La Pluma y las Palabras (14 de Julio)

Réplica y Contrarréplica
Tipografía
  • Diminuto Pequeño Medio Grande Más Grande
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

14 DE JULIO

En este día la humanidad comparte con el pueblo francés el recuerdo y la celebración de un acontecimiento histórico que culminó como índice sobre nuevas rutas de los pueblos; que fustigó el advenimiento de una gran etapa de los destinos colectivos y despertó con su fragor y sus dianas guerreras nobles ideales dormidos bajo la negación de los déspotas.

El hecho aislado y desnudo del asalto a la fortaleza de la Bastilla por la multitud tempestuosa de las calles de París, no tendría mayores resonancias que las de cualquier motín político, si no expresara en su símbolo flameante los afanes, la exaltación heroica y el desbordamiento idealista, derramados sobre la vibrante curva de la Revolución Francesa.

La etapa revolucionaria que arranca el 14 de julio de 1789 y se despliega desde Francia sobre las perspectivas del mundo, dejó como saldo en el ideario político y social la declaración de los derechos del hombre, y el encumbramiento y la consagración de la individualidad, que abrieron paso a los regímenes liberales en que hoy se sustenta la cultura de Occidente.

Aun cuando en realidad, de la Revolución Francesa se derivó a la postre el triunfo de la burguesía y del capitalismo, no se puede menos que recordar con emoción aquellas jornadas en que se hizo tabla rasa con los privilegios y la propiedad de la nobleza, en que se reivindicaron los derechos del pueblo a la posesión de la tierra, en que se transformó, en suma, de un tajo, toda la estructura económica de la Francia semifeudal; como tampoco pueden olvidarse las exaltaciones románticas de los que pensaban, como Anacarsis Klotz, en la instauración de la república universal, anticipándose largamente a su época; ni las de que aquellos otros que se esforzaron, como Robespierre, por abrirle paso al racionalismo; ni las de todos los luchadores, filósofos y poetas, descamisados y teorizantes, que a precio de su vida pasaban soberbiamente sobre los hacinamientos de prejuicios, tradiciones y dogmas para señalar nuevos rumbos a la humanidad.

El tiempo ha transcurrido y el pensamiento humano ha salvado nuevos estadios. La Revolución Francesa, por sus consecuencias como antes apuntamos, preparó la hora de la burguesía y del capitalismo; de éstos, la rueda de la evolución gira hacia el socialismo. Los derechos del hombre importan menos —cada vez menos— frente a los derechos de la colectividad; la libertad de los individuos se restringe en menor o mayor grado en los países —pero en todos se restringe—, para dar aliento al esfuerzo coordinado de la sociedad; el Estado deja de ser simple guardián que proclamó la doctrina clásica, para convertirse en el regulador de la vida común.

Ni en los países que más se ufanan de su vinculación con los principios individualistas, como Norteamérica, deja el Estado, por la fuerza incontrastable de los acontecimientos, de intervenir en las actividades de la producción y del consumo, para limitar los apetitos de los poseedores de las fuentes de riqueza, procurando imprimir un sentido social más humano o menos injusto a la vida económica, para detener o aplazar la desintegración del régimen capitalista vigente.

El sentido económico de la Revolución Francesa está pasando definitivamente de su período de fuerza creadora a planos históricos sin validez actual. Sin embargo, quedará en los registros de la evolución social como una etapa necesaria para llegar a las metas que ahora persigue el hombre, tal como la doctrina de Marx considera al capitalismo como el antecedente fatal del colectivismo.

El 14 de julio seguirá siendo, pues, una gran fecha universal con profundo sentido, por los símbolos que encierra, por el contenido histórico de la etapa cuyo advenimiento representa y, sobre todo, porque las conquistas del liberalismo, aun consideradas en esta hora en que se proyecta y se advierte su acelerada decadencia, han dejado a la humanidad un haz de derechos sin el goce de los cuales no nos parece que sea digna para el hombre de vivirse la vida, tal que la libertad de pensar —y de pensar en voz alta—, con el dominio de la palabra y de la escritura.

La Francia republicana ha hecho bien en mantener el 14 de julio como la fecha que resume sus glorias nacionales. Por rica que sea en tradiciones y en epopeyas la historia de ese gran pueblo, ni antes ni después de la Revolución produjo ni ha producido acontecimientos que desborden su sentido histórico sobre los cauces del mundo.

De ahí que, aun aquellos hombres que más nos apartamos, día con día, de la teoría liberal, del concepto individualista, en lo político y en lo económico, rindamos pleitesía al pueblo que con su esfuerzo y sus ráfagas de audacia roturó murallones de tiniebla social para hacer posibles y anchos los horizontes de hoy.

De ahí también que aceptemos con honor la tarea de saludar al pueblo francés en esta fecha en el que El Nacional se ha propuesto significar el respeto y la devoción que guardan las presentes generaciones revolucionarias de México hacia el denuedo y la visión universal de los campeones que encendieron la alborada de 1789.

El Nacional, 14 de julio de 1932.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica