José Luis García Parra, ¿omiso o distraído?

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Mientras tanto, ahí sigue la trampa vehicular. Esperando...

El 19 de mayo de 2026 le escribí en X a José Luis García Parra, coordinador del gabinete del gobierno del Estado de Puebla, ese mismo que presume resultados bajo el mando de Alejandro Armenta Mier.

En su publicación hablaba de 522 días de trabajo, de avances, de liderazgo, de esa narrativa institucional que siempre suena impecable… hasta que uno baja del discurso al asfalto.

Le escribí:

“Buenas noches, coordinador: desde el 16 de marzo, un muro de contención y una barrera de protección permanecen derruidos en la incorporación de Periférico y Avenida del Ferrocarril, tras un accidente fatal. La zona es de alto riesgo y hasta ahora no ha sido reparada. Cualquier incidente adicional será responsabilidad de la autoridad encargada de la vía. Urge atención. Gracias.”

Silencio.

Hoy es 29 de mayo. Han pasado días, semanas… y la realidad sigue ahí, intacta, peligrosa, esperando víctima.

Todos los días paso por ese punto del Periférico Ecológico, cuando uno se incorpora desde Forjadores hacia Puebla. La escena es simple y brutal: tú entras por la derecha; del lado izquierdo vienen los vehículos a 90 km/h —eso, si respetan la ley—. Basta un error, un segundo de cálculo mal hecho, un conductor distraído o imprudente, y el impacto es casi inevitable.

¿El resultado?

Tu coche proyectado contra un vacío sin defensa. Sin barandal. Sin muro. Sin Estado.

Un abismo.

Y sí, ya ocurrió. Una mujer murió ahí. Su auto quedó colgando, rojo, suspendido como una advertencia que nadie quiso leer. Se volvió viral… y luego, como todo en este país, se volvió olvido administrativo.

Hoy limpiaron las plantas.

Las plantas.

Los fierros siguen rotos ahí.

Porque en este país —y en este gobierno, por lo visto— la estética a veces importa más que la vida.

Lo he dicho antes: el diablo está en los detalles. Y los detalles, cuando se ignoran, se convierten en tragedias. Por eso luego vienen las etiquetas: gobierno simulador. No lo digo yo; lo dicen los hechos.

Porque resulta difícil entender cómo se pueden proyectar obras de 6,500 millones de pesos, como un cablebús, cuando no pueden —o no quieren— reparar un tramo que puede matar a alguien mañana.

Mañana.

No en un discurso. No en una estadística. En la vida real.

Y entonces uno entiende que el problema no es la falta de recursos… es la falta de atención. O peor: la falta de prioridad.

Por eso le escribí. Porque alguna vez escuché que el coordinador —al que el gobernador llama “el Choco”— respondía, atendía, resolvía.

Pero no.

Esta vez no.

Y no es un tema menor. Tampoco es un capricho ciudadano. Es una advertencia documentada.

Ahora bien, lo de “el Choco” merece mención aparte. No por superficial, sino por simbólico. Porque cuando el poder se vuelve apodo, también corre el riesgo de volverse caricatura.

Y uno no puede evitar preguntarse si el sobrenombre viene de:

  • Chocorroles
  • Choco Krispis
  • Choco Milk
  • Choco Flan
  • Choco Donas
  • Choco Chispas
  • Choco Tris
  • Choco Max
  • Choco Boom
  • Choco Break
  • Choco Conejo
  • Choco Cremas
  • Choco Pingüinos
  • Choco Wafers
  • Choco Brownie
  • Choco Galletas
  • Choco Stick
  • Choco Rockas
  • Choco Leche
  • Choco Bombón
  • Choco Freskas
  • Choco Helado
  • Choco Paleta
  • Choco Alegría
  • Choco Cubos
  • Choco Krispis (Kellogg’s)
  • Choco Zucaritas
  • Choco Milk
  • Choco Latte
  • Choco Cappuccino
  • Choco Avena
  • Choco Shake
  • Chocotorro
  • Choco Roles
  • Choco Pan
  • Choco Cuernito
  • Choco Muffin
  • Choco Pay
  • Choco Carlota
  • Choco Banana
  • Choco Nuez
  • Choco Fresa
  • Choco Vainilla
  • Choco Cheesecake
  • Choco Lunch
  • Choco Toys
  • Choco Surprise
  • Choco Eggs
  • Choco Milk
  • Choco Krispis
  • Choco Roles
  • Choco Flakes
  • Choco Pops
  • Choco Pie

(O de cualquiera de las infinitas variaciones dulces que, como este tema, parecen multiplicarse… pero no resolverse).

Ojalá —y ojalá de verdad— que un día próximo pueda escribir una fe de erratas que diga: “aleluya, fue arreglado”.

Sería una buena noticia.

Una rara.

Mientras tanto, ahí sigue la trampa vehicular. Esperando.

Y sí: cualquier accidente que ocurra ahí tiene responsable.

Nombre y cargo.

Y agrego algo más, por si a alguien le incomoda que esto se diga: en Puebla —y en muchos rincones de este país— no son pocos los ciudadanos y periodistas que después de señalar errores terminan recibiendo llamadas, presiones o “mensajes” para que le bajen.

No es el caso… todavía.

Pero tampoco sería novedad.

Ojalá que aquí la respuesta no sea el silencio… ni mucho menos el amedrentamiento, sino algo mucho más simple, más útil y más digno del cargo que se ostenta:

Arreglar el problema.

Nada más.

Nada menos.

Gracias.

Miguel C. Manjarrez

Revista Réplica