POLÍTICOS ESPECTACULARES

No todo lo que es permitido por la ley es siempre honesto en moral.
Jacques de Lacretelle
Circulo por las calles de Puebla y me salta el azul por todos lados. Son los espectaculares de Tony Gali Fayad, Pablo Rodríguez Regordosa y Jorge Aguilar Chedraui, propaganda que así como agrede la inteligencia de los ciudadanos, también contamina el paisaje urbano.
Es uno de los métodos —según dicen el menos efectivo— que permite mostrarse ante la sociedad que pretenden gobernar. El problema es que tenemos que mirar de abajo hacia arriba para verlos. Uno acompañado, el otro presumiendo la Audi, y el tercero con el brazo extendido como solía hacerlo Hitler, falla ésta de su manejador de imagen.
Bueno, pues resulta que estos aspirantes adelantaron los tiempos de campaña o precampaña. Por ello bordean el ilícito encubiertos con un pretexto que ni sus abuelitas se lo creerían: “No, yo no me promuevo, es la revista que aprovecha mi imagen y carisma para anunciarse”. ¡Por favor! Ojo con lo que dijo Albert Camus: “Un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo”.
Ninguno de los mencionados aceptará que violenta la ley electoral. Y la verdad es que les asiste la razón gracias a la ambigüedad del estatuto que regula las campañas políticas en Puebla. “Hecha la ley, hecha la trampa”, diría el abogado de cualquiera de ellos.
Otro dato: a menos que se demuestre lo contrario, los mencionados sufragan el gasto de los espectaculares, erogación que en conjunto rebasaría las seis cifras. Y esto, aquí y en China, se llama inequidad electoral. Empero, gracias a esa ambigüedad, no se les contabilizará la "inversión" cuando sean candidatos, uno a la alcaldía y los otros dos a la diputación.
¿La moral es un árbol?
Tanto Tony Gali como Pablo Rodríguez y Jorge Aguilar, servidores públicos de primer nivel, se han valido de la sentencia enunciada. Los tres, insisto, bordean la frontera de las violaciones que ahí están en libros y ensayos sobre el tema en cuestión. Aunque de ello no pasen es obvio que el abuso ya puso en alerta jurídica a los aspirantes de los otros partidos, excepto claro a los priistas que emularon la “estrategia” para, sin habérselo propuesto, limitar las protestas de su partido.
Ante la ostentosa propaganda anticipada, habrá quien pregunte si es o no correcto manipular las leyes con la intención de gobernar a los habitantes del municipio de Puebla.
Veamos algo sobre el tema y usted, lector, será el que decida:
Jesús Ramírez-Bermudez (Breve Diccionario clínico del alma, Random House Mondadori, 2010), Premio Nacional José Revueltas, dice que “la mayoría de los políticos mexicanos son narcisistas y sociópatas que viven para sí, además de ser manipuladores…” Y agrega que lo común en ellos son esos elementos aunque no tan burdos como aparecen en los manuales de diagnóstico psiquiátrico. Los fenómenos clínicos, aduce, “están bien encubiertos por los talentos y encantos de la simpatía política".
Ahora bien, si este “saco” no está hecho a la medida de los aspirantes mencionados, entonces échele una leída a la siguiente perla psicológica, misma que también proviene del autor referido:
Los políticos pueden tener una enorme simpatía que los hace atractivos para las multitudes, pero que con sus actos demuestran desprecio por los sentimientos de otras personas. Es el caso de "su capacidad para la estafa intelectual y sentimental, es decir, para manipular a la opinión pública" a través de quien se deje o se lo proponga o se lo acepte.
En fin, dejemos en paz a los susodichos aspirantes (buenos, malos, manipuladores o mentirosos, usted dirá) y cuestionémonos si somos nosotros los ciudadanos los que interpretamos mal sus promociones anticipadas. O como diría San Agustín: si las suyas son mentiras piadosas que merecen perdonarse. El problema para los hombres públicos es que en este asunto, la ley y la ética se anteponen a lo piadoso.
Puebla en la globalización
Según el artículo 12 de la declaración Universal de las Responsabilidades Humanas del Consejo de Interacción de ex jefes de Estado y de Gobierno, "nadie, por importante o poderoso que sea, debe mentir" (El País, 15 de mayo de 2008).
Eso significa que ni siquiera los políticos u hombres de Estado tienen derecho a una moral especial, o que los Estados deban regirse por los mismos criterios éticos de los individuos que los encabezan, o que los fines políticos justifiquen medios inmorales. Lo dice Hans Kung, catedrático emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga (Alemania) y presidente de la Global Ethic Foundation, autor del artículo publicado por el periódico arriba citado. Agrega Hans:
“Las mentiras personales, como las que contó el ex presidente estadounidense Bill Clinton durante el caso de Monica Lewinsky, son malas. Pero lo peor es la falsedad, que afecta al fondo de las personas y sus actitudes esenciales (como puede verse en la actitud del presidente George W. Bush durante los cinco años de la guerra de Irak). Y lo peor de todo es la mendacidad, que puede impregnar vidas enteras...”
El agua de los camotes
Antes de citar a Armando Luna Canales (Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, “Marco normativo de los actos anticipados de campaña”), tomo las siguientes líneas del artículo publicado en Homo zapping cuyo autor es Noé Ixbalanqué Bautista Martínez:
(Los) políticos están faltando al principio normativo de la ley electoral, tanto la estatal consignada en la fracción II del art. 7 del Reglamento de Quejas y Denuncias del IEE Puebla, que define a los actos anticipados de precampaña, así como el art. 211 del Código Comicial federal, que al efecto establece expresamente:
- Los precandidatos a candidaturas a cargos de elección popular que participen en los procesos de selección interna convocados por cada partido no podrán realizar actividades de proselitismo o difusión de propaganda, por ningún medio, antes de la fecha de inicio de las precampañas.
Claro que el 211 se puede interpretar de acuerdo con la maña que se use para justificar los adelantos promocionales. Como ya lo apunté: “hecha la ley hecha la trampa”. Sin embargo, para combatir este exceso hay otro dicho basado en la lógica jurídica: en derecho lo que puede lo más, puede lo menos.
Ahora veamos lo que escribe Luna Canales:
… podemos decir que en legislación federal regula expresamente los actos anticipados de precampaña y campaña, así como las conductas que los configuran, los sujetos a quienes se les imputa la responsabilidad correspondiente, el procedimiento a través del cual se determina la existencia de la infracción y las sanciones aplicables. Asimismo determina que los actos anticipados de precampaña y campaña tienen en común los medios comisivos de la infracción, es decir, los escritos, publicaciones, imágenes, grabaciones, proyecciones, expresiones, así como las reuniones públicas, asambleas, marchas; y se diferencian por lo que hace a la calidad del sujeto —aspirante, precandidato o candidato—, así como al periodo de tiempo en que tienen lugar.
El problema o ventaja —depende cómo se mire— es que la legislación electoral de Puebla forma parte de la minoría nacional (9% de las entidades) cuya regulación es ambigua, por no decir mañosa. Esto porque establece una prohibición general y no regula como infracción ni considera el procedimiento a través del cual se sustancian las quejas correspondientes. Menos aún establece las sanciones aplicables al caso.
Final feliz
Una de dos: o los aspirantes que llevan a cabo actos anticipados de precampaña electoral, pueden ser personas ajenas a la ética pública que exige la sociedad a la que pretenden gobernar, o son unos ingenuos víctimas de asesores jurídicos que han hecho de la maña su modus vivendi. Incluyo en este segmento a Pepe Chedraui Budib y a Víctor Giorgana Jiménez, el primero un buen hombre que quiere ser político, y el segundo un buen político que busca ser un hombre importante. Ninguno de los dos servidor público, por cierto.
Lo espectacular de esta pre contienda es que una vez más se demuestra que, como se dijo en el siglo pasado, Puebla sigue siendo el último bastión español dominado por los árabes.
Publicado el 3 de febrero de 2013 por Revista Réplica.