La entrevista (Crónicas sin censura 161)

Réplica y Contrarréplica
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LA ENTREVISTA

Somos hojaldras, pero de buena panadería.

Brozo

Al mejor mono se le cae el zapote.

Dicho popular.

 

Melquiades Morales requiere terminar su mandato con la satisfacción de haber cumplido con su deber para así caminar por las calles de la Angelópolis sin que nadie le reproche nada. Es lo que dijo al Sol de Puebla en una entrevista que no tiene desperdicio, diario al cual llegó y se fue precisamente caminando por las calles de la ciudad, trayecto que aprovechó para acercarse a las personas, saludarlas, escucharlas y mostrarles su interés de poblano, amigo y gobernante.

Y digo que no tiene desperdicio la entrevista que firma Jorge Rodríguez, porque en ella surgieron temas que inquietan a la burocracia y a los poblanos interesados en no perderse la información política.

Uno de esos temas: los cambios que han acaparado la atención en corrillos y mentideros políticos.

“¿Se rumora que saldrán los titulares de la SEP, Sedecap, Sedeco y Comunicación Social?”, fue una de las preguntas. Y la respuesta: “Felipe (Flores, director de Comunicación Social) está firme…”.

“¿Traemos a Ernesto (Echeguren, director de Atención Ciudadana y quien se rumora querría relevar a Felipe Flores) para preguntarle?”, insistió Jorge Rodríguez.

“—Él (Ernesto) ya tiene su chamba. Y tiene de sobra…

“—Pero ¿habrá o no cambios?”

“—No los descarto, es lo único que le puedo decir…”.

También le preguntaron sobre la posibilidad de que Mario Marín se acomode en el gabinete. Y la contestación del mandatario fue tan vaga como desalentadora para el equipo de Marín.

Respondió: “Vamos a ver. Dependerá de las circunstancias”.

A esta pregunta con jiribilla le siguieron otras con el mismo efecto. Por ejemplo:

“La mayoría de los aspirantes a suceder a Melquiades Morales están desatados, tanto en el PRI como en el PAN. De hecho, el día del informe el Centro de Convenciones fue marco de reiterados autodestapes. ¿Cómo ve la sucesión?”

“Está muy lejos”.

“¿Qué opina de los que quieren?”

“Todos son buenos”.

“¿Moreno Valle es su delfín?”

“De ninguna manera”.

“Pero parece —insiste cáustico el entrevistador— que puede hacer lo que quiera, mete mano donde le place, coloca gente de su confianza en distintas dependencias. ¿Usted lo autoriza o no?”

“Fíjese que no es así. Mire, yo evalúo a las personas y no porque los llame de un lugar a otro significa que son piezas o cuñas para apoyar a un grupo determinado, de ninguna manera. Porque hay muchos colaboradores que los va uno viendo en el trabajo y los va uno incorporando a otras actividades, pero no es una señal para fortalecer a una determinada persona. Además, no es tiempo todavía”.

En seguida el reportero agrega que Melquiades Morales dice que el candidato a gobernador del PRI debe tener prestigio dentro de las filas del partido y fuera de ellas, pero sobre todo capacidad para ganar. Y aquí, si me lo permite, meto mi cuchara.

¿Quién de los aspirantes tiene prestigio dentro y fuera del PRI para ganar la próxima elección local?

¿Dejará Luis Eduardo del Sagrado Corazón de Jesús Paredes y Moctezuma que Marín conserve el prestigio que con trabajo, publicidad y maña ha logrado?

¿Guillermo Pacheco Pulido llegará entero a la final de esta carrera abortada por el propio Marín?

¿Germán Sierra Sánchez podrá integrar un equipo de trabajo que lo impulse y haga que la sociedad olvide sus tropezones?

¿Rafael Moreno Valle Rosas se decidirá a incursionar en la carrera partidista y electoral, que es lo único que hace falta?

En efecto, la sucesión todavía está muy lejos y todos los que quieren ser gobernador cuentan con currículum para ubicarse en la final. Solo tienen que convencer a Melquiades, cuyo poder político va en aumento. Recordemos que desde que los priistas perdieron la Presidencia de México, sus gobernadores se transformaron en los conductores naturales del partido y, en consecuencia, adquirieron el compromiso de actuar como el “fiel de la balanza”, además de la obligación de valorar el prestigio que dentro y fuera del PRI haya logrado quien deba ser ungido candidato.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica