La “muñeca” vestida de azul (Crónicas sin censura 197)

Réplica y Contrarréplica
Tipografía
  • Diminuto Pequeño Medio Grande Más Grande
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

LA "MUÑECA" VESTIDA DE AZUL

Lo más sorprendente del pasado, si se repitiera, sería comprobar que nada es igual a como nos lo cuentan.

León Dandú

 

Cuiden a sus gallinas que mi gallo anda suelto.

Dicho popular.

 

Por alguna razón todavía sin determinar según los científicos, el graznido de los patos (cuac–cuac) es el único sonido de la naturaleza que no produce eco. Y aunque no son aves migratorias ni plumíferos acuáticos, los diputados federales parecieran empeñados en emular ánade. Esto porque sus pedimentos, propuestas, promesas, exigencias, reproches, iniciativas personales y quejas tampoco tienen eco.

Estamos de acuerdo en que el ánade sigue un patrón de conducta y usa su instinto para emigrar lanzando al aire sus graznidos que, tal vez, sirven para que la parvada no se disgregue. Sin embargo, es difícil explicar la causa del recurrente fracaso de nuestros conscriptos de la patria.

Esa falta de eco a sus peticiones (que no graznidos, aclaro), comúnmente hechas a destiempo, me recuerdan al grito aquel de ¡aguas!, costumbre que en la Colonia servía para alentar al transeúnte que estaba en el trayecto del contenido de las bacinicas, depósito que era lanzado desde los balcones de las viejas casonas. Los sordos, los distraídos y los lentos resultaban las víctimas de la desagradable y apestosa sorpresa, destino que hoy pende sobre los legisladores del PRI, recipiendiarios, por cierto, de las agresiones verbales de la sociedad.

¿Por qué los diputados federales poblanos no fueron capaces de lograr la ampliación presupuestal que requiere La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP)?

Intuyo que por haber trabajado el asunto a destiempo, es decir, después de que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) peleó y se llevó la mayor rebanada del pastel presupuestal gracias precisamente a las gestiones que realizó y a su ubicación en el ámbito universitario de México. Recordemos que hay en el país 64 universidades públicas, de las cuales 34 son autónomas. Y que su fuerza cuantitativa se ubica en la zona metropolitana del Distrito Federal. Estamos pues, ante un centralismo que obliga a las universidades de provincia a trabajar bajo un proyecto preventivo, de gestión y publicitario. Y aquí vuelvo al ejemplo del pato:

Según los publicistas del mundo, cuando la gallina pone un huevo lo cacarea, acción que no acostumbra el pato hembra. ¿Y entonces

—nos preguntamos— quién come huevos de pato?

Nadie.

Ha trascendido que la BUAP (su rector) está preparando un proyecto publicitario que le permitirá sensibilizar a la población radicada en el centro neurálgico de México (DF), donde —como el lector sabe— se toman las decisiones que afectan (para bien o para mal) al gremio universitario. Con ello, los académicos poblanos intentan seducir a las autoridades federales (tener eco, como lo hizo la UNAM), demostrándoles que nuestra alma mater cuenta con una extraordinaria planta de investigadores y con varios proyectos científicos y culturales que podrían servir como detonadores del desarrollo nacional. Así, el mensaje que probablemente dirija a las autoridades de la Federación (secretarios y presidente), dirá que la BUAP ha dejado de ser Enrique Doger Guerrero para convertirse en una institución formada por personal académico, técnico y científico de alta y reconocida calificación curricular y una bien comprobada productividad (incluido su rector, desde luego). Según mis informes, también existe la intención de publicar que el nuevo impulso de la universidad poblana es producto de un largo proceso que la condujo a la excelencia académica. Y de paso resaltar que el punto de partida fue el diagnóstico elaborado por el equipo de Philippe Cooms. Valla, hasta se habla de elaborar y difundir un “quién es quién” en la Universidad pública poblana.

Con estas acciones es obvio que la BUAP busca crearse una identidad universitaria que trascienda e impacte a los altos círculos del poder en México, principalmente. De alguna manera competir con aquellas instituciones que se mueven entre la Super clase nacional, así como dialogar en el “idioma” de los “baby boomers” mexicanos que disfrutan del poder de decisión, la influencia, el derecho de picaporte y la complicidad que existe entre los cofrades de esa súper clase nacional que desde hace un año despide destellos balquiazules.

Se trata pues, de conquistar a una muñeca vestida de azul, con sus zapatitos blancos y vestido de tul. La intención es brincar la tablita con la que se tropezaron los diputados federales, todos ellos miembros del Honorable Congreso de la Unión.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica