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LA OBRA DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA

Cumple hoy un año de vida la Segunda República Española. Quienes nos sentimos orgullosos de haber hecho nuestra la causa de los republicanos españoles, no a contar de los días luminosos de la proclamación de la República, sino desde la época en que los hombres que ahora rigen los destinos de España preparaban el advenimiento de la democracia española, en la calle, en el destierro o en la cárcel, es justo que nos ufanemos de poder registrar, como un hecho trascendente en la Historia, el afianzamiento de las nuevas instituciones plasmadas por los representantes del pueblo español.

La República se planteó como un movimiento de limitadas proporciones, se ejecutó cuando ya se tenía una visión más amplia de la necesidad de imponer soluciones renovadoras de mayor trascendencia; y se ha consolidado como un fenómeno social y político de caracteres franca y progresivamente revolucionarios.

En los años prolongados de la dictadura del general Primo de Rivera y durante el gobierno innocuo de don Dámaso Berenguer, ante la necesidad de provocar las menores resistencias en el interior, y ante el peligro de concitarse la enemistad de las potencias extranjeras, los republicanos españoles restringían al mínimo sus aspiraciones: “Haga usted la República conservadora, y nosotros la apoyaremos” —decía en una célebre epístola Marcelino Domingo, uno de los más valerosos e intransigentes republicanos, a José Sánchez Guerra, ex primer ministro de la corona y a la sazón líder de la oposición a la monarquía.

Fue de este modo como don Niceto Alcalá Zamora, antiguo ministro, ocupó la más alta jerarquía en la oposición republicana y acaudilló la insurrección incruenta del 14 de abril.

Pero cuando la República fue un hecho, el espíritu revolucionario del pueblo español se desbordó como un torrente salido de cauce, no conformándose con las soluciones propias de un liberalismo conciliador y romántico, sino reclamando una transformación íntegra de los modos de vida de la nación española, para libertarse lo mismo del latifundista que del cura, del capataz que del cacique.

Contemplar, aunque sea en sus líneas generales, este proceso ejemplar de transformación social y política, es rendir un justo homenaje a los artífices de la Segunda República Española.

España vive aún dentro de la etapa constituyente de la era republicana. Votada la Constitución, electo el presidente de la República y reformado el gabinete con toda la fuerza legal, no por eso fueron disueltas las Cortes Constituyentes, juzgando, preciso que con el mismo espíritu con que fueron dictadas las leyes fundamentales, debe procederse a la elaboración de los ordenamientos complementarios que habrán de revestir al nuevo estatuto jurídico de la nación española.

Los aspectos salientes de la compleja tarea que han emprendido el gobierno y la Asamblea Constituyente españoles, pueden resumirse del modo siguiente:

Primero: Integración del nuevo Estado español;

Segundo: Elaboración de las normas jurídicas que han de regir la vida política de España, y

Tercero: Reorganización de las condiciones de vida de la colectividad española en sus múltiples aspectos sociales, económicos y espirituales.

La forma de integrar el Estado fue el primer problema que se planteó a la consideración de los nuevos estadistas, a la caída de la monarquía. Como he explicado en otros momentos este problema radica en la existencia real de un conjunto de colectividades que, aun cuando se reconocen todas ellas como de origen hispánico, conservan —a despecho de los siglos de dominación de las Casas de Austria y de Borbón— características raciales, costumbres y cultura, genuinas, que afirman la personalidad de las regiones hispánicas en el grado en que cada pueblo ha hecho, un culto del cultivo de lo propio.

El regionalismo, que aparecía como el escollo que pudo haber precipitado el fracaso del gran esfuerzo constructor de la República, ha sido resuelto con rara habilidad, canalizando las corrientes particularistas, a modo de que la suma de cultura y de los demás valores de las regiones, lejos de que produzcan la desintegración española, constituyan un aporte para enriquecer el acervo nacional.

Así, desde la celebración del Pacto de San Sebastián, se resolvió el problema inquietante de la autonomía de Cataluña, que durante largos años agitó a España e interesó al mundo.Hoy no resta, a este respecto, más que la aprobación por las Cortes Constituyentes del Estatuto Catalán.

El federalismo español se distingue de los demás sistemas federales que se han ensayado en Europa y en América, en que no enmarca dentro de cuadros jurídicos precisos, el grado en que deba ejercerse la autonomía, sino que deja al desarrollo natural de cada región, la conquista de los derechos de autonomía. Castilla y Andalucía, sin género de duda, no extremarán sus demandas en la medida en que lo hacen Cataluña y los países vascongados, pero éstos como aquéllas, sin desatender el cultivo de lo propio, seguirán siendo parte del Estado español, ya no por obra de alianzas fortuitas de casas dinásticas que sólo supieron mantener su dominio con apoyo de la violencia, sino por la voluntad expresa del pueblo.

De las normas jurídicas que han de presidir el funcionamiento de la democracia española, lo que más se destaca es la decisión de confiar la gestión parlamentaria a un solo cuerpo legislativo: el Congreso de los Diputados. Aquí triunfa una vez más la vieja tesis liberal, que pretende que se ejercite la soberanía popular sin el freno moderador de un senado.

La evolución del derecho obrero en España no es un fenómeno propiamente nuevo. Como en todo país que fuerza su marcha hacia la industrialización, el poder de los trabajadores organizados supo imponer, aun en tiempo de la monarquía, normas de convivencia social que, en mayor o menor grado, garantizaban los intereses de los trabajadores industriales.

El paso más importante que en esta dirección ha dado la República, consiste en el proyecto del ministro Largo Caballero, de conceder a los trabajadores organizados una intervención directa en la dirección de las empresas industriales, a la manera proclamada por Wissel en la Constitución alemana de Weimar.

Y el problema de la vida rural, que en la España contemporánea se plantea en la misma forma y con características semejantes a las que prevalecían en México antes de la revolución, lo ha abordado el ministro Domingo en proyecto que ha merecido ya la aprobación del gabinete de Azaña y que actualmente es considerado por las Cortes Constituyentes.

La Ley Agraria Española —ha declarado el presidente del Consejo, señor Azaña— tenderá a encontrar una solución pacífica del problema de la falta de trabajo en los distritos rurales, proporcionando una distribución equitativa de la tierra en las provincias donde la propiedad se encuentra en poder de unas cuantas manos. Las leyes agrarias, no explotarán, sino que mejorarán necesariamente las condiciones del trabajo agrícola, lo que representa una base más firme para la paz social y para la sustentación del régimen republicano.

Esta es, en su esencia, la obra de la Segunda República Española, consumada en el primer año de su existencia.

El Nacional, 14 de abril de 1932.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

La soberbia nunca baja de donde sube,

porque siempre cae de donde subió.

Francisco de Quevedo

EL CONTRAPESO DE LOS PIRRURIS

El inglés con frascos frescos frescos ebrio con su baba, beba y haga de la gula, gala que con él se trata, treta.

Paranomasia novohispana

 

¿Qué haríamos los columnistas sin Manuel Bartlett?

Luchar denodadamente contra la página en blanco. O aburrirnos hasta que alguno de los políticos de casa nos deleitara con los brillos de su ingenio oculto entre las sombras de la prudencia. O esperar con la carga que caracterizaba a los caballeros del medievo que vivían con la ilusión de encontrar una casta doncella dispuesta a entregarles su virginidad, entonces el territorio terrenal más espléndido, cuyo pilón —por cierto— era la codiciada dote. O estar al acecho de alguna perla novedosa para hacer —como lo hace Nikito Nipongo— un tratado crítico sobre otra de las metidas de pata. (En este caso existe un riesgo: no ser original).

De ahí que no nos quede de otra más que agradecer al senador Bartlett su peculiar interés por comentar los asuntos políticos de Puebla, a pesar —que conste— de sus reiteradas promesas de alejarse de la vida política del estado. Pero además de nuestra gratitud periodística, también habría que manifestarle nuestra admiración por su empeño en picar la cresta a los representantes de la derecha poblana, los mismos que el próximo 15 de febrero regresan al poder municipal acompañados del reverberante tañir de la campana María. Y brindarle un voto de confianza a la ideología que representa, ya que, no obstante los “derechazos a la mandíbula”, todavía pueda dar un golpe de suerte y derribar a la absurda y chambona reacción; es decir, a la filosofía impulsada por el Frente Universitario Anticomunista (FUA), integrado por ciudadanos que veían bolcheviques hasta en la sopa. “Ahora más que nunca —decían entonces acogiéndose al contenido de la Carta pastoral de 1961— se aplican las palabras de Jesucristo: aquel que no está conmigo, está contra mí”.

¿Seguirá vigente el fanatismo de los anticomunistas poblanos?

Decídalo el lector después de leer las líneas del libro Política y poder en Puebla, escrito por Wil G. Pansters (Ed. BUAP y FCE, 1998). Y dele o niéguele la razón a don Manuel por lo que él infiere como la asonada de la derecha en Puebla.

“El cristianismo y lo que representa fueron absorbidos por el discurso anticomunista y viceversa. Un buen ejemplo del proceso discursivo de equivalencia y antagonismo fue un folleto distribuido (probablemente por el FUA) en medio del conflicto…”. Y en él se plasman algunas comparaciones que tratan de establecer el choque del cristianismo con el comunismo.

Por ejemplo: “El hombre es una persona libre” vs. “El hombre es un esclavo del Estado”. Otro: “Derecho a la vida” vs. “El Estado dispone de las vidas humanas a su antojo”. Uno más: “La familia tiene derechos inviolables en la educación de sus hijos” vs. “El único dueño de los hijos es el Estado”. El más jalado de los pelos: “La familia es indisociable porque es sagrada” vs. “El amor libre, el legítimo”. Y el último para dejarlo, digamos que picado: “Amaos los unos a los otros” vs. “Luchad clase contra clase”.

Estas frases, creadas por las mentes calenturientas de la derecha poblana, aparecieron publicadas sin firma autógrafa, pero ideológicamente signadas por destacados miembros del FUA, facción en la cual militaba (y con “orgullo”, tal y como él mismo lo aceptó) el ahora presidente municipal electo, Luis Paredes Moctezuma. Y aquí se impone otra pregunta:

¿Qué haría el futuro alcalde de Puebla sin Manuel Bartlett?

Supongo que regodearse como pudo hacerlo su asesorado, el otrora munícipe Gabriel Hinojosa Rivero. Y quizá hasta sentirse salvador de Puebla quitándole lo de “Zaragoza” para rebautizarla con el de “Los Ángeles”. Es decir, aumentar el papel de reivindicador del cristianismo y, por ende, usar la espada bendita y desenvainada para cortar la cabeza de los liberales: el San Miguel Arcángel luchando contra los dragones convertidos en horribles dinosaurios tricolores, pues.

¡Claro que debe de resultar incómoda la presencia retórica y crítica del exgobernador y ahora influyente senador priista!; sin embargo, viéndola con optimismo para los miembros del PAN poblano (TaliPAN, Armando Labra dixit), hace las veces de freno natural a las intenciones de recule. Y obvio: a Paredes le sirve de conciencia y contrapeso para orientarlo a equilibrar su mandato, dándole un sentido social ajeno a posiciones ideológicas y posturas religiosas. Como debe ser en estos tiempos modernos.

A partir de ello habría que decirle a Manuel Bartlett Díaz: siga usted, senador, metiendo su influyente nariz en los asuntos políticos del estado que gobernó. Puede ser que su opinión (u olfato político) modere los arrebatos priistas, además de darnos tema de columna.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

CONSPIRACIONES Y HOMBRES ILUSTRES

De mis impresiones en el destierro, ningunas tan hondas ni tan fuertes como las que recogí durante mi estancia, en la segunda mitad del año de 1924, en España. Y quiero traducirlas hoy, en sencillos relatos, como un homenaje al pueblo español y a los fundadores de la Segunda República Española.

Las juntas en la casa de Salmerón

En 1924 la dictadura del general Primo de Rivera se hallaba en toda plenitud, pero ya se sentía cómo se alzaba la nación en contra de un régimen usurpador que había destruido hasta la afición de las viejas instituciones españolas. No sólo los hombres representativos de fuertes corrientes de opinión, sino todo aquél que tenía conciencia de su dignidad ciudadana, procuraba de algún modo desacreditar a la dictadura y colaborar en el derrocamiento del régimen.

Las personalidades de más alto relieve social y político conspiraban.

En México había yo cultivado la amistad de don Marcelino Domingo. En España me enseñé a amar la rectitud de su vida, la fuerza de sus convicciones, la elevación de su pensamiento. Nuestra amistad se hizo íntima y caminando guiado por su mano, conocí la realidad intensa de aquel momento histórico de España.

Don Marcelino Domingo tenía grabado en la mente este pensamiento que normaba su conducta:

Como quiera que se realice la oposición, yo he de participar en ella. No quiero que se diga con razón algún día que yo supe de una conspiración sin que en ella hubiera participado.

A la sazón los conspiradores tenían sus reuniones en la antigua residencia que habitó el ilustre republico don Nicolás Salmerón. Todo Madrid —o por mejor decir, toda España— tenía conocimiento de las conjuras. En ellas participaban políticos eminentes, ya provinieran de la vieja e irreductible oposición republicana y socialista, ya de los ex monárquicos distanciados del régimen por el advenimiento de la dictadura del marqués de Estella. Entre los personajes militares de mayor representación —no es ya una indiscreción relatarlo— se contaban el capitán general Valeriano Weyler y los tenientes generales don Francisco Aguilera y —¡quién lo creyera!— don Dámaso Berenguer, el mismo que años más tarde había de ser jefe de la Casa Militar del Rey y sucesor de Primo de Rivera en el gabinete dictatorial.

Las conspiraciones se hacían a ciencia y paciencia de la policía. Cada uno de los hombres que concurrían a las juntas iba invariablemente seguido de un policía. No pocas veces mi desconcierto subía de punto cuando el agente que vigilaba al señor Domingo nos salía al paso para darnos informes al siguiente tenor:

—Don Marcelino, dése usted prisa porque ya todos los señores están reunidos.

O bien, para decir esto otro:

—Hoy no habrá junta. Ya todos se fueron, porque parece que los señores X o Z no pueden venir…

El movimiento debería estallar en forma de una huelga general de carácter revolucionario. El ejército no iba a realizar un golpe de fuerza. Por el contrario: iba a acuartelarse.

Los políticos españoles, celosos siempre de sus responsabilidades cívicas, se habían preocupado por definir su posición frente al gobierno. Había sido Primo de Rivera quien, por medio de un cuartelazo y tomando el nombre del ejército, suspendió la Constitución en complicidad con el rey, disolvió el Parlamento, destituyó al gobierno y, en suma, creó la dictadura. El ejército ahora, no iba más que a desautorizar al usurpador, volviendo a sus cuarteles y dejando que el pueblo revolucionario constituyera un nuevo gobierno cuya autoridad habría de prolongarse hasta la reunión de una Asamblea Nacional Constituyente.

Mi afán de cooperar de algún modo en el movimiento republicano me hacía inquirir con mi amigo, cada vez que había tenido lugar una junta revolucionaria, cuáles eran los planes acordados, cuáles los puntos concretos de acción y cuál el día o la época en que debería producirse el gran acontecimiento. La respuesta de don Marcelino era, casi invariablemente, la misma:

—El día y la forma en que estalle el movimiento es lo de menos. Lo interesante es prever el porvenir. Analizamos los grandes problemas que se presentan en España. Tomamos acuerdos y establecemos compromisos sobre la forma cómo debe constituirse el gobierno provisional y cómo deben plantearse y resolverse en sus líneas generales los problemas de España. Recorremos la historia de la Primera República para no incurrir en los errores que determinaron su fracaso. La Segunda República, para cimentarse sólidamente, necesita aprovechar la experiencia que arroja la historia. Hoy hemos llegado a un acuerdo sobre la autonomía de Cataluña (o sobre Marruecos, o sobre no importa qué otro problema fundamental…)

II

Influencia fatal de la guerra del Rif

Un día me sorprendió Marcelino Domingo con una grata proposición. Por su conducta la Junta Revolucionaria pedía de mí que me trasladara a Tánger, Marruecos, y que de allí procurara llegar hasta el campamento del caudillo insurgente del Rif, Abd-el-Krim, para sugerirle que suspendiera su ofensiva sobre Xaven y Tetuán, en espera de que se produjera el cambio de régimen en España. La República garantizaría al caudillo la autonomía del Rif, reservándose sólo el dominio sobre las plazas de soberanía española situadas en África: Ceuta, Melilla y Larache y el Peñón del Alhucemas. El Rif, con ayuda de España, constituiría un nuevo Estado que se pondría bajo la garantía de la Sociedad de Naciones.

La solución era perfecta.

Una semana después me hallaba en Tánger y había logrado facilidades para llegar hasta el campamento del gran jefe rebelde. Pero los acontecimientos se produjeron con fatal rapidez. Abd-el-Krim había emprendido su fulminante ofensiva. La ciudad santa de Xauen se encontraba ya en su poder. Un ejército español, en derrota, se retiraba hacia Tetuán. Y los militares españoles, en presencia de este acontecimiento, posponían los problemas internos, solidarizándose con Primo de Rivera hasta que se resolviera el problema militar de Marruecos.

Un aviso oportuno me hizo regresar a Madrid. El movimiento revolucionario quedaba pospuesto indefinidamente.

Pero los conspiradores civiles proseguían su tarea, planteando soluciones concretas a los problemas concretos de España, para cuando llegara el momento de asumir la responsabilidad inherente a la creación de un nuevo régimen.

III

El sentimiento popular y el escepticismo de los intelectuales

Desde mi arribo a tierras españolas me dominó el propósito de auscultar el sentimiento político del pueblo español. En mis viajes por Galicia, Asturias, la Montaña y Andalucía, inquiría con la gente más humilde, y el resultado era siempre adverso a la monarquía, particularmente a causa de la guerra del Rif tan injusta como sangrienta. En Bilbao y en Madrid la oposición era más exaltada, y en Cataluña la aversión por la monarquía y por la dictadura avivaba el espíritu de liberación nacional, hasta convertir el viejo ideal autonomista en un anhelo, cada vez más generalizado, de separación.

Primo de Rivera había clausurado la Universidad Catalana, suprimido las sociedades de estudios y de investigaciones catalanas, prohibido la lengua y la música y hasta los bailes catalanes. La represión sólo engendraba una mayor exaltación de los catalanes. Y las sociedades e institutos clausurados por el dictador proseguían en secreto, con mayor afán, sus patrióticos estudios e investigaciones, con la ayuda económica, espontánea y abundante, de todo el pueblo.

El sepelio de don Ángel Guimerá —que tuve ocasión de presenciar— constituyó un verdadero plebiscito en que se mostró el sentimiento de la colectividad catalana: las anchas y espaciosas ramblas de Barcelona estaban colmadas por la multitud, y no había una sola persona que hablara el español; yo enmudecía, para no parecer sospechoso ante la pacífica pero imponente protesta de aquel pueblo.

Sin embargo, la mayoría de los políticos e intelectuales españoles —mismos que incubaban y dirigían la oposición a la dictadura y a la monarquía— no creyeron jamás que la simiente republicana hubiera germinado en el pueblo español, ni menos aún que éste se mostrara dispuesto a promover un movimiento insurreccional.

En una visita que hice en la cárcel Modelo de Madrid a don Ángel Ossorio y Gallardo, este ilustre jurisconsulto y político (hoy miembro prominente de la Comisión Redactora del Proyecto de Constitución Republicana) expresaba su escepticismo:

—No existen fuerzas organizadas —decía— capaces de derrocar a la monarquía; ni el pueblo se inquieta aún por la cosa pública. Si el rey y el dictador lo quisieran, restaurarían el imperio de la ley después de una sucesión de gobiernos, cada uno de los cuales les fuera otorgando mayor cantidad de libertades, hasta restablecer la Constitución.

Y como se le arguyera que el republicanismo cobraba nuevos ímpetus de día en día, él concluyó en forma displicente:

—Sí, es verdad; Cataluña, la más valiente región es capaz de agitarse; pero ya vemos cómo se ha plegado ante la amenaza de represión de la dictadura. De ahí en más no veo otra fuerza organizada que el socialismo… ¡Y en tan corta escala!…

Y don Ángel Ossorio y Gallardo resumía la opinión de la casi totalidad de estos hombres que estaban forjando una obra cuyos resultados y trascendencia sobrepasaba a los cálculos más optimistas.

Todavía hace unos meses, los jóvenes españoles que visitaron nuestra ciudad con motivo de un congreso estudiantil, difiriendo de mis opiniones, contemplaban la revolución republicana como una perspectiva remota, que acaso correspondiera a ellos, más tarde, plasmar.

Y sin embargo, apenas contaron con tiempo bastante para retornar a tierra española, donde la suerte les reservaba brillante papel en las gloriosas jornadas de abril.

Nada de extraño tiene que la opinión en América haya juzgado siempre que la oposición a la monarquía era más bien un movimiento espiritual de las “élites” pensantes, que la resultante de un vasto y enérgico movimiento de la opinión popular nacional.

Sólo los viejos luchadores del republicanismo histórico: Marcelino Domingo, Indalecio Prieto, Largo Caballero, Besteiro, Lerroux, creían en el próximo advenimiento de la República; pero acaso haya sido con ingenuidad, porque veían esa posibilidad desde 1917.

El Nacional, 19 de junio de 1931.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

No te arrugues cuero viejo que te quiero pa’tambor

DE CONDISCÍPULO A OPERADOR POLÍTICO

En el curso de la campaña que lo llevaría a la gubernatura, y estando ya en el poder, Mariano Piña Olaya tuvo aquellos “ímpetus peligrosos de sinceridad” que José Vasconcelos escribió en su obra Ulises Criollo, recordando algunos de sus fracasos como orador. La franqueza del oaxaqueño nos da oportunidad de conocer sus primeros traspiés políticos ante la “masa humilde”.

“Un día hablé que antes de intentar democráticas y actividad política –dice– el pueblo necesitaba emprender la campaña del agua y del jabón. A pesar de mi intención pura, el consejo pareció a unos ofensivo, a otros impolítico, y dejó desilusionada mi capacidad demagógica”.

Sobra aclarar que el parecido de Piña Olaya con Vasconcelos se constriñe a la preocupación aséptica que todavía en nuestros tiempos es una ofensa a los campesinos, cuya marginación y pobreza los mantiene lejos del agua de consumo y, obviamente, del jabón, hoy, como siempre, un artículo de lujo para los pobres. Sin embargo, como Piña Olaya usó la misma tónica de limpieza con los campesinos, hago esta referencia con la idea de asentar lo importante y benéfico que es para los políticos recordar o conocer las experiencias de gente tan capaz e inteligente como Vasconcelos. Insisto, pues, que la historia es el prólogo del porvenir y que, apreciándola, evitamos la repetición de errores y desaciertos.

Los yerros del mandatario poblano (1987-1993) empezaron antes de que fuera nominado candidato al gobierno local. El más espectacular, por su trascendencia, ocurrió en una cena organizada por el industrial Ricardo Hess. En aquella ocasión, los asistentes deseaban conocer la forma de pensar del hombre que llegaría a gobernar a Puebla. Asistieron Manuel de Unanue (a los pocos meses llegó a dirigir a los productores agropecuarios del país), Jorge Ocejo Moreno (también ascendió a la dirigencia nacional de la COPARMEX; después, a la candidatura para la alcaldía y, más tarde, diputado federal por el PAN), José Manuel Rodoreda (alcanzó la cúpula de la Cámara de Comercio local y el liderazgo natural del sector patronal), Heberto Rodríguez Concha (fallecido en funciones de regidor del ayuntamiento poblano —1997— por un tumor en el cerebro, enfermedad que se agravó debido a la presión moral concebida por algún estratega del gobierno de Manuel Bartlett), Humberto Ponce de León, Ernesto Pérez Reyes, Othón Necochea Agüeros y Mario Velázquez Llórente.

Este último cuestionó al invitado especial sobre su amistad con el presidente de México; le dijo que si efectivamente era su amigo, ya le habría dicho si iba o no a ser gobernador. La pregunta de Velázquez propició una respuesta alegre que fue más o menos en los siguientes términos:

“Si supiera la decisión presidencial, no estaría perdiendo el tiempo con ustedes”.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

LA OBRA DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA

Cumple hoy un año de vida la Segunda República Española. Quienes nos sentimos orgullosos de haber hecho nuestra la causa de los republicanos españoles, no a contar de los días luminosos de la proclamación de la República, sino desde la época en que los hombres que ahora rigen los destinos de España preparaban el advenimiento de la democracia española, en la calle, en el destierro o en la cárcel, es justo que nos ufanemos de poder registrar, como un hecho trascendente en la Historia, el afianzamiento de las nuevas instituciones plasmadas por los representantes del pueblo español.

La República se planteó como un movimiento de limitadas proporciones, se ejecutó cuando ya se tenía una visión más amplia de la necesidad de imponer soluciones renovadoras de mayor trascendencia; y se ha consolidado como un fenómeno social y político de caracteres franca y progresivamente revolucionarios.

En los años prolongados de la dictadura del general Primo de Rivera y durante el gobierno innocuo de don Dámaso Berenguer, ante la necesidad de provocar las menores resistencias en el interior, y ante el peligro de concitarse la enemistad de las potencias extranjeras, los republicanos españoles restringían al mínimo sus aspiraciones: “Haga usted la República conservadora, y nosotros la apoyaremos” —decía en una célebre epístola Marcelino Domingo, uno de los más valerosos e intransigentes republicanos, a José Sánchez Guerra, ex primer ministro de la corona y a la sazón líder de la oposición a la monarquía.

Fue de este modo como don Niceto Alcalá Zamora, antiguo ministro, ocupó la más alta jerarquía en la oposición republicana y acaudilló la insurrección incruenta del 14 de abril.

Pero cuando la República fue un hecho, el espíritu revolucionario del pueblo español se desbordó como un torrente salido de cauce, no conformándose con las soluciones propias de un liberalismo conciliador y romántico, sino reclamando una transformación íntegra de los modos de vida de la nación española, para libertarse lo mismo del latifundista que del cura, del capataz que del cacique.

Contemplar, aunque sea en sus líneas generales, este proceso ejemplar de transformación social y política, es rendir un justo homenaje a los artífices de la Segunda República Española.

España vive aún dentro de la etapa constituyente de la era republicana. Votada la Constitución, electo el presidente de la República y reformado el gabinete con toda la fuerza legal, no por eso fueron disueltas las Cortes Constituyentes, juzgando, preciso que con el mismo espíritu con que fueron dictadas las leyes fundamentales, debe procederse a la elaboración de los ordenamientos complementarios que habrán de revestir al nuevo estatuto jurídico de la nación española.

Los aspectos salientes de la compleja tarea que han emprendido el gobierno y la Asamblea Constituyente españoles, pueden resumirse del modo siguiente:

Primero: Integración del nuevo Estado español;

Segundo: Elaboración de las normas jurídicas que han de regir la vida política de España, y

Tercero: Reorganización de las condiciones de vida de la colectividad española en sus múltiples aspectos sociales, económicos y espirituales.

La forma de integrar el Estado fue el primer problema que se planteó a la consideración de los nuevos estadistas, a la caída de la monarquía. Como he explicado en otros momentos este problema radica en la existencia real de un conjunto de colectividades que, aun cuando se reconocen todas ellas como de origen hispánico, conservan —a despecho de los siglos de dominación de las Casas de Austria y de Borbón— características raciales, costumbres y cultura, genuinas, que afirman la personalidad de las regiones hispánicas en el grado en que cada pueblo ha hecho, un culto del cultivo de lo propio.

El regionalismo, que aparecía como el escollo que pudo haber precipitado el fracaso del gran esfuerzo constructor de la República, ha sido resuelto con rara habilidad, canalizando las corrientes particularistas, a modo de que la suma de cultura y de los demás valores de las regiones, lejos de que produzcan la desintegración española, constituyan un aporte para enriquecer el acervo nacional.

Así, desde la celebración del Pacto de San Sebastián, se resolvió el problema inquietante de la autonomía de Cataluña, que durante largos años agitó a España e interesó al mundo.Hoy no resta, a este respecto, más que la aprobación por las Cortes Constituyentes del Estatuto Catalán.

El federalismo español se distingue de los demás sistemas federales que se han ensayado en Europa y en América, en que no enmarca dentro de cuadros jurídicos precisos, el grado en que deba ejercerse la autonomía, sino que deja al desarrollo natural de cada región, la conquista de los derechos de autonomía. Castilla y Andalucía, sin género de duda, no extremarán sus demandas en la medida en que lo hacen Cataluña y los países vascongados, pero éstos como aquéllas, sin desatender el cultivo de lo propio, seguirán siendo parte del Estado español, ya no por obra de alianzas fortuitas de casas dinásticas que sólo supieron mantener su dominio con apoyo de la violencia, sino por la voluntad expresa del pueblo.

De las normas jurídicas que han de presidir el funcionamiento de la democracia española, lo que más se destaca es la decisión de confiar la gestión parlamentaria a un solo cuerpo legislativo: el Congreso de los Diputados. Aquí triunfa una vez más la vieja tesis liberal, que pretende que se ejercite la soberanía popular sin el freno moderador de un senado.

La evolución del derecho obrero en España no es un fenómeno propiamente nuevo. Como en todo país que fuerza su marcha hacia la industrialización, el poder de los trabajadores organizados supo imponer, aun en tiempo de la monarquía, normas de convivencia social que, en mayor o menor grado, garantizaban los intereses de los trabajadores industriales.

El paso más importante que en esta dirección ha dado la República, consiste en el proyecto del ministro Largo Caballero, de conceder a los trabajadores organizados una intervención directa en la dirección de las empresas industriales, a la manera proclamada por Wissel en la Constitución alemana de Weimar.

Y el problema de la vida rural, que en la España contemporánea se plantea en la misma forma y con características semejantes a las que prevalecían en México antes de la revolución, lo ha abordado el ministro Domingo en proyecto que ha merecido ya la aprobación del gabinete de Azaña y que actualmente es considerado por las Cortes Constituyentes.

La Ley Agraria Española —ha declarado el presidente del Consejo, señor Azaña— tenderá a encontrar una solución pacífica del problema de la falta de trabajo en los distritos rurales, proporcionando una distribución equitativa de la tierra en las provincias donde la propiedad se encuentra en poder de unas cuantas manos. Las leyes agrarias, no explotarán, sino que mejorarán necesariamente las condiciones del trabajo agrícola, lo que representa una base más firme para la paz social y para la sustentación del régimen republicano.

Esta es, en su esencia, la obra de la Segunda República Española, consumada en el primer año de su existencia.

El Nacional, 14 de abril de 1932.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

La soberbia nunca baja de donde sube,

porque siempre cae de donde subió.

Francisco de Quevedo

EL CONTRAPESO DE LOS PIRRURIS

El inglés con frascos frescos frescos ebrio con su baba, beba y haga de la gula, gala que con él se trata, treta.

Paranomasia novohispana

 

¿Qué haríamos los columnistas sin Manuel Bartlett?

Luchar denodadamente contra la página en blanco. O aburrirnos hasta que alguno de los políticos de casa nos deleitara con los brillos de su ingenio oculto entre las sombras de la prudencia. O esperar con la carga que caracterizaba a los caballeros del medievo que vivían con la ilusión de encontrar una casta doncella dispuesta a entregarles su virginidad, entonces el territorio terrenal más espléndido, cuyo pilón —por cierto— era la codiciada dote. O estar al acecho de alguna perla novedosa para hacer —como lo hace Nikito Nipongo— un tratado crítico sobre otra de las metidas de pata. (En este caso existe un riesgo: no ser original).

De ahí que no nos quede de otra más que agradecer al senador Bartlett su peculiar interés por comentar los asuntos políticos de Puebla, a pesar —que conste— de sus reiteradas promesas de alejarse de la vida política del estado. Pero además de nuestra gratitud periodística, también habría que manifestarle nuestra admiración por su empeño en picar la cresta a los representantes de la derecha poblana, los mismos que el próximo 15 de febrero regresan al poder municipal acompañados del reverberante tañir de la campana María. Y brindarle un voto de confianza a la ideología que representa, ya que, no obstante los “derechazos a la mandíbula”, todavía pueda dar un golpe de suerte y derribar a la absurda y chambona reacción; es decir, a la filosofía impulsada por el Frente Universitario Anticomunista (FUA), integrado por ciudadanos que veían bolcheviques hasta en la sopa. “Ahora más que nunca —decían entonces acogiéndose al contenido de la Carta pastoral de 1961— se aplican las palabras de Jesucristo: aquel que no está conmigo, está contra mí”.

¿Seguirá vigente el fanatismo de los anticomunistas poblanos?

Decídalo el lector después de leer las líneas del libro Política y poder en Puebla, escrito por Wil G. Pansters (Ed. BUAP y FCE, 1998). Y dele o niéguele la razón a don Manuel por lo que él infiere como la asonada de la derecha en Puebla.

“El cristianismo y lo que representa fueron absorbidos por el discurso anticomunista y viceversa. Un buen ejemplo del proceso discursivo de equivalencia y antagonismo fue un folleto distribuido (probablemente por el FUA) en medio del conflicto…”. Y en él se plasman algunas comparaciones que tratan de establecer el choque del cristianismo con el comunismo.

Por ejemplo: “El hombre es una persona libre” vs. “El hombre es un esclavo del Estado”. Otro: “Derecho a la vida” vs. “El Estado dispone de las vidas humanas a su antojo”. Uno más: “La familia tiene derechos inviolables en la educación de sus hijos” vs. “El único dueño de los hijos es el Estado”. El más jalado de los pelos: “La familia es indisociable porque es sagrada” vs. “El amor libre, el legítimo”. Y el último para dejarlo, digamos que picado: “Amaos los unos a los otros” vs. “Luchad clase contra clase”.

Estas frases, creadas por las mentes calenturientas de la derecha poblana, aparecieron publicadas sin firma autógrafa, pero ideológicamente signadas por destacados miembros del FUA, facción en la cual militaba (y con “orgullo”, tal y como él mismo lo aceptó) el ahora presidente municipal electo, Luis Paredes Moctezuma. Y aquí se impone otra pregunta:

¿Qué haría el futuro alcalde de Puebla sin Manuel Bartlett?

Supongo que regodearse como pudo hacerlo su asesorado, el otrora munícipe Gabriel Hinojosa Rivero. Y quizá hasta sentirse salvador de Puebla quitándole lo de “Zaragoza” para rebautizarla con el de “Los Ángeles”. Es decir, aumentar el papel de reivindicador del cristianismo y, por ende, usar la espada bendita y desenvainada para cortar la cabeza de los liberales: el San Miguel Arcángel luchando contra los dragones convertidos en horribles dinosaurios tricolores, pues.

¡Claro que debe de resultar incómoda la presencia retórica y crítica del exgobernador y ahora influyente senador priista!; sin embargo, viéndola con optimismo para los miembros del PAN poblano (TaliPAN, Armando Labra dixit), hace las veces de freno natural a las intenciones de recule. Y obvio: a Paredes le sirve de conciencia y contrapeso para orientarlo a equilibrar su mandato, dándole un sentido social ajeno a posiciones ideológicas y posturas religiosas. Como debe ser en estos tiempos modernos.

A partir de ello habría que decirle a Manuel Bartlett Díaz: siga usted, senador, metiendo su influyente nariz en los asuntos políticos del estado que gobernó. Puede ser que su opinión (u olfato político) modere los arrebatos priistas, además de darnos tema de columna.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

CONSPIRACIONES Y HOMBRES ILUSTRES

De mis impresiones en el destierro, ningunas tan hondas ni tan fuertes como las que recogí durante mi estancia, en la segunda mitad del año de 1924, en España. Y quiero traducirlas hoy, en sencillos relatos, como un homenaje al pueblo español y a los fundadores de la Segunda República Española.

Las juntas en la casa de Salmerón

En 1924 la dictadura del general Primo de Rivera se hallaba en toda plenitud, pero ya se sentía cómo se alzaba la nación en contra de un régimen usurpador que había destruido hasta la afición de las viejas instituciones españolas. No sólo los hombres representativos de fuertes corrientes de opinión, sino todo aquél que tenía conciencia de su dignidad ciudadana, procuraba de algún modo desacreditar a la dictadura y colaborar en el derrocamiento del régimen.

Las personalidades de más alto relieve social y político conspiraban.

En México había yo cultivado la amistad de don Marcelino Domingo. En España me enseñé a amar la rectitud de su vida, la fuerza de sus convicciones, la elevación de su pensamiento. Nuestra amistad se hizo íntima y caminando guiado por su mano, conocí la realidad intensa de aquel momento histórico de España.

Don Marcelino Domingo tenía grabado en la mente este pensamiento que normaba su conducta:

Como quiera que se realice la oposición, yo he de participar en ella. No quiero que se diga con razón algún día que yo supe de una conspiración sin que en ella hubiera participado.

A la sazón los conspiradores tenían sus reuniones en la antigua residencia que habitó el ilustre republico don Nicolás Salmerón. Todo Madrid —o por mejor decir, toda España— tenía conocimiento de las conjuras. En ellas participaban políticos eminentes, ya provinieran de la vieja e irreductible oposición republicana y socialista, ya de los ex monárquicos distanciados del régimen por el advenimiento de la dictadura del marqués de Estella. Entre los personajes militares de mayor representación —no es ya una indiscreción relatarlo— se contaban el capitán general Valeriano Weyler y los tenientes generales don Francisco Aguilera y —¡quién lo creyera!— don Dámaso Berenguer, el mismo que años más tarde había de ser jefe de la Casa Militar del Rey y sucesor de Primo de Rivera en el gabinete dictatorial.

Las conspiraciones se hacían a ciencia y paciencia de la policía. Cada uno de los hombres que concurrían a las juntas iba invariablemente seguido de un policía. No pocas veces mi desconcierto subía de punto cuando el agente que vigilaba al señor Domingo nos salía al paso para darnos informes al siguiente tenor:

—Don Marcelino, dése usted prisa porque ya todos los señores están reunidos.

O bien, para decir esto otro:

—Hoy no habrá junta. Ya todos se fueron, porque parece que los señores X o Z no pueden venir…

El movimiento debería estallar en forma de una huelga general de carácter revolucionario. El ejército no iba a realizar un golpe de fuerza. Por el contrario: iba a acuartelarse.

Los políticos españoles, celosos siempre de sus responsabilidades cívicas, se habían preocupado por definir su posición frente al gobierno. Había sido Primo de Rivera quien, por medio de un cuartelazo y tomando el nombre del ejército, suspendió la Constitución en complicidad con el rey, disolvió el Parlamento, destituyó al gobierno y, en suma, creó la dictadura. El ejército ahora, no iba más que a desautorizar al usurpador, volviendo a sus cuarteles y dejando que el pueblo revolucionario constituyera un nuevo gobierno cuya autoridad habría de prolongarse hasta la reunión de una Asamblea Nacional Constituyente.

Mi afán de cooperar de algún modo en el movimiento republicano me hacía inquirir con mi amigo, cada vez que había tenido lugar una junta revolucionaria, cuáles eran los planes acordados, cuáles los puntos concretos de acción y cuál el día o la época en que debería producirse el gran acontecimiento. La respuesta de don Marcelino era, casi invariablemente, la misma:

—El día y la forma en que estalle el movimiento es lo de menos. Lo interesante es prever el porvenir. Analizamos los grandes problemas que se presentan en España. Tomamos acuerdos y establecemos compromisos sobre la forma cómo debe constituirse el gobierno provisional y cómo deben plantearse y resolverse en sus líneas generales los problemas de España. Recorremos la historia de la Primera República para no incurrir en los errores que determinaron su fracaso. La Segunda República, para cimentarse sólidamente, necesita aprovechar la experiencia que arroja la historia. Hoy hemos llegado a un acuerdo sobre la autonomía de Cataluña (o sobre Marruecos, o sobre no importa qué otro problema fundamental…)

II

Influencia fatal de la guerra del Rif

Un día me sorprendió Marcelino Domingo con una grata proposición. Por su conducta la Junta Revolucionaria pedía de mí que me trasladara a Tánger, Marruecos, y que de allí procurara llegar hasta el campamento del caudillo insurgente del Rif, Abd-el-Krim, para sugerirle que suspendiera su ofensiva sobre Xaven y Tetuán, en espera de que se produjera el cambio de régimen en España. La República garantizaría al caudillo la autonomía del Rif, reservándose sólo el dominio sobre las plazas de soberanía española situadas en África: Ceuta, Melilla y Larache y el Peñón del Alhucemas. El Rif, con ayuda de España, constituiría un nuevo Estado que se pondría bajo la garantía de la Sociedad de Naciones.

La solución era perfecta.

Una semana después me hallaba en Tánger y había logrado facilidades para llegar hasta el campamento del gran jefe rebelde. Pero los acontecimientos se produjeron con fatal rapidez. Abd-el-Krim había emprendido su fulminante ofensiva. La ciudad santa de Xauen se encontraba ya en su poder. Un ejército español, en derrota, se retiraba hacia Tetuán. Y los militares españoles, en presencia de este acontecimiento, posponían los problemas internos, solidarizándose con Primo de Rivera hasta que se resolviera el problema militar de Marruecos.

Un aviso oportuno me hizo regresar a Madrid. El movimiento revolucionario quedaba pospuesto indefinidamente.

Pero los conspiradores civiles proseguían su tarea, planteando soluciones concretas a los problemas concretos de España, para cuando llegara el momento de asumir la responsabilidad inherente a la creación de un nuevo régimen.

III

El sentimiento popular y el escepticismo de los intelectuales

Desde mi arribo a tierras españolas me dominó el propósito de auscultar el sentimiento político del pueblo español. En mis viajes por Galicia, Asturias, la Montaña y Andalucía, inquiría con la gente más humilde, y el resultado era siempre adverso a la monarquía, particularmente a causa de la guerra del Rif tan injusta como sangrienta. En Bilbao y en Madrid la oposición era más exaltada, y en Cataluña la aversión por la monarquía y por la dictadura avivaba el espíritu de liberación nacional, hasta convertir el viejo ideal autonomista en un anhelo, cada vez más generalizado, de separación.

Primo de Rivera había clausurado la Universidad Catalana, suprimido las sociedades de estudios y de investigaciones catalanas, prohibido la lengua y la música y hasta los bailes catalanes. La represión sólo engendraba una mayor exaltación de los catalanes. Y las sociedades e institutos clausurados por el dictador proseguían en secreto, con mayor afán, sus patrióticos estudios e investigaciones, con la ayuda económica, espontánea y abundante, de todo el pueblo.

El sepelio de don Ángel Guimerá —que tuve ocasión de presenciar— constituyó un verdadero plebiscito en que se mostró el sentimiento de la colectividad catalana: las anchas y espaciosas ramblas de Barcelona estaban colmadas por la multitud, y no había una sola persona que hablara el español; yo enmudecía, para no parecer sospechoso ante la pacífica pero imponente protesta de aquel pueblo.

Sin embargo, la mayoría de los políticos e intelectuales españoles —mismos que incubaban y dirigían la oposición a la dictadura y a la monarquía— no creyeron jamás que la simiente republicana hubiera germinado en el pueblo español, ni menos aún que éste se mostrara dispuesto a promover un movimiento insurreccional.

En una visita que hice en la cárcel Modelo de Madrid a don Ángel Ossorio y Gallardo, este ilustre jurisconsulto y político (hoy miembro prominente de la Comisión Redactora del Proyecto de Constitución Republicana) expresaba su escepticismo:

—No existen fuerzas organizadas —decía— capaces de derrocar a la monarquía; ni el pueblo se inquieta aún por la cosa pública. Si el rey y el dictador lo quisieran, restaurarían el imperio de la ley después de una sucesión de gobiernos, cada uno de los cuales les fuera otorgando mayor cantidad de libertades, hasta restablecer la Constitución.

Y como se le arguyera que el republicanismo cobraba nuevos ímpetus de día en día, él concluyó en forma displicente:

—Sí, es verdad; Cataluña, la más valiente región es capaz de agitarse; pero ya vemos cómo se ha plegado ante la amenaza de represión de la dictadura. De ahí en más no veo otra fuerza organizada que el socialismo… ¡Y en tan corta escala!…

Y don Ángel Ossorio y Gallardo resumía la opinión de la casi totalidad de estos hombres que estaban forjando una obra cuyos resultados y trascendencia sobrepasaba a los cálculos más optimistas.

Todavía hace unos meses, los jóvenes españoles que visitaron nuestra ciudad con motivo de un congreso estudiantil, difiriendo de mis opiniones, contemplaban la revolución republicana como una perspectiva remota, que acaso correspondiera a ellos, más tarde, plasmar.

Y sin embargo, apenas contaron con tiempo bastante para retornar a tierra española, donde la suerte les reservaba brillante papel en las gloriosas jornadas de abril.

Nada de extraño tiene que la opinión en América haya juzgado siempre que la oposición a la monarquía era más bien un movimiento espiritual de las “élites” pensantes, que la resultante de un vasto y enérgico movimiento de la opinión popular nacional.

Sólo los viejos luchadores del republicanismo histórico: Marcelino Domingo, Indalecio Prieto, Largo Caballero, Besteiro, Lerroux, creían en el próximo advenimiento de la República; pero acaso haya sido con ingenuidad, porque veían esa posibilidad desde 1917.

El Nacional, 19 de junio de 1931.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

No te arrugues cuero viejo que te quiero pa’tambor

DE CONDISCÍPULO A OPERADOR POLÍTICO

En el curso de la campaña que lo llevaría a la gubernatura, y estando ya en el poder, Mariano Piña Olaya tuvo aquellos “ímpetus peligrosos de sinceridad” que José Vasconcelos escribió en su obra Ulises Criollo, recordando algunos de sus fracasos como orador. La franqueza del oaxaqueño nos da oportunidad de conocer sus primeros traspiés políticos ante la “masa humilde”.

“Un día hablé que antes de intentar democráticas y actividad política –dice– el pueblo necesitaba emprender la campaña del agua y del jabón. A pesar de mi intención pura, el consejo pareció a unos ofensivo, a otros impolítico, y dejó desilusionada mi capacidad demagógica”.

Sobra aclarar que el parecido de Piña Olaya con Vasconcelos se constriñe a la preocupación aséptica que todavía en nuestros tiempos es una ofensa a los campesinos, cuya marginación y pobreza los mantiene lejos del agua de consumo y, obviamente, del jabón, hoy, como siempre, un artículo de lujo para los pobres. Sin embargo, como Piña Olaya usó la misma tónica de limpieza con los campesinos, hago esta referencia con la idea de asentar lo importante y benéfico que es para los políticos recordar o conocer las experiencias de gente tan capaz e inteligente como Vasconcelos. Insisto, pues, que la historia es el prólogo del porvenir y que, apreciándola, evitamos la repetición de errores y desaciertos.

Los yerros del mandatario poblano (1987-1993) empezaron antes de que fuera nominado candidato al gobierno local. El más espectacular, por su trascendencia, ocurrió en una cena organizada por el industrial Ricardo Hess. En aquella ocasión, los asistentes deseaban conocer la forma de pensar del hombre que llegaría a gobernar a Puebla. Asistieron Manuel de Unanue (a los pocos meses llegó a dirigir a los productores agropecuarios del país), Jorge Ocejo Moreno (también ascendió a la dirigencia nacional de la COPARMEX; después, a la candidatura para la alcaldía y, más tarde, diputado federal por el PAN), José Manuel Rodoreda (alcanzó la cúpula de la Cámara de Comercio local y el liderazgo natural del sector patronal), Heberto Rodríguez Concha (fallecido en funciones de regidor del ayuntamiento poblano —1997— por un tumor en el cerebro, enfermedad que se agravó debido a la presión moral concebida por algún estratega del gobierno de Manuel Bartlett), Humberto Ponce de León, Ernesto Pérez Reyes, Othón Necochea Agüeros y Mario Velázquez Llórente.

Este último cuestionó al invitado especial sobre su amistad con el presidente de México; le dijo que si efectivamente era su amigo, ya le habría dicho si iba o no a ser gobernador. La pregunta de Velázquez propició una respuesta alegre que fue más o menos en los siguientes términos:

“Si supiera la decisión presidencial, no estaría perdiendo el tiempo con ustedes”.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

Mientras tanto, ahí sigue la trampa vehicular. Esperando...

Hacerlos fuertes no significa soltarles la mano en medio del campo minado

Te presentamos un resumen de las noticias más importantes de la semana

Noticias más de la semana

Del 18 al 24 de mayo de 2026

 

El cierre anunciado de la planta COMPAS (Nissan-Mercedes) en Aguascalientes

La planta de Manufactura de Cooperación de Automoción (COMPAS), el complejo conjunto en el que operan las firmas Nissan y Daimler, concreta las fases finales de su cese de operaciones programado formalmente para concluir este 31 de mayo de 2026. El cierre gradual comenzó desde finales de 2025 con el fin de la producción de modelos Infiniti y culmina este mes con los vehículos de Mercedes-Benz, dejando un saldo estimado de 3,600 empleos directos perdidos y el fin de contratos con proveeduría local.

Este acontecimiento es un duro golpe para el Bajío y evidencia los vaivenes de las alianzas globales en el sector automotriz. Aunque el cierre se venía perfilando debido a reestructuraciones corporativas internacionales de Daimler y presiones arancelarias externas, el desenlace real afecta la cadena de suministro local. La lección para la economía regional es contundente: la excesiva dependencia de grandes ensambladoras globales sin un blindaje o diversificación industrial deja a los mercados locales vulnerables a decisiones tomadas en escritorios extranjeros.

Masacre en Tehuitzingo, Puebla: Avances en la investigación

Las autoridades ministeriales reportaron la detención de un presunto implicado en el multihomicidio que cobró la vida de 10 personas pertenecientes a una misma familia en el municipio de Tehuitzingo, en la Mixteca poblana. De acuerdo con las declaraciones de la Fiscalía General del Estado de Puebla y la Secretaría de Seguridad, la principal línea de investigación apunta a que el ataque se derivó de un severo conflicto familiar relacionado con la disputa de terrenos, descartándose inicialmente nexos con el crimen organizado.

Catalogar de inmediato una tragedia de este calibre como "un asunto estrictamente familiar" suele funcionar para las autoridades como un mecanismo de contención política para evitar el desgaste de la imagen pública del estado. Si bien la línea de investigación puede ser técnicamente correcta en su origen (la disputa de tierras), la facilidad con la que un grupo armado puede ejecutar a diez personas refleja un problema sistémico de desgobierno e impunidad en las regiones más alejadas de la capital poblana, donde la violencia armada sustituye de facto a los tribunales civiles.

General Motors incrementará su producción bajo el "Plan México"

La presidenta Claudia Sheinbaum anunció, en el marco de una visita industrial, que General Motors de México arrancará un proyecto de expansión para ensamblar localmente en Ramos Arizpe, Coahuila, los modelos Chevrolet Groove y Chevrolet Aveo a partir de 2027. Actualmente estos autos se importan de Asia. La meta del denominado "Plan México" es alcanzar la fabricación de 80,000 vehículos anuales hacia 2030, priorizando componentes nacionales y la sustitución de importaciones. 

Se trata de un acierto pragmático en términos de política económica interna. Al forzar o incentivar que los modelos de mayor consumo nacional se manufacturen en territorio propio, el gobierno federal busca blindar la economía y el empleo ante las amenazas arancelarias constantes de Estados Unidos. No obstante, el reto del "Plan México" radicará en si la proveeduría nacional tiene verdaderamente la capacidad técnica y financiera para absorber ese volumen sin depender indirectamente de insumos semiterminados de origen asiático.

El caso de Blanca Adriana Vázquez Montiel y la clínica "Detox"

Tras reportarse la desaparición de Blanca Adriana Vázquez Montiel, de 37 años de edad, luego de acudir a realizarse un procedimiento estético en la clínica "Detox" (sucursal Zavaleta, en Puebla), las investigaciones dieron un giro trágico tras el hallazgo de su cuerpo sin vida en el estado vecino de Tlaxcala. Videos de vigilancia expusieron el momento en que personal del establecimiento sacó cargando un cuerpo inconsciente y lo subió a un vehículo Mini Cooper. En respuesta, la Secretaría de Salud del Estado clausuró tanto la sucursal implicada como un segundo consultorio de la doctora a cargo (identificada como Diana Palafox) en la colonia Anzures. 

Este doloroso caso desnudó las fallas de supervisión de la Cofepris y de las autoridades sanitarias locales sobre las denominadas "clínicas de garaje" o centros clandestinos de medicina estética. La clausura posterior a la tragedia llega tarde; evidencia que el andamiaje punitivo actúa de manera reactiva en lugar de preventiva. La impunidad con la que operan estos centros pone en riesgo la vida de los usuarios debido a la falta de padrones estrictos y auditorías en tiempo real.

Sergio Salomón responde a observaciones de la ASE en Salud

El exgobernador de Puebla, Sergio Salomón Céspedes, rechazó de manera categórica que exista un daño patrimonial dentro de la cuenta pública 2024 de los Servicios de Salud del Estado (OPD). Esto ocurre tras informes de auditoría que señalan presuntas irregularidades administrativas por casi 148 millones de pesos relativas a contratos para bancos de sangre y mezclas oncológicas. El exmandatario emplazó a la Auditoría Superior del Estado (ASE) a aclarar la situación, señalando que la falta de comprobación inmediata obedece a interpretaciones normativas limitadas y no a desvíos de recursos.

Es natural que el exmandatario salga a defender el cierre de su gestión en un área tan sensible como la salud, argumentando fallas de interpretación técnica. Sin embargo, en la fiscalización del erario, las "omisiones documentales" en contratos de servicios delicados (como bancos de sangre) minan la confianza ciudadana. La ASE está obligada a mantener la firmeza técnica sin que el proceso se desvíe hacia un intercambio de declaraciones políticas en medios, asegurando que se solvente cada peso observado.

Modificaciones presidenciales a la Reforma Judicial: Elección se desplaza a 2028

La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum envió una propuesta para modificar la estructura original de la reforma judicial heredada del periodo de López Obrador. Entre los cambios más significativos resalta el aplazamiento de la segunda fase de votaciones populares de jueces y magistrados de 2027 a junio de 2028 (coincidiendo con las elecciones presidenciales), reconociendo explícitamente los desafíos técnicos y operativos que desbordarían al árbitro electoral. Asimismo, se simplificarán las boletas mediante mecanismos de insaculación para reducir el número de aspirantes finales a dos por cargo.

Esta iniciativa de enmienda representa un baño de realidad institucional. Al reconocer que el aparato electoral colapsaría bajo los términos planteados originalmente, el Ejecutivo da un paso atrás en la ejecución acelerada de la reforma. Mover el proceso a 2028 y simplificar la selección de perfiles mediante comisiones coordinadas demuestra un intento por inyectarle rigor técnico a una legislación que adoleció de planeación y que generó profunda incertidumbre metodológica en su primer ensayo.

Acusaciones en EE. UU. contra Raúl Castro y postura de México

El Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cargos formales contra el expresidente cubano Raúl Castro, de 94 años, imputándole responsabilidad directa en el derribo de dos avionetas civiles de una organización anticastrista ocurrido en 1996, suceso en el que fallecieron cuatro ciudadanos estadounidenses. Ante esto, la mandataria mexicana Claudia Sheinbaum cuestionó la vigencia y oportunidad política de la medida de Washington, calificándola como parte de una "visión injerencista" al revivir un conflicto judicial de hace tres décadas.

La reactivación de un caso de hace 30 años responde más a una agenda de consumo político interno en Washington y a las presiones de ciertos sectores electorales en el país norteamericano que a una búsqueda genuina de justicia procesal a nivel internacional. Por otro lado, la respuesta de México mantiene la tradicional línea diplomática de no intervención y simpatía histórica con el régimen de la isla, marcando una distancia calculada con Washington en materia ideológica, aunque procurando no escalar las tensiones comerciales en la víspera de otras revisiones bilaterales.

Embargo precautorio a locales dentro de Plaza Dorada, Puebla

Elementos de la Secretaría de Planeación, Finanzas y Administración del Estado de Puebla ejecutaron la colocación de sellos con la leyenda “Bien Embargado” en diversos establecimientos comerciales situados en los pasillos de Plaza Dorada (como las firmas Aldo Conti, Perfumería Millones y Bolchima). Los inspectores estatales aclararon que la medida tiene fines precautorios para garantizar créditos fiscales o adeudos de impuestos locales pendientes, por lo que no se decretó la suspensión de actividades y los comercios pudieron continuar operando de forma ordinaria.

Esta acción representa un acto de autoridad fiscal directo encaminado a presionar a los contribuyentes morosos utilizando la exhibición pública como herramienta disuasoria. Aunque legalmente justificado para la recuperación de carteras vencidas del estado, la colocación de sellos de embargo a la vista del consumidor genera incertidumbre comercial y daña la reputación de los locatarios en un momento de franca recuperación económica. Cumplir con las obligaciones fiscales es imperativo, pero las formas mediáticas de la autoridad estatal rozan la intimidación.

Operativo de seguridad en el Estadio Cuauhtémoc por el México vs. Ghana

En el marco del encuentro amistoso de preparación rumbo a la Copa del Mundo en el que la Selección Mexicana derrotó 2-0 a Ghana en el Estadio Cuauhtémoc, llamó poderosamente la atención social el despliegue de un robusto y estricto operativo de seguridad en los accesos y vialidades circundantes, con una masiva presencia de corporaciones policiales del estado, el municipio y fuerzas de resguardo perimetral.

El sobredimensionado dispositivo de seguridad en torno al partido exhibe una dualidad contradictoria. Por un lado, cumple de forma rigurosa con los estrictos cuadernos de cargos y protocolos logísticos exigidos por la FIFA a las sedes de cara a la justa mundialista; pero por el otro, contrasta de manera irónica con la realidad cotidiana de los ciudadanos poblanos. La percepción generalizada es la de un estado que posee la capacidad de blindar de forma impecable un espectáculo privado de entretenimiento, mientras las colonias de la periferia sufren el abandono diario en materia de seguridad pública.

Citatorio de la FGR a la gobernadora Maru Campos por el "Caso CIA"

La Fiscalía General de la República (FGR) notificó de manera formal a la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, y a su exfiscal César Jáuregui, para comparecer el próximo 27 de mayo en calidad de testigos dentro de las indagatorias federales en torno al desmantelamiento de un narcolaboratorio en el municipio de Morelos. La investigación gira sobre la actuación de agencias extranjeras en territorio nacional tras un accidente vehicular donde fallecieron dos agentes de la CIA estadounidense y dos funcionarios estatales. Campos acusó de inmediato una "persecución política" y cuestionó que no se cite con el mismo rasero a otros gobernadores del país en situaciones similares.

Más allá de las naturales e inevitables acusaciones de persecución política en tiempos electorales, el fondo de este asunto es de extrema gravedad institucional y constitucional. La soberanía nacional en materia de seguridad pública está reservada por ley al orden federal, por lo que las agencias locales no tienen facultades para pactar o encubrir operaciones armadas con agencias de inteligencia extranjeras en suelo mexicano. La FGR está obligada a esclarecer minuciosamente si el gobierno estatal rebasó sus atribuciones y violó los convenios binacionales oficiales.

Redacción Réplica

Revista Réplica

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