Puebla, el legado (La magia)

Réplica y Contrarréplica
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La magia

El paternalismo y los gobiernos centralistas hicieron de la cultura un acto de oportunismo burocrático. Incluir el tema cultura en su retórica, permitía al gobernante adornarse y al mismo tiempo ocultar aquello que podria ubicarlo justo en la línea que divide a la corrupción de la honestidad. Había que taparle el ojo al macho y mantener distraídos a los intelectuales independientes. El mañoso esquema fue alimentado hasta que las redes sociales aparecieron en el espacio mediático. Las interacciones entre los internautas funcionaron como si fuese un gran martillo capaz de romper el grueso blindaje que durante décadas protegió a los mandatarios dedicados a promoverse como alternativa viable para encabezar al poder Ejecutivo de México. La sociedad lo percibió y decidió pedir cuentas e incluso hurgar en el gasto público de los políticos que priorizaron la promoción de su imagen personal, en algunos casos con obras suntuarias e inoperantes para dizque promover la cultura pero, hay que decirlo, enmarcadas en el rubro comercial que incluye los negocios de quienes gobiernan para enriquecerse poniendo en acción el apotegma político que ha resistido todas las cruzadas moralizadoras, incluida la de Miguel de la Madrid: el que no salpica, se seca.

Valga aclarar que antes de que se diera esa llamémosle coincidencia en la Gran Nube, dentro de la BUAP aconteció un hecho importante: la cultura se quitó la rienda burocrática que durante algunos sexenios la mantuvo sometida al contentillo del gobernante o, en el mejor de los casos, asida al comodino costumbrismo intelectual. El cambio fue posible gracias a la energía social, o sea el motor que impulsa, mueve y transforma, fuerza cuya inercia indujo en sus directivos la necesidad de librarse de la potestad y controles del gobierno y desde luego a fomentar la participación silenciosa de su base social.

Una de las primeras manifestaciones de esa sinergia es sin lugar a dudas el Complejo Cultural Universitario. Ahí se produjo el fenómeno previsto por el entonces rector, según lo manifestó Alfonso Esparza Ortiz. “La Universidad —repito lo dicho por Esparza— se ajustó a la visión cultural del rector Agüera Ibáñez, acciones diseñadas con la intención de mejorar la oferta cultural y hacer que la sociedad acudiera a ese Complejo Cultural. Y se logró.”

La voz del pueblo

Los jesuitas descubrieron que para tener éxito en su misión evangelizadora era necesario involucrar al pueblo a partir de la influencia de los líderes naturales. En Japón y en China, por ejemplo, aprendieron que se garantizaba el éxito en la difusión de su fe si se adaptaban a los usos y costumbres de la gente común. Así lo hicieron, sin embargo, al final del día, fueron derrotados por la milenaria raigambre cultural china. Esto porque se toparon con la exigencia de varios emperadores que impusieron su autoridad sobre la potestad de la Iglesia de Roma. La disputa entre las cabezas del poder cívico-espiritual y el poder religioso, más las persecuciones contra los cristianos y la actitud autoritaria del Papa, acabaron con los intentos diseñados con el interés de convertir al pueblo sin reparar en la posibilidad de enfrentar el sincretismo que, por ejemplo, se dio en América, especialmente en México. Los generales del Ejército de Dios entendieron que el poder civil los separaba de su objetivo pastoral. También comprendieron que su alianza con el pueblo les ayudaría a negociar con la autoridad de la Iglesia. Su problema fue que en aquel tiempo era materialmente imposible articular y unir a su favor la fuerza y la fe populares. Por ello y otras minucias financieras, los expulsaron de los territorios que operaban de acuerdo con la directriz espiritual del vicario de Cristo. Su autonomía e influencia popular los había hecho el grupo más incomodo y peligroso para la Corona. Las actitudes y razonamientos de los miembros del Ejército de Dios sembraron en el pueblo la semilla de la libertad y, por ende, el deseo de liberarse del yugo de la autoridad virreinal.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica