El Detonador (Crónicas sin censura 187)

Réplica y Contrarréplica
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El Detonador

El dinero es como el estiércol, no es bueno a no ser que se esparza.

Francis Bacon

 

Tiene razón Francisco Gil Díaz, hay que cambiar las leyes para abrir la participación extranjera al sector energético, en especial la explotación de electricidad y gas, fuentes por ahora sin desarrollo debido, entre otras cosas, a la falta de dinero. Pero semejante apertura tendrá que darse después de que el Estado de Chiapas deje de ser la otra nación que hace de México un país de alto contraste social, es decir, que concluyan los quince minutos prometidos por Vicente Fox para curar las heridas ancestrales, llagas ahondadas por las costumbres casi prehistóricas y la brutal miseria fomentada por el moderno neoliberalismo.

¿Por qué Chiapas?, se preguntará el lector.

Pues porque de allá nos llega la mayor parte de la energía eléctrica, el gas y el petróleo que se consume en territorio mexicano. Porque cuando surja y se apruebe la iniciativa para reformar las leyes a que se refiere el secretario de Hacienda y Crédito Público, volverá a hacer acto de presencia el subcomandante Marcos, el líder cuya razón de ser es precisamente combatir a quienes están coludidos con los poderes de la explotación económica. Porque volverán a “hablar las piedras parlantes” que en 1868 atrajeron miles de peregrinos (Agustina Gómez Checheo dijo que le hablaban con la voz de Dios), guijarros que curiosamente se encuentran ahogados con el agua que hoy mueve las turbinas eléctricas de las presas Mal Paso y Chicoasén. Porque adquirirá nuevos bríos la raza representada por los tzeltales y chamulas cuyos antepasados se rebelaron (1712) contra el poder irracional de la Corona. Y porque reaparecerán las protestas de los chiapanecos que reclaman la justicia prometida por la Revolución de 1910 (dice Carlos Fuentes —Los cinco soles de México—, que Chiapas nos recordó todo lo que habíamos olvidado y que incompletos y mutilados seremos si no incorporamos Chiapas a México o si permitimos que México sufra su propia balcanización, una fractura entre un norte relativamente próspero y un sur fatalmente abandonado).

No creo que Fox y su equipazo sean tan fríos como para soslayar las andanadas que sin duda lanzará el guerrillero internauta. O que tengan el arrojo de menospreciar las protestas de los millones de ciudadanos del mundo todavía solidarios con las causas del Ejército Zapatista. O que puedan tragar la “cereza del pastel” senatorial preparada y colocada por Manuel Bartlett Díaz, “enemigo personal” de todo lo que huele a PAN.

La privatización energética es, pues, una de las muchas semillas sembradas en el XIV Congreso Nacional de Economistas, ahora sí el parteaguas del siglo que empezamos a vivir. Y por quien la abonó (Gil Díaz) intuyo que junto con otros frutos germinarán controversias y comentarios de largo aliento.

Claro que hubo ponencias igual o más interesantes, aunque de impacto posterior. Es el caso de las relativas a la educación superior y a la reforma del Estado. Y entre ellas aparecieron las reacciones locales derivadas de lecturas políticas personales e interesadas, contraataques que podrían dejar de atraer la atención del público una vez que empiecen a notarse las consecuencias positivas del Congreso Nacional de Economistas.

El destinatario de esas resistencias momentáneas fue Rafael Moreno Valle Rosas, presidente del Colegio de Economistas de Puebla, responsable también del éxito del Congreso y por ello autor material de la inefable repercusión política de beneficio para el estado (después de 18 años hizo acto de presencia en este tipo de actos el presidente de México, y el Congreso Nacional se llevó a cabo fuera de la capital del país). Es natural que sus adversarios se sientan incómodos e incluso que hasta muestren cierta agresividad, dado que en tres días Rafael avanzó un buen trecho en la carrera por la sucesión. Ángel Aceves Saucedo, por ejemplo, manifestó a la prensa local su inconformidad por el “beneficio político” que Moreno Valle obtuvo de la reunión nacional de sus colegas economistas. Y aunque Germán Sierra Sánchez no hizo ninguna declaración pública (junto con Moreno Valle es puntero en esta competencia “civilizada”), yo creo que sintió lo mismo que Aceves. De Mario Marín Torres solo podemos decir que se mantuvo alejado porque, como el lector sabe, el Ayuntamiento paredista investiga los supuestos desvíos cometidos por treinta y cuatro de sus colaboradores cercanos.

En fin, la reunión nacional que atrajo a Puebla a varios gobernadores, secretarios de Estado, legisladores, dirigentes partidistas, rectores y destacados profesionistas, sirvió de foro a Vicente Fox Quesada quien —a través de su secretario de Hacienda— pidió a la sociedad que respalde la inversión privada en el sector energético. Yo creo que sin darse cuenta, don Chente (o Paco Gil) armó varias bombas políticas, incluida desde luego la que más le afecta: Chiapas.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica