COLUMNA DEL DIRECTOR

- Colegas con verbo de dómine amargado
- Todavía la dialéctica de los científicos
- Actitud impecable del secretario de Educación
- Una insensata actitud de subversión
De algunos días a la fecha viene creciendo el tono con que los periódicos de empresa elaboran sus comentarios editoriales, para desarrollar persistentemente una aviesa campaña contra los empeños de honda transformación que caracterizan los primeros actos de los funcionarios del nuevo gobierno nacional. El blanco de sus ataques es ahora el secretario de Educación Pública.
Hicieron la primera salida detonante las hojas de ínfimo orden, cuyas palabras, manidas y desprovistas del menor pensamiento, no podían merecer otra atención que la del que se resigna a escuchar el acento engolado de cualquier gallináceo que cree hallarse por encima del genio. Luego, fueron otros órganos de publicidad de más embozada táctica y acostumbrados al manejo de otras formas de dialéctica, los que tomaron su turno. Entonces apareció una vez más el verbo de dómine amargado de los rotativos El Universal y Excélsior.
En una parte el editorial pastoso, amañado, en el que se diluye cuidadosamente el propósito central de sumar esfuerzos a la campaña contumaz que los grupos conservadores sostienen por diversos modos; y de otra parte, el editorial en que se destilan viejas pasiones en que salta de cada renglón la cultivada perfidia y en que se descubren todas las facetas de la estrategia retrógrada.
Una ocasión para desplegar la última ofensiva fueron las declaraciones hechas por el licenciado García Téllez al dar respuesta a un cuestionario presentado por un periódico de provincia. A un mismo tiempo y con iguales escarceos —como inducidos por una voluntad superior—, los dos diarios dijeron su objeción, desbordando con ella los términos de la verdad, desvirtuando las realidades vigentes para tratar de empañar lo que es diáfano y recto.
Los dos puntos de argumentación esgrimida, se resumen: en situar al secretario García Téllez en posición contraria a la estructura constitucional del país y en negar al pueblo capacidad bastante para el ejercicio del gobierno propio.
A este último aspecto nos referimos de paso, sólo para poner en relieve la mentalidad de los hombres de Excélsior, exhibida en la singular nota editorial del 19 de enero en curso. En ella se encontrará el anacrónico modo de discurrir, invariablemente fallido, de aquellos insignes caballeros de la pedantería que se atribuyeron el título de “científicos” y que señorearon la decadencia porfirista.
Excélsior ahora, como ayer los científicos, se apoya en el desprecio, en la menorvalía, en la precaria situación de las masas. Para el cotidiano de la vida colonial, nada que no sea una calamidad pública puede esperarse del proletariado: el gobierno, la dirección de los negocios nacionales, corresponde a las “élites” de la burguesía, dueña absoluta de la cultura y de los medios superiores de dominio económico.
El mismo cliché ideológico de los que redactaron El Imparcial de 1909.
Eso no tiene nada de extraordinario: un pequeño cuarto de siglo, con dos o tres lustros, cuando menos, de guerra intestina y unos cuantos acontecimientos más que cambian el régimen de la propiedad, que transforman la estructura económica, que modifican sustancialmente el estatuto jurídico de la nación y que renuevan el concepto de la vida de relación entre los hombres, no son factores suficientes para modificar las convicciones de los vástagos de aquellos escritores.
Ahora trataremos de esclarecer la actitud impecable del secretario de Educación.
Sólo una inexcusable ligereza, una ceguedad obstinada o los resortes de una oscura intención, pudieron llevar a los desaprensivos publicistas que llenan las columnas editoriales de El Universal y Excélsior, a considerar que México se halla, punto más, punto menos, en un régimen liberal e individualista con las características que distinguen a esa forma de organización social, económica y de gobierno.
Conforme a nuestra estructura constitucional, el país no puede ser tomado como una entidad regida por las normas clásicas ni del colectivismo ni del individualismo. El antiguo derecho de la propiedad territorial se ha modificado en el concepto jurídico que expresa el artículo 27 constitucional, desde el momento en que faculta al Estado para imprimir a la propiedad las modalidades que en todo tiempo dicte el interés público, y en la evidente realidad del reparto de tierras. (Los colegas no deben olvidar que se han dado ejidos a los pueblos, y tienen que darse cuenta de que se sigue dotando de parcelas a los campesinos).
La intervención del Estado en el juego de la producción, de la distribución y del cambio, es también un aspecto que ha rebasado con mucho las lindes del individualismo económico, para conducirnos en marcha progresiva hacia un régimen de economía dirigida. (Cosa de la que también nos permitimos informar a nuestros camaradas de Bucareli).
Y por lo que se refiere a la educación socialista, esto es, a un género de enseñanza que tiene por meta capacitar a los hijos de los proletarios para el uso de los recursos de defensa y de lucha de que han menester en la inmediata etapa de acción colectiva, para llegar después a la posesión de la cultura que es todavía privilegio de la burguesía y a la dirección del país organizado, debemos recordar a los impugnadores del secretario de Educación que se trata de un precepto constitucional, cuyo sentido es claro y exacto en la forma en que lo expone este funcionario y en los términos del dictamen aprobado por todos los cuerpos legislativos de la República. Recomendamos la lectura de tal documento a los olvidadizos intelectuales de los colegas ultramontanos, sobre todo en la parte donde se dice que:
los recursos económicos del Estado deben encaminarse a resolver el problema de dotar a las masas de obreros y campesinos, de todos los tipos técnicos, profesionales, etcétera, que éstas necesitan para la defensa de sus intereses, y además, “dotar al país de los individuos directores y de cultura superior que la conducción y el manejo del conjunto de los problemas nacionales reclama, pero que tales directores deben ser formados cuidadosamente, con la más alta cultura y extraídos siempre de las masas obreras y campesinas”.
(Textual en el dictamen de las Comisiones de la Cámara), compañeros. Y no creemos ocioso advertir que la reforma del artículo tercero entró en vigor desde el mes de diciembre retropróximo.
¿En qué, pues, se ha apartado el secretario García Téllez del pensamiento que inspiró la nueva enseñanza y en qué de la política que sustenta el partido en el poder, que postula una transformación del régimen de apropiación, tenencia y usufructo de las fuentes de riqueza y de los instrumentos de la producción, no para imitar servilmente a la organización de la URSS, pero sí para que, dentro de las modalidades distintivas, características, genuinas, de nuestro país, el interés de la colectividad prevalezca en todo momento sobre cualquier interés de los individuos?
Por lo demás, no compartimos los temores escalofriantes que indujeron a Excélsior a contemplar como una realidad catastrófica la paralización de nuestra economía, la atonía de las operaciones en el mercado nacional, el derrumbe del crédito, y otras hecatombes, como consecuencia de las declaraciones que a un periódico de provincia hizo el señor licenciado García Téllez, explicando el sentido de una reforma que, como la educativa, no afecta de inmediato los intereses económicos de los actuales poseedores de la riqueza.
Naturalmente que ahora nos toca explicar la razón de esas inusitadas alarmas de El Universal, Excélsior y sus edecanes.
La verdad de fondo en esa oposición consiste en que la reforma escolar es para ellos una derrota, no tanto en lo que significa tendencia a un cambio de la estructura social y económica, sino en lo que tiene de combativa de fanatismos y prejuicios en que sustenta su influencia el clero.
Y fue por esto que cuando la escuela socialista estaba en proceso legislativo, se movilizaron por la Iglesia católica todos los medios de resistencia, incluyendo las algaradas callejeras de algunos mozalbetes universitarios, para hacer creer que la opinión del país era contraria a la implantación de la nueva enseñanza. La demostración proletaria del 28 de octubre último, organizada por las clases laborantes y por el Partido de la Revolución, atajó la maniobra clerical de entonces; pero ahora reaparece con la misma táctica de siempre, enderezándose contra un secretario de Estado, al que pretenden aislar, para el ataque, del régimen a que pertenece. Igual cosa hicieron ayer contra el licenciado Garrido Canabal, sin pensar que a nadie pueden engañar con esas batidas parciales.
Finalmente, es conveniente que la nación sepa que no es el secretario de Educación quien rompe con la verdad de nuestras instituciones en vigor ni se aparta del ritmo de periodo de transición que caracteriza la vida del país, sino que son los insensatos periódicos al servicio de intereses conservadores los que asumen una actitud subversiva frente a un mandamiento constitucional.
El Nacional, 23 de enero de 1935.
Froylán C Manjarrez (Diputado Constituyente de 1917, gobernador de Puebla y director del periódico El Nacional)