LOS CEROS DE LA DISCORDIA
La imprudencia suele preceder casi siempre a la calamidad.
Para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo. Dicho popular
La falta de uno o dos ceros podría ser la causa de las reacciones en contra del nombramiento de José Doger Corte. Esto es siempre y cuando comparáramos el dinero de don Pepe con los millones que tiene Bill Gates, por ejemplo. O para no irnos hasta las ligas mayores, basta cotejar el patrimonio personal del rector con la lana que hizo populares y respetables a don Manuel Espinoza Yglesias o a don Gabriel Alarcón Chargoy, por sólo citar a un par de poblanos que, sin ser profetas en su tierra, regresaron con las bolsas llenas para, benévolamente, aceptar el respeto de las personas que en Puebla habían sido sus enemigos, antagónicos, críticos y detractores, mismos que después fueron ahijados, becarios y beneficiarios de la filantropía de uno y el poder periodístico del otro.
En el primer caso, es decir, en el del controvertido gringo, Doger necesitaría que su “cash” y activos fuesen tasados en dólares y mínimo con dos ceros de más. Y en relación con los paisanos, que su balance también tuviera dos ceros adicionales, cuando menos.
Si esa fuera la condición económica de Doger Corte, le aseguro al lector que ni siquiera le habrían ofrecido el cargo de auditor general del Órgano Superior de Fiscalización del Estado de Puebla. Es probable que el supuesto Pepe supermillonario tomara la oferta como un chiste o una broma de mal gusto. Y que, como buen negociador, aprovecharía semejante “insulto” para recomendar al contador de su confianza que le hubiera manifestado algún interés locuaz por oler de cerca el enervante perfume que emana del poder burocrático.
Tenemos, pues, que la falta de esos dos ceros provocó las reacciones en contra del economista designado de manera sorpresiva por casi todos los representantes del pueblo, quienes, intuyo, detectaron las cualidades necesarias para vigilar el manejo de los recursos públicos administrados por el gobierno estatal y, a la vez, para conducir por el camino correcto a los 217 alcaldes de la entidad.
El asunto, además de las aristas publicadas por la prensa, tiene a mi juicio dos interesantes vertientes a saber:
La paradójica: la falta de los ceros de alguna manera ha propiciado lo que podríamos llamar “cala de un prestigio” todavía en entredicho y, por ende, en proceso de regeneración.
Y la curiosa: dicha resistencia metió a José Doger Corte en un proceso donde cualquier error u omisión acabará por aniquilarlo, peligro que debería exacerbar el feeling del exrector y, asimismo, mantenerlo en alerta, con los focos rojos prendidos.
Dicho en otras palabras: el nuevo auditor general acaba de adquirir varios compromisos. Por ejemplo:
Le está prohibido fallar.
No podrá mostrarse débil o comprensivo cuando de poner orden administrativo y contable se trata.
Jamás deberá transigir con los supuestos delincuentes, sean estos sus cofrades, cuates, excolaboradores, íntimos o compañeros de la casi siempre incomprendida actividad pública.
Tiene que armarse de valor para llevar una vida familiar y burocrática honesta, recta, transparente.
Le está prohibido hacer cosas buenas que parezcan malas.
Si existen, tendrá que eliminar las colas que puedan pisarle.
Y además quitarse de encima la definición de cuña que le endilgan aquellos que miran a la corrupción como el palo que lastima y ofende a la sociedad.
Si todo sale bien, el nuevo cargo de José Doger equivale a la cumbre lejana y oculta que utiliza el águila para sobrevivir: necesita arrancarse las plumas y esperar su renuevo. Es la única manera de volver a volar.
Nota editorial
Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.
Los Ceros de la Discordia (Crónicas sin censura 194)
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