La Pluma y las Palabras (Stalin, Gandhi y occidente)

Réplica y Contrarréplica
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STALIN, GANDHI Y OCCIDENTE

La actualidad internacional ofrece un panorama múltiple de fuertes impresiones, de acontecimientos de primera importancia que cada uno en sí mismo reclamaría el estudio y la contemplación de los hombres que estamos atentos a los sucesos que ocurren a diario dentro y fuera del país: la gran crisis política y económica por que atraviesa el Imperio Británico —crisis, prevista y comentada por el autor de estas líneas antes de que Inglaterra se decidiera a dar el paso insólito y trascendental del abandono del talón oro que le era tradicional como a ningún otro país—; el acercamiento franco-alemán, que recibe notable impulso merced a la visita que llevan a cabo en estos momentos el jefe del gobierno y el ministro de Relaciones de Francia a la capital de Alemania; el próximo viaje de los mismos estadistas franceses a la Unión Americana; y la bárbara agresión japonesa sobre China; todo esto junto con otros sucesos que sería prolijo enumerar, acusan que la marcha del mundo ha perdido su ritmo, que las tendencias más opuestas y los más encontrados intereses luchan desesperadamente, ya sea por asentar su hegemonía, o al menos por afianzar su existencia; pero acusan también el proceso anárquico de la vida actual en su aspecto internacional.

En torno a este torbellino que nubla el cielo del mundo capitalista, una figura tan noble como miserable en su aspecto —la figura de Mahatma Gandhi— impresiona no sólo por la sencillez de sus costumbres paupérrimas, sino también, y sobre todo, por el contraste de sus conceptos simplistas con la complejidad del pensamiento occidental.

Entre tanto, más allá de la Europa Occidental y con actitudes de altivez que se apoyan en la constancia, en la audacia y en la disciplina, la Rusia soviet se encara al régimen capitalista de tipo individual, reclamando para sí los éxitos que no logra alcanzar Occidente.

La Rusia de Stalin, la India de Gandhi, y Occidente, ofrecen en la era presente tres tipos de civilización, tres conceptos distintos sobre la forma de organizar la vida en sociedad, tres orientaciones distintas de entender el sentido de la vida.

Para Gandhi es la vuelta a las formas primitivas, la exclusión de las complejidades del maquinismo, y la serenidad al modo como la entendiera Sidarta Gautama, el camino de la felicidad. Por eso su prédica está comprendida en estos breves conceptos: teje tu lino, cultiva tu huerto, fabrica tu sal… ora. Por eso mismo ha merecido admiración y respeto la actitud de este hombre miserable, que apenas cubre sus carnes, que se alimenta con severa frugalidad, que pidió vivir en Londres en barrio apartado para morar entre los pobres, y que va, en nombre de trescientos cincuenta millones de hombres, a reclamar la liberación de su patria.

Occidente, por el contrario, representa la inquietud humana llevada a sus últimos extremos; es el pensamiento del hombre que se adentra en los dominios de la ciencia; es el titán que roba constantemente sus secretos a la naturaleza, para domeñarla, pero que se ata a sí mismo y se roe y se destruye. La tragedia de Prometeo simboliza el genio del hombre de sufre la cólera de los dioses; es una sublimación de la humanidad. La tragedia de Occidente, por el contrario, es el fracaso del esfuerzo, por falta de orientación y de sentido, que encuentra un paralelismo más justo en el grito de angustia de Fausto.

La noción individualista cifró el progreso humano en el egoísmo de cada hombre, y ahora se abate carcomida por la gangrena de anarquía que aparece en todas las ramas de la producción y del consumo. El capitalismo individualista creó la máquina para sustituir la mano de obra del hombre, pero no sustituyó al hombre como consumidor. De allí que la acumulación de riquezas se traduzca en la esterilidad de las mismas, y que la gente perezca de hambre y de frío al lado de una ociosa abundancia.

El problema, pues, radica en la posibilidad de un aumento de la capacidad de consumo del pueblo, que sea paralelo al proceso de aceleración de la producción.

La Rusia de los soviets no difiere del concepto occidental en cuanto ve a los métodos y a la técnica. Rusia electrifica, maquiniza, racionaliza, experimenta. El señor Stalin provee la manera de instalar en el Volga, o en los montes Urales, las más grandes plantas eléctricas, fábricas colosales, ingenios poderosos. Ucrania y las Estepas se convierten en inmensos latifundios de Estado. Y con la ciencia y la disciplina como puntos de apoyo sueña en forjar la estructura social y política de un nuevo mundo.

El choque es más violento entre la filosofía de Gandhi con el pensamiento creador de los soviets, que entre éste y la civilización de Occidente.

Decía yo en uno de mis artículos anteriores que la forma de organización adoptada por los soviets se aleja cada vez más del viejo concepto socialista para identificarse mejor como un capitalismo de Estado. Acaso el capitalismo internacional de Occidente se vea precisado a hacer las necesarias concesiones, hasta que se halle una sintetización entre el capitalismo individualista y el que profesan, mal de su agrado los soviets; quizá lo que se requiere en esta ancha parte del mundo —que no puede avenirse a retornar a la vida ascética de Gandhi y que necesita, por lo mismo, la ayuda de la ciencia aplicada a todos los órdenes de la producción—, sea expurgar el régimen capitalista del egoísmo que lo caracteriza, darle un sentido social a la producción, anteponer los intereses de la colectividad sobre los de los individuos.

Por ahora, aun cuando es indiscutible la hegemonía que ejerce en la mayor parte del globo el capitalismo individualista, frente a él, como una esperanza o como una fuerza que tiende a obligarlo a la transacción, se alza el capitalismo de Estado. Si ambos sistemas fracasan ¿quién podría negar la razón que simboliza Gandhi?

El Nacional, 21 de octubre de 1932.

Froylán C Manjarrez

Revista Réplica