¿Precandidatos o francotiradores? II (Crónicas sin censura 192)

Réplica y Contrarréplica
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¿PRECANDIDATOS O FRANCOTIRADORES II?

No aprendas los trucos del oficio. Aprende el oficio.

Anónimo

 

Mejor pocos truenos en la boca y más rayos en la mano.

Dicho popular.

 

Francisco Fraile García tiene el derecho de aspirar a encabezar el poder Ejecutivo. Y por qué no, hasta el de parafrasear al futbolista Jorge Valdano para decir a quienes lo enseñaron a soñar, que aún sigue en ello; que todavía vive en él el anhelo que lo indujo a trasladarse a la ciudad de Puebla para estudiar y alejarse de la atracción comercial que ejercen los abarroteros de Huajuapan de León, Oaxaca, la tierra que lo vio nacer. Se trata, pues, de una justa ambición que no deja de puyar su ánimo y que cotidianamente lo estimula a sentirse como el sucesor natural del gobernador Melquiades Morales Flores. De ahí que haya adoptado el estilo político de su amigo el gobernador poblano, o sea, los recorridos constantes a las diversas regiones de la entidad y el contacto casi familiar con campesinos, indígenas y comerciantes de las sierras Norte, Negra, Oriente y también de la Mixteca.

Me lo imagino hablando de su proyecto mañana, tarde y noche, comentándole a sus amigos íntimos y a su familia cercana los avances diarios en la conquista de voluntades electorales. Incluso me atrevo a asegurar al lector que entre sus conversaciones recurrentes existen frases como la siguiente: “Hoy estuve en Chichiquila y mañana visitaré a la gente de Ixcamilpa de Guerrero.”

Y entre las preguntas de sus hijos hay una, la constante: “¿verdad papá que vas a ser el gobernador de Puebla?”

Nadie puede negar que esa posibilidad está más cerca de Paco Fraile que de Humberto Aguilar Coronado o de la doña Ana Teresa Aranda de Orea.

El “secreto” del senador se basa en la confianza personal y en la disposición de servir a tiros y troyanos. Esto lo motiva a que todos los días haga una gestión en respuesta a las peticiones que, curiosamente, van en aumento. En su despacho del Senado de la República recibe desde llamadas hasta visitas de poblanos recomendados por priistas, panistas y perredistas. Y de esa oficina senatorial salen los oficios dirigidos a los titulares de la dependencia del gobierno federal, en las cuales, por cierto, trabajan muchos de sus correligionarios. Gracias a esas gestiones ya tiene en su agenda los nombres de decenas de hombres y mujeres de muchachos y muchachas agradecidas.

Fraile también se da tiempo para relacionarse con poblanos que radican en el Distrito Federal. Ha escogido a quienes por su cargo político o actividad comercial pueden actuar y, por ende, cosechar opiniones a su favor.

Sin empacho ni timoratez, les dice que él será el gobernador de Puebla y que por ello les pide su apoyo moral. Es más, los invita a formar parte del grupo “Amigos de Fraile”.

Esa confianza y decisión le ha ganado puntos a su favor. Y en la gran carrera panista ya lleva dos cuerpos de ventaja sobre sus dos más cercanos competidores. Le sigue Ana Teresa y detrás de ella galopa desesperado Humberto Aguilar.

Debo destacar una actitud del senador Fraile, novedosa si nos remitimos a sus acciones como presidente estatal del PAN, puesto en el que siguió las técnicas de Maquiavelo para quitar del camino a quienes fueron considerados estorbos al gran proyecto nacional del blanquiazul. Después se impuso la costumbre de no golpear a nadie, por el contrario, acercarse a sus rivales y tratar de conquistarlos sin rencores ni resentimientos. Cuando menos eso es lo que parece.

¿Le ganará la postulación a sus compañeros de partido?, preguntan los priistas.

Tal vez, siempre y cuando no se le atraviese Humberto Aguilar, su pupilo en el trabajo partidista, y que el PAN lo haga candidato. Lo más probable es que debido a su trayectoria política y condiciones electorales de Puebla, que por ahora favorecen al PRI debido, precisamente, a la intensa actividad del gobernador Melquiades Morales Flores.

Las únicas alternativas (que siguen siendo Aranda y Aguilar) tendrán que remontar la cuesta tal y como le ocurrió al priista Ángel Aceves Saucedo, cuya ausencia lo mantiene alejado del “afecto” o “simpatía” de las y los ciudadanos campesinos (de acuerdo con la moda impuesta por Fox, dicen que así debe decirse), burócratas, comerciantes, indígenas y obreros.

Y de llegar a la ansiada candidatura, ¿podría Fraile ganar las elecciones?

Sí, siempre y cuando —como todo apunta— ocurra la división de los priistas derivada de la disputa encarnizada, virulenta y pírrica, entre los precandidatos autopostulados (alguno de ellos envenenado por el resentimiento social), circunstancia a la cual apuesta el panismo poblano y desde luego nacional.

En fin, hay que tener paciencia para ver qué cuero producirá más correas, cómo se van a manejar los madrugadores aspirantes a la gubernatura y cuáles serían las características personales, profesionales y políticas que exhiban.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica