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ESPÍRITU DE PAZ Y TENDENCIAS DE GUERRA

El mundo ha vivido pendiente en los últimos días del resultado de la conferencia de las siete potencias, cuyos representantes se reunieron en Londres para conjurar la grave crisis financiera por que atraviesa Alemania. Una vez más la interdependencia de los Estados impone el sacrificio de egoísmos nacionales como condición de la estabilidad común. Ante la amenaza inminente del derrumbe de la economía de la potencia deudora de las indemnizaciones de guerra, derrumbe que aparecería como prolegómeno de un desastre del régimen capitalista internacional, los acreedores se avienen a hacer concesiones y Alemania, se apoya nuevamente en su propia penuria para salvarse.

Cada nuevo plan que adoptan las grandes potencias se anuncia solamente como la fórmula única de su grupo incluso de la cual se ha llegado a la liquidación económica de la guerra; pero cada plan no ha hecho más que agregar nuevas complicaciones en el problema, de suyo confuso. Los arreglos de hoy significan la iniciación de una política de rectificaciones que las realidades de la vida imponen a los antiguos aliados y asociados. Pero esta política de rectificaciones, ni es lo bastante radical que ponga a salvo al mundo de otros momentos de inquietud como los que se han tenido que afrontar en las semanas que acaban de correr, ni menos aún puede evitar los efectos de la pasada aplicación integral del plan Young.

Más aún: la abolición de las deudas de guerra —salvo en lo que concierne estrictamente a la verdadera restauración de los campos devastados—, que aparecía en los primeros años siguientes al fin de la contienda como la fórmula simplista a la par que sensata para el retorno a la normalidad, hoy no podría adoptarse con facilidad, porque la estructura económica de la posguerra viene adoleciendo de elementos que son viciosos por origen, como el pago en especie de una parte de las entregas que debe hacer la nación deudora, el cual ha dado una fisonomía sui-generis, así a la industria de Alemania como a las de los países acreedores.

La vuelta a la normalidad, en consecuencia, si es que los estadistas del mundo capitalista se deciden a destruir los errores acumulados en la posguerra, tendrá que hacerse por etapas sucesivas, hasta que se encuentre un nuevo equilibrio económico internacional y se imprima un ritmo nuevo a la producción. Sólo que acaso la armadura del régimen capitalista no resista la culminación de esas etapas de reacomodamiento ante la presión creciente y hasta desbordada de los pueblos, cuya miseria repercute en la forma de graves problemas políticos.

Nadie ignora, en efecto, que el comunismo, más que ser una consecuencia del fenómeno económico previsto por Marx es la resultante de la desesperación de un gran pueblo en derrota como lo fue el pueblo ruso en 1917; y nadie ignora, tampoco, que así como aumentan las legiones de trabajadores carentes de ocupación en los países industriales, se acrecientan las influencias bolcheviques.

La democracia social alemana, cuya existencia es fundamental para la civilización de Occidente, se encuentra cada vez más en peligro. La vieja coalición de Weimar, constituida por los partidos que se hicieron responsables del advenimiento y consolidación de la República, decrece en consistencia y en autoridad política, estrangulada por los grupos extremistas —comunistas y fascistas—. Y el incremento de estas tendencias que minan en su base a la democracia alemana, no es sino la precipitación de estados de conciencia en aquellos sectores de la colectividad donde se siente con rigor cada vez más acentuado la miseria general.

Como el problema alemán, se presentan otros muchos que son análogos. La rehabilitación europea, en consecuencia, involucra y aún exhibe como fundamental la solución de problemas eminentemente políticos. Pero es al plantearse en estos términos la cuestión cuando vuelve a aparecer la incapacidad de los estadistas occidentales, que están acelerando la ruina de sus propios países por no querer hermanar los intereses de sus respectivos pueblos dentro de un espíritu de paz.

El francés mira con mayor zozobra cada día el volumen desorientado de las corrientes hitleristas y comunistas que agitan en Alemania, y no alcanza a comprender que son tan sólo reacciones naturales contra los términos excesivos de los tratados de paz.

Ciertamente, la dialéctica francesa es en extremo sutil, y en apariencia están justificados los razonamientos de los nacionalistas que hablan de las tres invasiones sufridas por Francia en el curso de un siglo; en tanto que el lirismo del nacionalista alemán reviste fisonomías de revancha de casco prusiano; pero en el fondo uno y otro fenómenos no constituyen sino una incomprensión internacional explotada por la plutocracia industrial y financiera. De poco sirven las denuncias que de vez en cuando se hacen acerca de la coalición de intereses económicos que, trasponiendo las fronteras, comprenden a las burguesías de varios países; todavía es posible, quizá, el caso de que las industrias del acero provean, por conducto de países neutrales, a naciones posiblemente beligerantes, como se ha demostrado que sucedió durante la gran guerra.

Cuando la opinión francesa reclama urgentemente que se atienda a la seguridad de las fronteras, haciendo radicar ésta en el mantenimiento de un ejército poderoso, en la construcción de fortalezas y en el pacto de alianzas del tipo de las que precedieron a la guerra del 14; y cuando, además, aun para el caso de una urgencia, Francia condiciona su ayuda financiera a Alemania mediante la imposición de una política de restricción, lesiva a la soberanía de este último país, en realidad se está preparando otra guerra.

Con todo ello no hace la República gala, más que seguir la trayectoria del antiguo imperio alemán a partir de la caída de Bismarck hasta la tragedia de Sarajevo. La seguridad de Francia no radica en sus ejércitos ni en sus fortalezas, sino en la ductilidad de su política internacional, siempre que realmente se inspire en propósitos de paz y de confraternidad entre los pueblos —lo cual no es tan difícil como se ha hecho creer, desde el momento en que las colectividades en sí polarizan su odio solamente en contra de la guerra misma—, Francia debe entender que el hitlerismo perderá en influencia en razón de la mayor liberación política de Alemania; y que el comunismo volverá a la condición de un fenómeno latente, pero dejando de ser una posibilidad inminente, en cuanto disminuya la miseria del pueblo germano.

Y los Estados Unidos, responsables en buena parte de las complicaciones que el mundo padece en el momento actual, a causa de su negativa al plan primitivo de abolición de las deudas de guerra, ahora, cuando mal de su grado, se ven nuevamente implicados en la política del Viejo Mundo, no salvarán sus responsabilidades históricas si no aplican su influencia al apaciguamiento de Europa.

El Nacional, 5 de agosto de 1931.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

El periodismo es libre o es una farsa.

Rodolfo Walsh

El Detonador

El dinero es como el estiércol, no es bueno a no ser que se esparza.

Francis Bacon

 

Tiene razón Francisco Gil Díaz, hay que cambiar las leyes para abrir la participación extranjera al sector energético, en especial la explotación de electricidad y gas, fuentes por ahora sin desarrollo debido, entre otras cosas, a la falta de dinero. Pero semejante apertura tendrá que darse después de que el Estado de Chiapas deje de ser la otra nación que hace de México un país de alto contraste social, es decir, que concluyan los quince minutos prometidos por Vicente Fox para curar las heridas ancestrales, llagas ahondadas por las costumbres casi prehistóricas y la brutal miseria fomentada por el moderno neoliberalismo.

¿Por qué Chiapas?, se preguntará el lector.

Pues porque de allá nos llega la mayor parte de la energía eléctrica, el gas y el petróleo que se consume en territorio mexicano. Porque cuando surja y se apruebe la iniciativa para reformar las leyes a que se refiere el secretario de Hacienda y Crédito Público, volverá a hacer acto de presencia el subcomandante Marcos, el líder cuya razón de ser es precisamente combatir a quienes están coludidos con los poderes de la explotación económica. Porque volverán a “hablar las piedras parlantes” que en 1868 atrajeron miles de peregrinos (Agustina Gómez Checheo dijo que le hablaban con la voz de Dios), guijarros que curiosamente se encuentran ahogados con el agua que hoy mueve las turbinas eléctricas de las presas Mal Paso y Chicoasén. Porque adquirirá nuevos bríos la raza representada por los tzeltales y chamulas cuyos antepasados se rebelaron (1712) contra el poder irracional de la Corona. Y porque reaparecerán las protestas de los chiapanecos que reclaman la justicia prometida por la Revolución de 1910 (dice Carlos Fuentes —Los cinco soles de México—, que Chiapas nos recordó todo lo que habíamos olvidado y que incompletos y mutilados seremos si no incorporamos Chiapas a México o si permitimos que México sufra su propia balcanización, una fractura entre un norte relativamente próspero y un sur fatalmente abandonado).

No creo que Fox y su equipazo sean tan fríos como para soslayar las andanadas que sin duda lanzará el guerrillero internauta. O que tengan el arrojo de menospreciar las protestas de los millones de ciudadanos del mundo todavía solidarios con las causas del Ejército Zapatista. O que puedan tragar la “cereza del pastel” senatorial preparada y colocada por Manuel Bartlett Díaz, “enemigo personal” de todo lo que huele a PAN.

La privatización energética es, pues, una de las muchas semillas sembradas en el XIV Congreso Nacional de Economistas, ahora sí el parteaguas del siglo que empezamos a vivir. Y por quien la abonó (Gil Díaz) intuyo que junto con otros frutos germinarán controversias y comentarios de largo aliento.

Claro que hubo ponencias igual o más interesantes, aunque de impacto posterior. Es el caso de las relativas a la educación superior y a la reforma del Estado. Y entre ellas aparecieron las reacciones locales derivadas de lecturas políticas personales e interesadas, contraataques que podrían dejar de atraer la atención del público una vez que empiecen a notarse las consecuencias positivas del Congreso Nacional de Economistas.

El destinatario de esas resistencias momentáneas fue Rafael Moreno Valle Rosas, presidente del Colegio de Economistas de Puebla, responsable también del éxito del Congreso y por ello autor material de la inefable repercusión política de beneficio para el estado (después de 18 años hizo acto de presencia en este tipo de actos el presidente de México, y el Congreso Nacional se llevó a cabo fuera de la capital del país). Es natural que sus adversarios se sientan incómodos e incluso que hasta muestren cierta agresividad, dado que en tres días Rafael avanzó un buen trecho en la carrera por la sucesión. Ángel Aceves Saucedo, por ejemplo, manifestó a la prensa local su inconformidad por el “beneficio político” que Moreno Valle obtuvo de la reunión nacional de sus colegas economistas. Y aunque Germán Sierra Sánchez no hizo ninguna declaración pública (junto con Moreno Valle es puntero en esta competencia “civilizada”), yo creo que sintió lo mismo que Aceves. De Mario Marín Torres solo podemos decir que se mantuvo alejado porque, como el lector sabe, el Ayuntamiento paredista investiga los supuestos desvíos cometidos por treinta y cuatro de sus colaboradores cercanos.

En fin, la reunión nacional que atrajo a Puebla a varios gobernadores, secretarios de Estado, legisladores, dirigentes partidistas, rectores y destacados profesionistas, sirvió de foro a Vicente Fox Quesada quien —a través de su secretario de Hacienda— pidió a la sociedad que respalde la inversión privada en el sector energético. Yo creo que sin darse cuenta, don Chente (o Paco Gil) armó varias bombas políticas, incluida desde luego la que más le afecta: Chiapas.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

LA CONSTITUCIÓN DE WEIMAR Y EL RESURGIMIENTO DE ALEMANIA

Hace once años, en la histórica ciudad de Weimar fue promulgada la Constitución que norma la vida política del pueblo alemán. La imponente armadura imperial forjada por el Canciller de Hierro se había derrumbado al golpe de la gran guerra, y las instituciones del antiguo régimen habían sido barridas por el ciclón revolucionario de noviembre de 1918, que iniciaron los comunistas, consumaron los social-demócratas y, meses después coronaron todos los sectores de opinión, al concurrir a la elaboración de la nueva Carta Política nacional.

Como su hermana gemela —la democracia francesa que erigió la gloriosa Tercera República— la alemana surgió a la vida entre la desesperación y la angustia, la miseria y el dolor que engendra una guerra sin fortuna. Pero, como aquélla, hoy se ostenta sólida y ejemplar ante la admiración del mundo.

Una década de vida republicana

Una década de vida es tiempo bastante para juzgar de la fuerza de arraigo que han adquirido las nuevas instituciones alemanas. Se las creía inestables y pasajeras, más producto de la coacción exterior que del sentir nacional; y sin embargo, su estabilidad es tan firme como la de las más viejas y enraizadas democracias. Como que la República Alemana —contra lo que supone el vulgo carente de información— no es la resultante sólo de circunstancias desgraciadas, sino más bien el producto del genio germano que tuvo una manifestación asaz elocuente en el campo del derecho político en la hora trágica de la derrota; no es tampoco la opacidad mediocre que sustituye al esplendor y a la grandeza de los tiempos pasados, sino la constancia colectiva que se despierta aguijoneada por la magnitud del desastre, y recoge con valor el legado del abatimiento, de miseria y de descrédito universal que deja el imperio, para emprender con firmeza y serenidad la obra —que se antoja ciclópea— de la reconstrucción interior y de la liberación de los grillos que le fueron impuestos por los vencedores.

La República vino, y once años más tarde, aquella nación vencida, humillada y proscrita del concurso internacional, ha vuelto a él en los primeros rangos, y vincula sus obligaciones hacia las potencias victoriosas con su propio desarrollo económico; y no es tomada ya en el mundo sino como ejemplo de nación sabia y equilibrada.

El concurso de la nación en la obra constitucional

Era demasiado fuerte el espectáculo que ofrecía el mundo al final de la guerra, para que se contemplara detenidamente el ímprobo esfuerzo del pueblo alemán —y particularmente de sus estadistas— que sincrónicamente habían de atender a la horrenda miseria del pueblo, a la concertación de la paz y a la estructura de sus nuevas instituciones. De ahí que en la mente de la generalidad haya tomado cuerpo la idea de que la nueva forma de gobierno fue impuesta por la coacción exterior.

Nada más erróneo e injusto. La abdicación del monarca, de su heredero y de todos los jefecillos de Estado —príncipes, duques, grandes duques, etcétera— del Imperio, así como la proclamación de la República por el pueblo insurreccionado, fueron hechos que se consumaron en la jornada gloriosa del 9 de noviembre, dos días antes de que se firmara el armisticio de la gran guerra. Y después, la elaboración de la Carta constitucional no fue obra que se reservaran los partidos triunfantes —comunistas y socialistas— sino para la que fue convocada toda la nación.

Para la mejor ilustración del lector sobre este interesante hecho histórico, seguiré un momento al ilustre catedrático francés M. René Brunet, en una parte de su estudio sobre la Constitución alemana:

La Asamblea Constituyente —dice el docto maestro de derecho constitucional— fue electa por sufragio universal, posiblemente el más democrático que se haya registrado jamás. Todos los alemanes fueron electores, hombres y mujeres, oficiales y soldados, internados o lisiados con sólo que hubiesen cumplido veinte años de edad. Todos los electores eran elegibles, con sólo que fuesen alemanes por lo menos un año antes. El voto tuvo lugar por escrutinio secreto de lista, sin mezclas posibles, pero con la facultad que se otorgó a los partidos de presentar listas comunes. La repartición de curules tuvo lugar según el sistema de la representación proporcional conocido con el nombre de sistema Hondt.

Estas elecciones llevaron a la Asamblea Nacional 423 diputados, de los cuales fueron 39 damas. Y en esta representación quedaron comprendidos los seis grandes partidos que actúan en la democracia alemana, desde la extrema derecha, monárquica y conservadora, hasta la extrema izquierda comunista.

De no haber nacido la democracia alemana como consecuencia del sentimiento y de la voluntad general del país, la elocuencia de sus éxitos en la posguerra habría sido suficiente para haberla acreditado en la propia colectividad germana. Pero el hecho histórico, tal como queda antes apuntado, es que ella surgió a la vida sin vicio alguno de origen y como un producto de toda la nación.

La República y la unidad nacional alemana

Pero hay más: la unidad alemana se fortifica hasta convertirse en un bloque granítico por obra de la República democrática.

El puño de acero del príncipe Bismarck, creador del Imperio Alemán bajo la hegemonía prusiana, jamás pudo destruir la resistencia de los viejos Estados germanos, federados, algunos de grado y otros por fuerza. Y la resistencia fue mayor, y perenne, por parte de la Baviera, que opuso siempre a la arrogancia de los Hohenzollern la simplicidad rústica de los Wittelsbach.

Abrigaban la ilusión los “nacionalistas” franceses de que la guerra sirviera para motivar la disección de Alemania, suponiendo que la Baviera, unida a Austria una vez mutilada y desintegrado ya el Imperio de los Habsburgo, constituyeran el punto de apoyo para la erección de una Alemania del Sur.

Pero la resultante fue justamente la inversa; la guerra unió en un mismo sentimiento y en un mismo dolor a todos los pueblos germanos, en cuya alma surgió la noción de una patria común; y después, la revolución vino a allanar el camino, arrasando en un solo día con todas las dignidades y privilegios que hasta un día antes se habían reservado tantos reinos, principados y ducados como eran los que constituían el Imperio, los cuales han pasado, por mandato imperioso de la Constitución, a ser simples países dentro de la gran República apenas descentralizada.

Y lejos de que Baviera siguiera soñando en su autonomía, es ahora Austria la que suspira por el Anschluss para incorporarse a la patria común.

Un cielo del más puro azul democrático

En la imposibilidad de condensar en los límites de un artículo los lineamientos de esta sabia Constitución, me conformaré con reproducir a continuación un juicio emitido (no ahora que se camina de la détente à Pentente franco-alemana, sino en 1921, cuando aún estaba sangrante la herida de la guerra), por M. Joseph Barthélemy, quien acaso, es el más autorizado constitucionalista francés:

La Constitución alemana —habla M. Barthélemy de la Constitución Imperial— era un organismo de agresión, el instrumento político por excelencia para el ataque impulsivo; ella pesaba permanentemente como una nube negra sobre la paz del mundo. El viento de la guerra y el huracán de la Revolución dispersaron completamente estos nubarrones. En lo sucesivo, el cielo político alemán será de un azul democrático de lo más puro y diáfano, en cuyo horizonte se dibujará una ancha franja roja.

Alemania ha pasado, casi sin transición, de un extremo al otro, y para lo porvenir ese país que era ayer la ciudadela del conservatismo monárquico, ofrece con ostentación al mundo el modelo, sabiamente edificado, de la democracia más completa: sufragio universal llevado hasta los últimos límites, rebajado hasta los veinte años de edad de los ciudadanos, tanto para las mujeres como para los hombres; república obligatoria; democracia directa que permita a los electores no solamente escoger sus representantes, sino pronunciarse, por vía de consulta positiva (legislación directa), sobre los grandes problemas de la vida nacional; libertades individuales y políticas que realicen, sin dejar nada en la sombra, el más difícil y estricto de los programas liberales.

Y esa franja roja que cree advertir M. Barthélemy en el ciclo democrático y diáfano del nuevo régimen alemán, es la constitución económica, que reposa sobre los consejos de obreros y los consejos económicos, organismos de carácter público amparados por la Constitución que no solamente coordinarán los intereses opuestos del trabajo y el capital dentro de los postulados del derecho industrial, sino que, además, proveerán lo necesario para la regulación y el desarrollo de la economía nacional de conformidad con los principios de la economía colectiva a la socialización industrial.

El Nacional, 13 de agosto de 1930.

Revista Réplica

En política, lo que comienza

con miedo, termina en tontería.

Samuel Taylor Coleridge

El cambio

No podemos evitar las pasiones, pero sí vencerlas.

Séneca

 

Dicen que el buen jugador de póquer nunca demuestra lo que está pensando, aunque tenga muy buen juego o la suerte lo haya castigado con un modesto par de cincos. Incluso hay tahúres que pueden modificar su expresión para tratar de confundir al contendiente, facultad conocida como bluff. “Está blofeando”, descubren aquellos que se las saben de todas, todas.

Algo parecido ocurre en política, donde esta, digamos, cualidad cuenta con varias definiciones, sentencias o consejos que se podrían resumir en una frase tan prosaica como certera.

“Para ser buen político hay que saber comer caca sin hacer gestos.”

Según las “reglas” no escritas, en los juegos de azar y en la política se deben ocultar las pasiones y disfrazar los sentimientos. Así, a simple vista, la disciplina parece fácil; sin embargo, ha puesto a sufrir a todos los que entraron a la política, ya sea por suerte, conveniencia, accidente, vocación o porque la ven como uno de los requerimientos (el principal) para aspirar al poder que generan los cargos de elección popular, en especial el de gobernador y presidente de la República.

Curiosamente, ayer apareció en Metepec un empresario que ingresó a la política, a pesar de que (según su discurso de antaño) la consideraba como una actividad poco digna para el género humano, quizás porque entonces todos los cargos públicos eran controlados por el Partido Revolucionario Institucional. De acuerdo con referencias periodísticas de la década pasada, en cada una de sus tribunas patronales nunca tuvo empacho en zurrar a todo aquel que se decía político, en especial a los servidores públicos de factura priista. Lo menos que les llegó a sugerir fue que se movían en terrenos donde la corrupción hacía las bases de amalgama.

Aquel estilo dio un giro de 180 grados, tal vez porque el tiempo o el cambio de partido en el poder logró lo que parecía imposible: se transformó en el zoon politikon aristotélico.

Dejó, pues, su actividad empresarial y, desde luego, antigobiernista, para de inmediato incorporarse al “tanque de cerebros” foxista. Me refiero a don Antonio Sánchez Díaz de Rivera, ex dirigente de la COPARMEX, en Puebla y en México, y hoy subsecretario de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL).

Con estas reflexiones y referencias pretendo destacar la trascendencia del discurso pronunciado ayer por el funcionario referido, palabras que, a mi juicio, revelan tres cosas.

Una: que ya sabe dominar sus pasiones (recordemos que tiene puesta la camiseta del PAN y que quiere ser candidato a gobernador).

Otra: que se quitó de la cabeza aquella vieja idea de que la corrupción es sinónimo de política (más le vale, porque podría revertírsele).

Y la tercera: que el gobierno de Melquiades Morales Flores va a la vanguardia en lo que a desarrollo social se refiere.

He aquí parte de lo que dijo el flamante funcionario del gobierno federal:

“Creo que a cualquier político le daría gusto, a cualquier gobernador le daría envidia, porque en este acto se ve un auténtico federalismo.

Cuando yo venía de la Ciudad de México… la señora secretaria (Josefina Vázquez Mota) me dijo:

‘Toño, siento no estar en ese acto porque no he sabido hasta ahorita que en algún otro estado se haga un evento como éste, en el que el gobierno del estado invite a todos los presidentes municipales. El que se presenten los programas que el gobierno del estado puede proporcionar a los presidentes, me parece que es un acto verdaderamente federalista… y no solo federalista, sino plural… el denominador es que todos quieren luchar por Puebla.’”

Con semejantes “confidencias”, don Toño tácitamente reconoce que este tipo de reuniones, “verdaderamente federalistas y plurales”, en Puebla ha puesto el ejemplo y “se dejan atrás los pactos secretos, pragmáticos, de clientelismo, pasando a políticas incluyentes, transparentes, para lograr un desarrollo humano e integral, tal y como lo quiere el presidente Vicente Fox Quesada”.

Además, el exempresario dijo que el esquema del gobierno poblano para impulsar el desarrollo social es el modelo que recomienda la SEDESOL a los gobiernos estatales. Asimismo, reconoció que el Fondo Concursable, los Proyectos Productivos y las Unidades Móviles de Desarrollo son la punta de lanza para que los mexicanos puedan alcanzar la justicia social (dijo bien común).

¿Será que don Toño ya conoce las reglas del buen jugador? ¿Habrá aprendido a no hacer gestos? ¿Tendrá la madurez política para aceptar que existen en México otras alternativas tan buenas o mejores como la que él representa?

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

ESPÍRITU DE PAZ Y TENDENCIAS DE GUERRA

El mundo ha vivido pendiente en los últimos días del resultado de la conferencia de las siete potencias, cuyos representantes se reunieron en Londres para conjurar la grave crisis financiera por que atraviesa Alemania. Una vez más la interdependencia de los Estados impone el sacrificio de egoísmos nacionales como condición de la estabilidad común. Ante la amenaza inminente del derrumbe de la economía de la potencia deudora de las indemnizaciones de guerra, derrumbe que aparecería como prolegómeno de un desastre del régimen capitalista internacional, los acreedores se avienen a hacer concesiones y Alemania, se apoya nuevamente en su propia penuria para salvarse.

Cada nuevo plan que adoptan las grandes potencias se anuncia solamente como la fórmula única de su grupo incluso de la cual se ha llegado a la liquidación económica de la guerra; pero cada plan no ha hecho más que agregar nuevas complicaciones en el problema, de suyo confuso. Los arreglos de hoy significan la iniciación de una política de rectificaciones que las realidades de la vida imponen a los antiguos aliados y asociados. Pero esta política de rectificaciones, ni es lo bastante radical que ponga a salvo al mundo de otros momentos de inquietud como los que se han tenido que afrontar en las semanas que acaban de correr, ni menos aún puede evitar los efectos de la pasada aplicación integral del plan Young.

Más aún: la abolición de las deudas de guerra —salvo en lo que concierne estrictamente a la verdadera restauración de los campos devastados—, que aparecía en los primeros años siguientes al fin de la contienda como la fórmula simplista a la par que sensata para el retorno a la normalidad, hoy no podría adoptarse con facilidad, porque la estructura económica de la posguerra viene adoleciendo de elementos que son viciosos por origen, como el pago en especie de una parte de las entregas que debe hacer la nación deudora, el cual ha dado una fisonomía sui-generis, así a la industria de Alemania como a las de los países acreedores.

La vuelta a la normalidad, en consecuencia, si es que los estadistas del mundo capitalista se deciden a destruir los errores acumulados en la posguerra, tendrá que hacerse por etapas sucesivas, hasta que se encuentre un nuevo equilibrio económico internacional y se imprima un ritmo nuevo a la producción. Sólo que acaso la armadura del régimen capitalista no resista la culminación de esas etapas de reacomodamiento ante la presión creciente y hasta desbordada de los pueblos, cuya miseria repercute en la forma de graves problemas políticos.

Nadie ignora, en efecto, que el comunismo, más que ser una consecuencia del fenómeno económico previsto por Marx es la resultante de la desesperación de un gran pueblo en derrota como lo fue el pueblo ruso en 1917; y nadie ignora, tampoco, que así como aumentan las legiones de trabajadores carentes de ocupación en los países industriales, se acrecientan las influencias bolcheviques.

La democracia social alemana, cuya existencia es fundamental para la civilización de Occidente, se encuentra cada vez más en peligro. La vieja coalición de Weimar, constituida por los partidos que se hicieron responsables del advenimiento y consolidación de la República, decrece en consistencia y en autoridad política, estrangulada por los grupos extremistas —comunistas y fascistas—. Y el incremento de estas tendencias que minan en su base a la democracia alemana, no es sino la precipitación de estados de conciencia en aquellos sectores de la colectividad donde se siente con rigor cada vez más acentuado la miseria general.

Como el problema alemán, se presentan otros muchos que son análogos. La rehabilitación europea, en consecuencia, involucra y aún exhibe como fundamental la solución de problemas eminentemente políticos. Pero es al plantearse en estos términos la cuestión cuando vuelve a aparecer la incapacidad de los estadistas occidentales, que están acelerando la ruina de sus propios países por no querer hermanar los intereses de sus respectivos pueblos dentro de un espíritu de paz.

El francés mira con mayor zozobra cada día el volumen desorientado de las corrientes hitleristas y comunistas que agitan en Alemania, y no alcanza a comprender que son tan sólo reacciones naturales contra los términos excesivos de los tratados de paz.

Ciertamente, la dialéctica francesa es en extremo sutil, y en apariencia están justificados los razonamientos de los nacionalistas que hablan de las tres invasiones sufridas por Francia en el curso de un siglo; en tanto que el lirismo del nacionalista alemán reviste fisonomías de revancha de casco prusiano; pero en el fondo uno y otro fenómenos no constituyen sino una incomprensión internacional explotada por la plutocracia industrial y financiera. De poco sirven las denuncias que de vez en cuando se hacen acerca de la coalición de intereses económicos que, trasponiendo las fronteras, comprenden a las burguesías de varios países; todavía es posible, quizá, el caso de que las industrias del acero provean, por conducto de países neutrales, a naciones posiblemente beligerantes, como se ha demostrado que sucedió durante la gran guerra.

Cuando la opinión francesa reclama urgentemente que se atienda a la seguridad de las fronteras, haciendo radicar ésta en el mantenimiento de un ejército poderoso, en la construcción de fortalezas y en el pacto de alianzas del tipo de las que precedieron a la guerra del 14; y cuando, además, aun para el caso de una urgencia, Francia condiciona su ayuda financiera a Alemania mediante la imposición de una política de restricción, lesiva a la soberanía de este último país, en realidad se está preparando otra guerra.

Con todo ello no hace la República gala, más que seguir la trayectoria del antiguo imperio alemán a partir de la caída de Bismarck hasta la tragedia de Sarajevo. La seguridad de Francia no radica en sus ejércitos ni en sus fortalezas, sino en la ductilidad de su política internacional, siempre que realmente se inspire en propósitos de paz y de confraternidad entre los pueblos —lo cual no es tan difícil como se ha hecho creer, desde el momento en que las colectividades en sí polarizan su odio solamente en contra de la guerra misma—, Francia debe entender que el hitlerismo perderá en influencia en razón de la mayor liberación política de Alemania; y que el comunismo volverá a la condición de un fenómeno latente, pero dejando de ser una posibilidad inminente, en cuanto disminuya la miseria del pueblo germano.

Y los Estados Unidos, responsables en buena parte de las complicaciones que el mundo padece en el momento actual, a causa de su negativa al plan primitivo de abolición de las deudas de guerra, ahora, cuando mal de su grado, se ven nuevamente implicados en la política del Viejo Mundo, no salvarán sus responsabilidades históricas si no aplican su influencia al apaciguamiento de Europa.

El Nacional, 5 de agosto de 1931.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

El periodismo es libre o es una farsa.

Rodolfo Walsh

El Detonador

El dinero es como el estiércol, no es bueno a no ser que se esparza.

Francis Bacon

 

Tiene razón Francisco Gil Díaz, hay que cambiar las leyes para abrir la participación extranjera al sector energético, en especial la explotación de electricidad y gas, fuentes por ahora sin desarrollo debido, entre otras cosas, a la falta de dinero. Pero semejante apertura tendrá que darse después de que el Estado de Chiapas deje de ser la otra nación que hace de México un país de alto contraste social, es decir, que concluyan los quince minutos prometidos por Vicente Fox para curar las heridas ancestrales, llagas ahondadas por las costumbres casi prehistóricas y la brutal miseria fomentada por el moderno neoliberalismo.

¿Por qué Chiapas?, se preguntará el lector.

Pues porque de allá nos llega la mayor parte de la energía eléctrica, el gas y el petróleo que se consume en territorio mexicano. Porque cuando surja y se apruebe la iniciativa para reformar las leyes a que se refiere el secretario de Hacienda y Crédito Público, volverá a hacer acto de presencia el subcomandante Marcos, el líder cuya razón de ser es precisamente combatir a quienes están coludidos con los poderes de la explotación económica. Porque volverán a “hablar las piedras parlantes” que en 1868 atrajeron miles de peregrinos (Agustina Gómez Checheo dijo que le hablaban con la voz de Dios), guijarros que curiosamente se encuentran ahogados con el agua que hoy mueve las turbinas eléctricas de las presas Mal Paso y Chicoasén. Porque adquirirá nuevos bríos la raza representada por los tzeltales y chamulas cuyos antepasados se rebelaron (1712) contra el poder irracional de la Corona. Y porque reaparecerán las protestas de los chiapanecos que reclaman la justicia prometida por la Revolución de 1910 (dice Carlos Fuentes —Los cinco soles de México—, que Chiapas nos recordó todo lo que habíamos olvidado y que incompletos y mutilados seremos si no incorporamos Chiapas a México o si permitimos que México sufra su propia balcanización, una fractura entre un norte relativamente próspero y un sur fatalmente abandonado).

No creo que Fox y su equipazo sean tan fríos como para soslayar las andanadas que sin duda lanzará el guerrillero internauta. O que tengan el arrojo de menospreciar las protestas de los millones de ciudadanos del mundo todavía solidarios con las causas del Ejército Zapatista. O que puedan tragar la “cereza del pastel” senatorial preparada y colocada por Manuel Bartlett Díaz, “enemigo personal” de todo lo que huele a PAN.

La privatización energética es, pues, una de las muchas semillas sembradas en el XIV Congreso Nacional de Economistas, ahora sí el parteaguas del siglo que empezamos a vivir. Y por quien la abonó (Gil Díaz) intuyo que junto con otros frutos germinarán controversias y comentarios de largo aliento.

Claro que hubo ponencias igual o más interesantes, aunque de impacto posterior. Es el caso de las relativas a la educación superior y a la reforma del Estado. Y entre ellas aparecieron las reacciones locales derivadas de lecturas políticas personales e interesadas, contraataques que podrían dejar de atraer la atención del público una vez que empiecen a notarse las consecuencias positivas del Congreso Nacional de Economistas.

El destinatario de esas resistencias momentáneas fue Rafael Moreno Valle Rosas, presidente del Colegio de Economistas de Puebla, responsable también del éxito del Congreso y por ello autor material de la inefable repercusión política de beneficio para el estado (después de 18 años hizo acto de presencia en este tipo de actos el presidente de México, y el Congreso Nacional se llevó a cabo fuera de la capital del país). Es natural que sus adversarios se sientan incómodos e incluso que hasta muestren cierta agresividad, dado que en tres días Rafael avanzó un buen trecho en la carrera por la sucesión. Ángel Aceves Saucedo, por ejemplo, manifestó a la prensa local su inconformidad por el “beneficio político” que Moreno Valle obtuvo de la reunión nacional de sus colegas economistas. Y aunque Germán Sierra Sánchez no hizo ninguna declaración pública (junto con Moreno Valle es puntero en esta competencia “civilizada”), yo creo que sintió lo mismo que Aceves. De Mario Marín Torres solo podemos decir que se mantuvo alejado porque, como el lector sabe, el Ayuntamiento paredista investiga los supuestos desvíos cometidos por treinta y cuatro de sus colaboradores cercanos.

En fin, la reunión nacional que atrajo a Puebla a varios gobernadores, secretarios de Estado, legisladores, dirigentes partidistas, rectores y destacados profesionistas, sirvió de foro a Vicente Fox Quesada quien —a través de su secretario de Hacienda— pidió a la sociedad que respalde la inversión privada en el sector energético. Yo creo que sin darse cuenta, don Chente (o Paco Gil) armó varias bombas políticas, incluida desde luego la que más le afecta: Chiapas.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

LA CONSTITUCIÓN DE WEIMAR Y EL RESURGIMIENTO DE ALEMANIA

Hace once años, en la histórica ciudad de Weimar fue promulgada la Constitución que norma la vida política del pueblo alemán. La imponente armadura imperial forjada por el Canciller de Hierro se había derrumbado al golpe de la gran guerra, y las instituciones del antiguo régimen habían sido barridas por el ciclón revolucionario de noviembre de 1918, que iniciaron los comunistas, consumaron los social-demócratas y, meses después coronaron todos los sectores de opinión, al concurrir a la elaboración de la nueva Carta Política nacional.

Como su hermana gemela —la democracia francesa que erigió la gloriosa Tercera República— la alemana surgió a la vida entre la desesperación y la angustia, la miseria y el dolor que engendra una guerra sin fortuna. Pero, como aquélla, hoy se ostenta sólida y ejemplar ante la admiración del mundo.

Una década de vida republicana

Una década de vida es tiempo bastante para juzgar de la fuerza de arraigo que han adquirido las nuevas instituciones alemanas. Se las creía inestables y pasajeras, más producto de la coacción exterior que del sentir nacional; y sin embargo, su estabilidad es tan firme como la de las más viejas y enraizadas democracias. Como que la República Alemana —contra lo que supone el vulgo carente de información— no es la resultante sólo de circunstancias desgraciadas, sino más bien el producto del genio germano que tuvo una manifestación asaz elocuente en el campo del derecho político en la hora trágica de la derrota; no es tampoco la opacidad mediocre que sustituye al esplendor y a la grandeza de los tiempos pasados, sino la constancia colectiva que se despierta aguijoneada por la magnitud del desastre, y recoge con valor el legado del abatimiento, de miseria y de descrédito universal que deja el imperio, para emprender con firmeza y serenidad la obra —que se antoja ciclópea— de la reconstrucción interior y de la liberación de los grillos que le fueron impuestos por los vencedores.

La República vino, y once años más tarde, aquella nación vencida, humillada y proscrita del concurso internacional, ha vuelto a él en los primeros rangos, y vincula sus obligaciones hacia las potencias victoriosas con su propio desarrollo económico; y no es tomada ya en el mundo sino como ejemplo de nación sabia y equilibrada.

El concurso de la nación en la obra constitucional

Era demasiado fuerte el espectáculo que ofrecía el mundo al final de la guerra, para que se contemplara detenidamente el ímprobo esfuerzo del pueblo alemán —y particularmente de sus estadistas— que sincrónicamente habían de atender a la horrenda miseria del pueblo, a la concertación de la paz y a la estructura de sus nuevas instituciones. De ahí que en la mente de la generalidad haya tomado cuerpo la idea de que la nueva forma de gobierno fue impuesta por la coacción exterior.

Nada más erróneo e injusto. La abdicación del monarca, de su heredero y de todos los jefecillos de Estado —príncipes, duques, grandes duques, etcétera— del Imperio, así como la proclamación de la República por el pueblo insurreccionado, fueron hechos que se consumaron en la jornada gloriosa del 9 de noviembre, dos días antes de que se firmara el armisticio de la gran guerra. Y después, la elaboración de la Carta constitucional no fue obra que se reservaran los partidos triunfantes —comunistas y socialistas— sino para la que fue convocada toda la nación.

Para la mejor ilustración del lector sobre este interesante hecho histórico, seguiré un momento al ilustre catedrático francés M. René Brunet, en una parte de su estudio sobre la Constitución alemana:

La Asamblea Constituyente —dice el docto maestro de derecho constitucional— fue electa por sufragio universal, posiblemente el más democrático que se haya registrado jamás. Todos los alemanes fueron electores, hombres y mujeres, oficiales y soldados, internados o lisiados con sólo que hubiesen cumplido veinte años de edad. Todos los electores eran elegibles, con sólo que fuesen alemanes por lo menos un año antes. El voto tuvo lugar por escrutinio secreto de lista, sin mezclas posibles, pero con la facultad que se otorgó a los partidos de presentar listas comunes. La repartición de curules tuvo lugar según el sistema de la representación proporcional conocido con el nombre de sistema Hondt.

Estas elecciones llevaron a la Asamblea Nacional 423 diputados, de los cuales fueron 39 damas. Y en esta representación quedaron comprendidos los seis grandes partidos que actúan en la democracia alemana, desde la extrema derecha, monárquica y conservadora, hasta la extrema izquierda comunista.

De no haber nacido la democracia alemana como consecuencia del sentimiento y de la voluntad general del país, la elocuencia de sus éxitos en la posguerra habría sido suficiente para haberla acreditado en la propia colectividad germana. Pero el hecho histórico, tal como queda antes apuntado, es que ella surgió a la vida sin vicio alguno de origen y como un producto de toda la nación.

La República y la unidad nacional alemana

Pero hay más: la unidad alemana se fortifica hasta convertirse en un bloque granítico por obra de la República democrática.

El puño de acero del príncipe Bismarck, creador del Imperio Alemán bajo la hegemonía prusiana, jamás pudo destruir la resistencia de los viejos Estados germanos, federados, algunos de grado y otros por fuerza. Y la resistencia fue mayor, y perenne, por parte de la Baviera, que opuso siempre a la arrogancia de los Hohenzollern la simplicidad rústica de los Wittelsbach.

Abrigaban la ilusión los “nacionalistas” franceses de que la guerra sirviera para motivar la disección de Alemania, suponiendo que la Baviera, unida a Austria una vez mutilada y desintegrado ya el Imperio de los Habsburgo, constituyeran el punto de apoyo para la erección de una Alemania del Sur.

Pero la resultante fue justamente la inversa; la guerra unió en un mismo sentimiento y en un mismo dolor a todos los pueblos germanos, en cuya alma surgió la noción de una patria común; y después, la revolución vino a allanar el camino, arrasando en un solo día con todas las dignidades y privilegios que hasta un día antes se habían reservado tantos reinos, principados y ducados como eran los que constituían el Imperio, los cuales han pasado, por mandato imperioso de la Constitución, a ser simples países dentro de la gran República apenas descentralizada.

Y lejos de que Baviera siguiera soñando en su autonomía, es ahora Austria la que suspira por el Anschluss para incorporarse a la patria común.

Un cielo del más puro azul democrático

En la imposibilidad de condensar en los límites de un artículo los lineamientos de esta sabia Constitución, me conformaré con reproducir a continuación un juicio emitido (no ahora que se camina de la détente à Pentente franco-alemana, sino en 1921, cuando aún estaba sangrante la herida de la guerra), por M. Joseph Barthélemy, quien acaso, es el más autorizado constitucionalista francés:

La Constitución alemana —habla M. Barthélemy de la Constitución Imperial— era un organismo de agresión, el instrumento político por excelencia para el ataque impulsivo; ella pesaba permanentemente como una nube negra sobre la paz del mundo. El viento de la guerra y el huracán de la Revolución dispersaron completamente estos nubarrones. En lo sucesivo, el cielo político alemán será de un azul democrático de lo más puro y diáfano, en cuyo horizonte se dibujará una ancha franja roja.

Alemania ha pasado, casi sin transición, de un extremo al otro, y para lo porvenir ese país que era ayer la ciudadela del conservatismo monárquico, ofrece con ostentación al mundo el modelo, sabiamente edificado, de la democracia más completa: sufragio universal llevado hasta los últimos límites, rebajado hasta los veinte años de edad de los ciudadanos, tanto para las mujeres como para los hombres; república obligatoria; democracia directa que permita a los electores no solamente escoger sus representantes, sino pronunciarse, por vía de consulta positiva (legislación directa), sobre los grandes problemas de la vida nacional; libertades individuales y políticas que realicen, sin dejar nada en la sombra, el más difícil y estricto de los programas liberales.

Y esa franja roja que cree advertir M. Barthélemy en el ciclo democrático y diáfano del nuevo régimen alemán, es la constitución económica, que reposa sobre los consejos de obreros y los consejos económicos, organismos de carácter público amparados por la Constitución que no solamente coordinarán los intereses opuestos del trabajo y el capital dentro de los postulados del derecho industrial, sino que, además, proveerán lo necesario para la regulación y el desarrollo de la economía nacional de conformidad con los principios de la economía colectiva a la socialización industrial.

El Nacional, 13 de agosto de 1930.

Revista Réplica

En política, lo que comienza

con miedo, termina en tontería.

Samuel Taylor Coleridge

El cambio

No podemos evitar las pasiones, pero sí vencerlas.

Séneca

 

Dicen que el buen jugador de póquer nunca demuestra lo que está pensando, aunque tenga muy buen juego o la suerte lo haya castigado con un modesto par de cincos. Incluso hay tahúres que pueden modificar su expresión para tratar de confundir al contendiente, facultad conocida como bluff. “Está blofeando”, descubren aquellos que se las saben de todas, todas.

Algo parecido ocurre en política, donde esta, digamos, cualidad cuenta con varias definiciones, sentencias o consejos que se podrían resumir en una frase tan prosaica como certera.

“Para ser buen político hay que saber comer caca sin hacer gestos.”

Según las “reglas” no escritas, en los juegos de azar y en la política se deben ocultar las pasiones y disfrazar los sentimientos. Así, a simple vista, la disciplina parece fácil; sin embargo, ha puesto a sufrir a todos los que entraron a la política, ya sea por suerte, conveniencia, accidente, vocación o porque la ven como uno de los requerimientos (el principal) para aspirar al poder que generan los cargos de elección popular, en especial el de gobernador y presidente de la República.

Curiosamente, ayer apareció en Metepec un empresario que ingresó a la política, a pesar de que (según su discurso de antaño) la consideraba como una actividad poco digna para el género humano, quizás porque entonces todos los cargos públicos eran controlados por el Partido Revolucionario Institucional. De acuerdo con referencias periodísticas de la década pasada, en cada una de sus tribunas patronales nunca tuvo empacho en zurrar a todo aquel que se decía político, en especial a los servidores públicos de factura priista. Lo menos que les llegó a sugerir fue que se movían en terrenos donde la corrupción hacía las bases de amalgama.

Aquel estilo dio un giro de 180 grados, tal vez porque el tiempo o el cambio de partido en el poder logró lo que parecía imposible: se transformó en el zoon politikon aristotélico.

Dejó, pues, su actividad empresarial y, desde luego, antigobiernista, para de inmediato incorporarse al “tanque de cerebros” foxista. Me refiero a don Antonio Sánchez Díaz de Rivera, ex dirigente de la COPARMEX, en Puebla y en México, y hoy subsecretario de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL).

Con estas reflexiones y referencias pretendo destacar la trascendencia del discurso pronunciado ayer por el funcionario referido, palabras que, a mi juicio, revelan tres cosas.

Una: que ya sabe dominar sus pasiones (recordemos que tiene puesta la camiseta del PAN y que quiere ser candidato a gobernador).

Otra: que se quitó de la cabeza aquella vieja idea de que la corrupción es sinónimo de política (más le vale, porque podría revertírsele).

Y la tercera: que el gobierno de Melquiades Morales Flores va a la vanguardia en lo que a desarrollo social se refiere.

He aquí parte de lo que dijo el flamante funcionario del gobierno federal:

“Creo que a cualquier político le daría gusto, a cualquier gobernador le daría envidia, porque en este acto se ve un auténtico federalismo.

Cuando yo venía de la Ciudad de México… la señora secretaria (Josefina Vázquez Mota) me dijo:

‘Toño, siento no estar en ese acto porque no he sabido hasta ahorita que en algún otro estado se haga un evento como éste, en el que el gobierno del estado invite a todos los presidentes municipales. El que se presenten los programas que el gobierno del estado puede proporcionar a los presidentes, me parece que es un acto verdaderamente federalista… y no solo federalista, sino plural… el denominador es que todos quieren luchar por Puebla.’”

Con semejantes “confidencias”, don Toño tácitamente reconoce que este tipo de reuniones, “verdaderamente federalistas y plurales”, en Puebla ha puesto el ejemplo y “se dejan atrás los pactos secretos, pragmáticos, de clientelismo, pasando a políticas incluyentes, transparentes, para lograr un desarrollo humano e integral, tal y como lo quiere el presidente Vicente Fox Quesada”.

Además, el exempresario dijo que el esquema del gobierno poblano para impulsar el desarrollo social es el modelo que recomienda la SEDESOL a los gobiernos estatales. Asimismo, reconoció que el Fondo Concursable, los Proyectos Productivos y las Unidades Móviles de Desarrollo son la punta de lanza para que los mexicanos puedan alcanzar la justicia social (dijo bien común).

¿Será que don Toño ya conoce las reglas del buen jugador? ¿Habrá aprendido a no hacer gestos? ¿Tendrá la madurez política para aceptar que existen en México otras alternativas tan buenas o mejores como la que él representa?

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

Te presentamos un resumen de las noticias más importantes de la semana

Noticias de la semana

Del 13 al 19 de julio de 2026

 

Detectan datos demográficos erróneos en el documento del Cablebús entregado al Congreso de Puebla

El coordinador de Gabinete del Gobierno de Puebla, José Luis García Parra, confirmó que se presentó una fe de erratas ante el Congreso del Estado tras detectarse la inclusión de cifras demográficas y de población falsas o erróneas en la página 22 del expediente del Cablebús. De acuerdo con el funcionario, se trató de un "error de edición" durante la integración del documento y argumentó que dicha pifia no altera la viabilidad técnica ni los estudios de movilidad del proyecto.

Detienen al presunto "Tirador de la Vía Atlixcáyotl" en Puebla

Durante la madrugada del martes 14 de julio, agentes de la Fiscalía General del Estado de Puebla desplegaron un operativo en un fraccionamiento de la capital que derivó en la detención de Rafael "N", empresario de 67 años de origen español. El sujeto se parapetó e intercambió disparos contra las fuerzas de seguridad antes de ser sometido. Se le imputa la autoría de las agresiones con arma de fuego ejecutadas en movimiento contra automovilistas sobre la Vía Atlixcáyotl.

Renuncia Ulises Lara a la Fiscalía Especial de la FGR

Tras poco más de seis meses en el encargo, Ulises Lara López presentó su renuncia con carácter de irrevocable a la titularidad de la Fiscalía Especial en Investigación de Asuntos Relevantes de la Fiscalía General de la República (FGR). El funcionario, quien había sido nombrado en enero de 2026 bajo la gestión de Ernestina Godoy, argumentó motivos estrictamente personales para separarse de la institución.

Fallece Elsa Aguirre, figura estelar del Cine de Oro Mexicano

La mañana del 15 de julio de 2026, la Asociación Nacional de Intérpretes (ANDI) confirmó el deceso por causas naturales de la icónica actriz Elsa Aguirre a los 95 años de edad la noche anterior. Reconocida por su actuación en cintas emblemáticas y por ser uno de los rostros más reconocidos de la época dorada de la cinematografía nacional, su partida marca el adiós a una de las últimas grandes estrellas de dicho periodo histórico.

Comparecencia por Cablebús en el Congreso de Puebla acaba entre cuestionamientos y agresiones

En el marco de la comparecencia de José Luis García Parra ante la LXII Legislatura local para justificar el proyecto del Cablebús, la oposición recriminó las inconsistencias financieras, las fallas técnicas y el impacto presupuestal de la obra. A las afueras de la sede legislativa, colectivos ciudadanos y manifestantes opuestos al proyecto, así como reporteros que cubrían la movilización, denunciaron haber sido amedrentados y agredidos por grupos de choque e intervenciones de la fuerza pública.

Asesinan al periodista y abogado Josué Martínez Contreras en San Martín Texmelucan

El 16 de julio, el comunicador Josué Martínez Contreras, de 39 años, fue ejecutado a tiros sobre la calle Leona Vicario en la junta auxiliar de San Lucas Atoyatenco, Puebla. Martínez Contreras —quien era docente, recién graduado de la Licenciatura en Derecho y director de la página informativa Noticias San Martín Texmelucan— fue interceptado por dos sujetos en motocicleta. Organismos internacionales como la SIP y organizaciones defensoras de la libertad de prensa exigieron una investigación expedita a la Fiscalía del Estado.

Detienen por "huachicol fiscal" al exgobernador Ernesto Ruffo Appel

La FGR cumplimentó una orden de aprehensión contra el exgobernador de Baja California y primer mandatario estatal de extracción panista, Ernesto Ruffo Appel. La dependencia federal le imputa cargos por presunta delincuencia organizada y contrabando de combustible ("huachicol fiscal"), en el marco de una investigación amplia sobre redes transfronterizas de tráfico ilegal de hidrocarburos.

Víctor Rodríguez Padilla sale de prisión para continuar proceso en libertad

El exdirector de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, abandonó el centro penitenciario luego de que la víctima (su cónyuge) le otorgara el perdón legal en el juicio que se le sigue por violencia familiar. Pese a que se le otorgó la suspensión condicional de la medida cautelar de prisión preventiva, la Fiscalía mantiene abierta la vinculación a proceso mientras se cumplen las condiciones dictadas por el juez.

Reportan nuevo incidente del Tren Interoceánico en la Línea Z de Oaxaca

Durante la madrugada del 15 de julio, dos unidades de carga sufrieron un percance y salida de vías sobre la Línea Z en el tramo Nizanda-Chivela, Oaxaca, la misma zona geográfica del descarrilamiento ocurrido a finales del año pasado. En conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum aclaró que no se trató de un vuelco total de vagones y confirmó que no se registraron personas lesionadas, aunque personal militar y técnico de la Marina inició los peritajes correspondientes.

Encuentro de mandatarios coanfitriones previo a la Final del Mundial 2026

Con motivo del cierre de la Copa Mundial de la FIFA 2026 este 19 de julio, se coordinó la presencia en Nueva York/Nueva Jersey de los líderes de los tres países coorganizadores (México, Estados Unidos y Canadá). La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó su asistencia tras recibir la invitación protocolaria, destacando la relevancia de la cita tanto en la agenda deportiva trilateral como en el marco comercial geopolítico.

Hallan 10 cuerpos en Zacatecas —varios colgados de un puente—; entre las víctimas hay empresarios, funcionarios y un ganadero

El sábado 18 de julio de 2026 se registró un multihomicidio que conmocionó al estado de Zacatecas, tras la localización de 10 hombres asesinados en los municipios de Pánuco, Morelos y Saín Alto. El hecho de mayor impacto ocurrió sobre la carretera a la altura de la comunidad de Pozo de Gamboa (Pánuco), donde cinco de las víctimas fueron suspendidas con cuerdas desde un puente vehicular.

Con el paso de las horas, la Fiscalía estatal y autoridades locales confirmaron la identidad de las 10 víctimas, destacando que no se trataba de enfrentamientos entre células operativas, sino de figuras públicas y del sector productivo local:

Ignacio Castrejón Valdez: Exalcalde de Sombrerete y empresario de la construcción/minería.

Fidel Alvarado de la Torre: Secretario de Desarrollo Social del municipio de Fresnillo.

José Ángel Valdez Rivera: Reconocido productor y líder ganadero con actividad en Jiménez del Teúl.

Jesús Gerardo Muñetón Hernández: Elemento del Heroico Cuerpo de Bomberos de Fresnillo.

Andrés Vázquez Gurrola: Abogado, exregidor y exdirector de la Policía Municipal en Canatlán, Durango.

Cinco empresarios y comerciantes locales de Fresnillo: Armando Ledesma Aguirre y su hijo José Armando Ledesma Campos (constructores), Jesús Daniel Rivera Sandoval, Fernando Robles de la Torre y Juan Carlos Berumen Guerrero.

Las principales líneas de investigación de la Fiscalía apuntan hacia delitos de extorsión y cobro de piso por parte de grupos del crimen organizado. Ante la gravedad de la barbarie, el gobierno federal desplegó un operativo especial con más de 400 elementos del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional para reforzar la seguridad en la entidad.

Redacción Réplica

Revista Réplica

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Resumen de noticias junio 2026

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Hoy, el agua en Puebla ya está soltando el primer hervor

—Vean ustedes lo que encontré sobre mi escritorio. Es dinero que dejó algún pendejo con la clara intención de comprometerme, de corromperme. Voy a investigar y cuando agarre al autor de este atentado, les prometo que lo llevaré a juicio. Y si puedo yo mismo fusilaré al cabrón. —Volteó a ver la foto del presidente en turno antes de justificar con energía castrense: —El jefe máximo no tendrá inconveniente.

Cuanto mayor la riqueza, más espesa la suciedad.

John Kenneth Galbraith

Llegué con el entonces director del Canal 13. Me recibió entusiasta y comunicativo. Después del saludo de amigos, soltó una información que, de haberse difundido en esa época, habría causado un revuelo internacional:

“Ya verán cómo se las gastan los revolucionarios”, ironizó uno de los estrategas de Mucio P. Martínez. No obstante, los simpatizantes de Francisco I. Madero desdeñaron la información, quizá porque faltaba poco para que el presidente León de la Barra dejara el poder a Madero...

Todo lo que se ignora, se desprecia.

Antonio Machado

Una vieja historia que renuevan los modernos virreyes...

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