La Pluma y las Palabras (Un planteo trascendente de la política revolucionaria)

Réplica y Contrarréplica
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UN PLANTEO TRASCENDENTE DE LA POLÍTICA REVOLUCIONARIA

Problemas del más alto interés para la vida de la nación bajo el régimen revolucionario, fueron tratados con singular firmeza y claridad por el presidente Cárdenas en ocasión del viaje que realiza por la zona que, en los estados de Morelos y México, fue almácigo fecundo donde germinaron los nobles ideales de reivindicación sostenidos por el movimiento agrarista suriano.

Fueron ellos, principalmente, el relativo a dotar de armas a los ejidatarios —y en caso necesario a los asalariados industriales— con el objeto de garantizar y defender las conquistas obtenidas por el proletariado, y el que se refiere a la actitud de preparación que deben tomar las nuevas generaciones para transformar nuestro régimen económico, a fin de lograr que se implante y asegure un sistema equitativo de distribución de lo producido por la colectividad, conforme a las nuevas tendencias históricas que por todas partes se avizoran.

De este modo quedó planteada y enérgicamente definida por el jefe del Estado, en sus verdaderos y más auténticos lineamientos, la política que para realizar los postulados económicos y sociales de la revolución, ha de seguir el gobierno emanado del movimiento libertador, con el apoyo pleno del ejército nacional —firme guardián de nuestras instituciones— y con el respaldo magnífico de las masas campesinas y obreras de todo el país.

Frente a la oposición sistemática e injustificada del sector reaccionario, que no repara en medios —por condenables que ellos sean— para obstruccionar a los campesinos organizados, atacando sus conquistas y cometiendo con los funcionarios ejidales y con los maestros rurales monstruosos atentados, es menester constituir las Milicias Auxiliares del Ejército Nacional, o Defensas Agrarias, cuya misión fundamental ha de ser la de impedir los atropellos de la oposición insensata y otorgar las más amplias garantías a los ejidatarios de todo el país.

El Ejecutivo de la Unión —afirmó el presidente a los alumnos y profesores de la Escuela Central Agrícola de Tenería— cumple por medio de la acción pacífica su programa revolucionario y trata de llevar el convencimiento a sus opositores. Pero, si la oposición persiste en no hacer caso de la labor de buena fe del gobierno, éste se verá obligado a seguir armando a los campesinos y, en caso necesario, a los obreros, para garantizar el reparto de la tierra y defender su disfrute, y para hacer efectivo el mejoramiento económico de la clase trabajadora.

Esta es la vigorosa expresión del propósito que anima al general Cárdenas para defender tenazmente y consolidar las conquistas agrarias de la revolución, y no es necesaria otra prueba de la confianza plena que tiene en el respaldo de las masas proletarias para el desarrollo de su irreprochable política de transformación social.

Mas el presidente sabe, por su experiencia desde que fuera jefe de operaciones militares en las Huastecas, que la reacción ha encontrado un reducto poderoso en esos medievales ejércitos privados que la certera conciencia campirana ha llamado “Guardias Blancas”; y por eso anteayer confirmó a los ejidatarios de Tenancingo su determinación no sólo de constituir las Defensas Agrarias exclusivamente con campesinos, sino también de proceder al desarme de los cuerpos sostenidos por los capitalistas, encomendando a las propias defensas la misión de garantizar la seguridad y el orden en las zonas rurales y de proteger las realizaciones revolucionarias, para dar ocasión de “demostrar que los agraristas sólo ansían paz y oportunidades de trabajo, y que son capaces de otorgar garantías a los demás ciudadanos a fin de que la nación ingrese a una era de tranquilidad constructiva”.

Y es que esta convicción profunda de la necesidad de confiar a los campesinos armados la defensa de lo que la revolución conquistó es ya vieja en el pensamiento del primer magistrado, lo mismo que la de proceder al desarme de las guardias blancas. La puso en práctica durante su gestión militar en las Huastecas desarmando a los cuerpos al servicio de las empresas petroleras. Posteriormente, desde la Secretaría de Guerra, patrocinó la idea de armar a los agraristas e incorporarlos al ejército formando las milicias auxiliares y con la misma decisión la postuló como candidato nacional. Luego, en el discurso pronunciado al tomar posesión de su alto encargo, afirmó la identificación del ejército nacional con las masas campesina y obrera en sus actividades sociales y en las diferentes etapas de la lucha de clases, y anunció que muy pronto surgirían de ellas las milicias locales que deben constituir la Guardia Nacional, para que el gobierno logre eliminar el reducto de la reacción organizada, que no es otro que las guardias blancas, tras del que se escudan bastardos intereses contrarios a las aspiraciones populares. Y ahora, como responsable de la marcha del Estado, se dispone a realizar esta táctica elevándola a la categoría de un principio de gobierno.

En todas partes pueden advertirse los signos de los tiempos nuevos, que van imponiendo la necesidad de una transformación en el régimen económico sobre el que la sociedad se sustenta ahora, y ello urge al régimen emanado de la revolución a adoptar una política fuerte que tienda a echar los sillares de la nueva organización social.

Porque el gobierno revolucionario no puede permanecer indiferente ante la injusticia que domina en el campo de la distribución de las riquezas producidas por el trabajo de la colectividad y ante la perniciosa anarquía que en el campo de la producción impera; y entonces ha de buscar —por los medios adecuados a nuestra realidad social y a las necesidades de nuestra clase proletaria— los caminos que conduzcan hacia la necesaria transformación, para asegurar orden en el régimen de producción y equidad en el sistema de reparto.

Y ello no puede lograrse plenamente por la sola acción coordinadora inmediata del Estado, sino que requiere también, y principalmente, un proceso previo de preparación de la juventud proletaria, que mañana habrá de enfrentarse con los graves problemas que implica la tarea de dirigir a la sociedad.

Esta es la idea, neta y diáfana, que presidió la exhortación hecha a los profesores y alumnos de la Escuela Agrícola de Tenería por el presidente Cárdenas, cuando finalizó su discurso diciéndoles: “La juventud debe prepararse para la transformación de nuestro régimen económico, es decir, para hacer llegar a todas partes una distribución equitativa de los productos y las utilidades”.

A propósito de todo esto, he de repetir aquí lo que otras veces en este mismo diario se ha afirmado, en el sentido de que nada hay en estos postulados, que sostiene el Partido de la Revolución y va ejecutando al gobierno por él respaldado, que pueda interpretarse como tendiente a la subversión del orden establecido por nuestras instituciones revolucionarias, ni tampoco como una aplicación improcedente de doctrinas que no corresponden a nuestras realidades históricas.

La institución de las Milicias Auxiliares del Ejército no es otra cosa que un resultado de la necesidad de consolidar las reivindicaciones obtenidas por el proletariado, ya incorporadas a nuestra Ley Fundamental; y al mismo imperativo de defensa obedece el propósito de desarmar a los cuerpos que la reacción mantiene para el logro de sus fines de clase dominante. Es así como, mediante la constitución legal de las Defensas Agrarias, se obtendrá además una plena garantía de orden y seguridad en las zonas rurales, al encomendarse esa función a los mismos interesados en desempeñarla con la mayor eficacia, por la importancia vital que para ellos tiene.

Y la preparación de la juventud para la transformación del régimen económico actual, está ya prevista en el Plan de Seis Años, el cual previno que se adoptara el carácter socialista para la enseñanza, y juzgó que “las modificaciones introducidas en la producción por el progreso de la técnica, no han sido acompañadas aún por los cambios correlativos en el régimen de la propiedad de los instrumentos de producción y en la distribución de la riqueza”.

El Nacional, 11 de diciembre de 1935.

Froylán C Manjarrez

Revista Réplica