EL DESARROLLO DE PUEBLA, EN CHINO
El que nada se perdona a sí mismo, merece que se lo perdonemos todo.
Confucio.
Y yo como el chinito, nomás milando.
“Cooperación en lugar de competencia", dijo Yu Xianchen, consejero comercial y económico de la Embajada china en México, diplomático que ayer estuvo en la comida organizada por la Coordinación de Asesores con la intención de promover las bondades del «comunismo capitalista”.
Al escuchar la frase, en apariencia tranquilizadora para los industriales de casa, y a Cecilio Garza Limón, embajador de México en China, se me ocurrió suponer que el representante asiático estaba muy bien enterado del choque de criterios y las diferencias de opiniones que le han ganado espacios periodísticos a don Antonio Zaraín García y a don Mario Riestra Venegas. Y me dio la impresión de que, con la clásica bonhomía mandarina que antecede al mandoble decapitador, el agregado comercial trataba de convencer a uno y a otro para que unidos trabajen por la Puebla que, según parece, tarde o temprano caerá en las garras de los tigres asiáticos a pesar —que conste— del espíritu conciliador de la “China Poblana” (Mirrha para los cuates) magistralmente recordada por Eduardo Merlo.
Lejos del Museo de Arte Virreinal donde se verificó la reunión de marras, y desde luego acompañado de otras personas, el secretario de Finanzas Rafael Moreno Valle seguramente machacaba la necesidad de que los gobiernos estatales se desliguen del esquema operativo “que nos obliga a mantener la intermediación de la banca de desarrollo”, criterio, por cierto, manifestado al periódico El Economista en enero de 2000. Quizás hasta insistía sobre la urgente descentralización de acciones financieras para que, sin necesidad del paternalismo del Estado, las entidades puedan calificar su deuda, sanear finanzas, evaluar sus contingencias y obtener mejores condiciones de crédito; después, claro, de reformar la Constitución Política de México.
Así tenemos que los funcionarios poblanos mencionados podrían ser poseedores de ideas más o menos parecidas, aunque cada uno se maneje en frecuencias distintas. Digamos que los tres trabajan para cumplir y cumplirle a su jefe, pero que sus acciones se pierden entre la descoordinación que produce la incomunicación, el celo profesional, el personalismo o el protagonismo; y que es obvio que tanto el equipo del gobernador Melquiades Morales Flores como nuestros industriales y empresarios saben que pronto seremos víctimas o beneficiarios (según su punto de vista) de lo que Mario Vargas Llosa define como “un fenómeno extraordinariamente positivo, quizás lo mejor que le ha ocurrido a la humanidad en su historia, que es la internacionalización total del planeta, la disolución progresiva de fronteras en todos los campos”, incluidos el cultural y el tecnológico.
Para que se concretara lo dicho por el escritor tendría —de acuerdo con la tesis del médico holandés Mandeville— que darse la delicada armonía de la sociedad y desaparecer los vicios privados. Me refiero a vicios como los que ensangrentaron la plaza de Tiananmén, por ejemplo, mismos que hicieron perder al Partido Comunista Chino el “mandato del cielo”. U otros como los que George Soros llama privativos de la élite política que ha perdido el apoyo de las masas. O aquellos que impiden la concreción bondadosa de la globalización sustentada “en los tres vectores de una sociedad compensada: la competitividad de las empresas, el empleo de los asalariados y el Estado de bienestar de todos” (Jorge Estefanía, dixit. Contra el pensamiento único. Ed. Santillana).
Esperemos, pues, que esta versión de la Nao de China no nos llegue como su antecesora, que vino cargada de seda, porcelana, mitos y leyendas, decires y probabilidades, aventuras descabelladas y descubrimientos perfeccionados entonces por los mapas y rutas de navegación. Que su nueva “tripulación” se haya olvidado de las enseñanzas que hicieron de Catarina de San Juan, “la China Poblana”, una mercancía cuya mala fortuna la impulsó al misticismo que atempera la miseria, perdona el abuso y hace olvidar la inquina mundana.
Pero, sobre todo, que la ética y la fuerza confuciana incentiven a nuestros funcionarios para que formen un frente común que proyecte a Puebla e impida la explotación que parece ser el sello de las empresas maquiladoras.
¡Uníos, caballeros del gabinete! Puebla se los agradecerá.
Nota editorial
Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.
El desarrollo de Puebla, en chino (Crónicas sin censura 195)
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