Desmentir no es negar la importancia de las emociones; es defender la verdad frente a la comodidad del mito...

En redes sociales circula con insistencia una afirmación tan atractiva como peligrosa: que en los hospitales psiquiátricos no hay casos de cáncer porque las personas internadas están “separadas” de emociones como la culpa, el rencor o la frustración. El argumento se adereza con un supuesto respaldo académico: un estudio de la Universidad de Harvard.
El problema es simple y grave: esa investigación no existe.
La afirmación, repetida en videos, publicaciones motivacionales y discursos de “sanación emocional”, no tiene sustento científico, y atribuirla a Harvard es una forma clásica de legitimación falsa: se invoca una institución prestigiosa para dar apariencia de verdad a una idea que no ha pasado ningún filtro académico.
El dato incómodo: sí hay cáncer en pacientes psiquiátricos
Contrario a lo que se afirma, las personas con trastornos mentales sí desarrollan cáncer, y no en proporciones marginales. Estudios epidemiológicos amplios publicados en revistas científicas de alto impacto —como JAMA Psychiatry— muestran que la incidencia de cáncer en personas atendidas por servicios de salud mental es similar o incluso mayor que en la población general, dependiendo del tipo de trastorno, edad, hábitos y acceso a servicios médicos.
Algunas investigaciones señalan que pacientes con trastornos psiquiátricos graves presentan diagnósticos tardíos y mayor mortalidad por cáncer, no porque estén “protegidos emocionalmente”, sino porque enfrentan barreras estructurales: menor acceso a estudios preventivos, abandono de tratamientos, pobreza, estigmatización y comorbilidades como tabaquismo o consumo de sustancias.
El mito de las emociones como causa (o escudo) del cáncer
La idea de que emociones como la culpa, el enojo o el rencor causan cáncer, o que su ausencia lo previene, no está respaldada por la oncología moderna. Instituciones médicas como Mayo Clinic han sido claras: el estrés y las emociones no son causas directas del cáncer.
Esto no significa que la salud mental no importe. Importa —y mucho— para la calidad de vida, la adherencia a tratamientos y el bienestar general. Pero confundir influencia con causalidad es un error científico que puede derivar en culpa, estigmatización y abandono de tratamientos médicos reales.
¿De dónde surge entonces la confusión?
Algunas investigaciones han observado lo que se llama comorbilidad inversa: ciertos padecimientos neurológicos (como Parkinson o Alzheimer) parecen asociarse con menor incidencia de algunos tipos específicos de cáncer.
Pero las explicaciones propuestas son biológicas y genéticas, no emocionales, y no aplican a la población psiquiátrica en general.
Convertir estos hallazgos complejos en frases simplistas de redes sociales es, en el mejor de los casos, ignorancia; en el peor, irresponsabilidad.
Cuando la desinformación se disfraza de esperanza
El verdadero peligro de este tipo de discursos no es solo que sean falsos, sino que desplazan la responsabilidad hacia el individuo: si enfermas, es porque no sanaste tus emociones; si no te curas, es porque sigues cargando rencores.
Ese mensaje no es ciencia: es culpa maquillada de espiritualidad.
Conclusión
No existe ningún estudio de Harvard que afirme que los pacientes psiquiátricos no desarrollan cáncer.
No existe evidencia científica que sostenga que la ausencia de emociones “negativas” prevenga el cáncer.
Y sí existe abundante investigación que demuestra que la salud mental y la salud física deben atenderse juntas, no enfrentarse ni sustituirse.
Desmentir no es negar la importancia de las emociones; es defender la verdad frente a la comodidad del mito.
Fuentes consultadas
- JAMA Psychiatry: estudios epidemiológicos sobre incidencia de cáncer en pacientes con trastornos mentales.
- National Institutes of Health (NIH): investigaciones sobre comorbilidad entre enfermedades mentales y cáncer.
- Mayo Clinic: desmitificación de la relación directa entre estrés/emociones y cáncer.
- PubMed / PMC: revisiones sistemáticas sobre salud mental y enfermedades oncológicas.