canciller (finalmente es motivo de vergüenza no respetar al Poder Legislativo, además de decir mentiras e ir en contra de la tradición en la política internacional, ejemplo para el mundo), sigue, incluso crece, la posibilidad de que se polarice aún más la política nacional en perjuicio, precisamente, de la unidad y la armonía nacionales.

¿Por qué? Porque, por una parte, el gobierno insiste en que tiene razón cuando atenta contra esa tradición diplomática sin consultar al Congreso de la Unión, tal y como lo dicta la Ley Suprema, es decir, la Constitución, que aunque vieja, moderna, obsoleta o vetusta —como usted quiera— sigue siendo la máxima ley mientras no sea derogada, modificada, reformada o suplida por otro ordenamiento constitucional. Y por otro lado, porque los priistas se han valido de las fallas del gobierno foxista para tratar de convencer al pueblo de que no todo lo que hizo el PRI fue malo. Cada tropiezo del gobierno de Fox suma puntos a favor de la causa priista. Y cada ofensa o atentado contra la inteligencia de la sociedad, como las mentiras o verdades a medias, vulnera la figura presidencial y, por ende, le resta votos al Partido Acción Nacional. Esto dice la lógica política.

Pareciera, pues, que priistas y panistas jalan la reata en sentido contrario, como aquellos burros que simbolizan el disenso y la contradicción supina. Y que Vicente Fox se ha montado en su macho porque está más interesado en quedar bien con el gobierno de George W. Bush que en cumplirle a sus gobernados. Dicho en otras palabras: que a don Chente le vale un soberano cacahuate la tradición diplomática de México.

Se trata de un asunto que abrió a la discusión los foros internacionales, circunstancia que sin duda politizará a las fuerzas políticas de la nación mexicana: unas defendiendo a su correligionario presidente y las otras sacando provecho a los desaciertos, equivocaciones y mentirillas del hombre cuya buena fe va de la mano con su ingenuidad.

No es nuevo el tema de la influencia electoral o disfrazada que Estados Unidos ejerce sobre México, ya que la injerencia data desde el siglo XIX. Pero para no irnos tan lejos, me permito comentar al lector una de las anécdotas del régimen lopezmateísta:

Emilio Sánchez Piedras era líder de la Cámara de Diputados. Allí pronunció un acalorado discurso en favor de la Revolución Cubana. Los conceptos duros y exaltados se escucharon en el mismísimo Despacho Oval de la Casa Blanca, propiciando una llamada de atención a México, es decir, al presidente Adolfo López Mateos, quien en ese momento estaba de gira por el estado de Colima. De inmediato, el propio presidente mexicano convocó a una rueda de prensa para hacer la siguiente declaración:

“El gobierno de México está de acuerdo con la Revolución”.

Al otro día, Sánchez Piedras renunció al liderazgo cameral.

Lo que hizo don Adolfo López Mateos fue dar por su lado a los norteamericanos, pero sin perder la dignidad ni el liderazgo político que durante décadas (hasta el pasado lunes) México ejerció en América Latina y, desde luego, con la ahora mermada izquierda progresista del mundo.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica