ACCIÓN EDUCATIVO-SOCIAL DE LA BENEFICENCIA PÚBLICA

La reciente declaración del presidente de la Junta Directiva de la Beneficencia Pública en el Distrito Federal, en el sentido de dotar a los diversos establecimientos que componen la institución, con empleados de capacidad técnica para el servicio social que desempeñan, viene a situar en términos precisos la naturaleza de las funciones que son propias de toda acción de asistencia pública en las sociedades modernas.
Las crónicas de la beneficencia en México están enriquecidas de nobles propósitos y de generosas actitudes a través de más de tres centurias. Hubo tiempos en que, de acuerdo con las ideas sociales y políticas que figuraban en la mentalidad de la época, se llevaron a cabo buenas obras pías. Pero lo importante no está en exhumar actos altruistas y quitar el polvo al nombre de muchos filántropos que desbordaron su henchida escarcela sobre la orfandad, la miseria y la enfermedad de las generaciones pasadas, sino en averiguar si los mecanismos actuales de la beneficencia son eficaces y suficientes en relación con las necesidades nuevas que corresponden a la evolución social del país.
Las ideas científico-sociales son ahora la base para edificar los servicios modelos de beneficencia. El conocimiento de nuestras características esenciales, así en el orden físico como intelectual, el conocimiento de nuestras realidades económicas, de nuestra formación en conglomerados urbanos, de nuestras capacidades en potencia y en fructificación, de servir para encauzar la obra benéfica, si ha de tener ésta significaciones de construcción nacional y hondamente humana.
Entre las tareas señaladas a la Beneficencia Pública ocupa un primer plano la que ha sido asignada al Departamento de Educación y Acción Social. La presencia de hombres preparados al frente de esta oficina y que además de su competencia científica tienen un claro sentido de asistencia social con fines generales determinados, ha dado nuevos rumbos a la función educativa que en la Beneficencia debe impartirse a menores y adultos; rumbos que es oportuno exhibir a la consideración y a la crítica general.
La educación de niños abandonados o semiabandonados —material o moralmente— y la asistencia adecuada que debe derramar toda institución benéfica, tienen puntos de arranque impostergables, para ser completas y eficientes. Desde la Casa de Cuna hasta las escuelas vocacionales y de preparación industrial técnica, la educación debe seguir un curso delineado con el auxilio de la ciencia.
Son imprescindibles ahora las clínicas de orientación sico-educacional para niños, los gabinetes de investigación paidológica —por cuanto el niño mexicano tiene caracteres étnicos y sociales privativos que deben ser estudiados con la mira de fijar el índice tipo del niño normal en la escala del desenvolvimiento bio-síquico, de manera especial por lo que se refiere al niño mestizo y al niño indígena. Y si se tiene en cuenta que el niño abandonado es víctima de un estado ambiente deformado, de una inadaptación sentimental o biológica —muchas veces con taras hereditarias de difícil tratamiento—, el estudio científico del niño tiene que ser particularmente cuidadoso y certero.
Si la Beneficencia no modifica a fondo las condiciones adversas que arrojan al niño en sus establecimientos de asistencia, toda su labor resultará nugatoria, como ha resultado en su mayor parte hasta hoy. “El estudio científico del niño —dice el doctor Chanderlain— denota que la restricción del medio ambiente escolar puede ser tan nocivo al desarrollo del niño como el descuido o el maltrato en su hogar”.
Construir sobre los resultados del estudio científico del niño una educación para la vida, haciendo que la escuela sea vida, tanto como preparación para la vida, es ya construir en firme. Y aquí aparece el imperativo de la mira social.
Para que se aquilaten mejor las ideas que gobiernan ahora los trabajos del Departamento de Educación y Acción Social de la Beneficencia Pública, copiamos íntegramente los siguientes conceptos señalados por el profesor Aureliano Esquivel como orientación a maestros y encargados de los planteles educativos:
Conviene fijar los siguientes hechos para orientar una organización apropiada de los establecimientos educativos que dependen de la Beneficencia Pública: el primero es que todos los asilados, de cualquier clase que sean, niños, adolescentes o adultos, hombres o mujeres deben ser considerados como anormales, desde el punto de vista social; segundo, que esa anormalidad social trae como consecuencia anormalidades en los demás órdenes: síquico, moral, etcétera; tercero, que estas distintas anormalidades predisponen a los recluidos en los establecimientos a convertirse en elementos antisociales, a pesar de que adquieran durante su reclusión un modo de vivir; cuarto, que no basta, pues, dar instrucción y oficio a los asilados, sino que lo esencial es convertirlos en elementos integrantes de la sociedad en que van a actuar más tarde; y quinto, que, por lo mismo, en todos los grados y en todos los aspectos de estas escuelas hay que tener siempre por delante, como característica especial, la socialización de los asilados.
Como la educación social del niño se sustenta en la vida familiar, ¿cómo suplir a la familia para aquellos niños que no la tienen o que han sido desplazados de ella? La respuesta que da ahora la Beneficencia se concreta a organizar cada uno de los establecimientos en forma de hogar, cuya dirección estará a cargo del director y de su familia, quien deberá vivir en el establecimiento y estar con los alumnos en todos aquellos actos en que se acostumbre que el padre esté con los suyos, comidas, paseos, diversiones, etcétera.
Crear la escuela que opere en ambiente familiar y en relación directa con las realidades sociales del momento, hasta hacer de ella un laboratorio de experiencias y de prácticas fructuosas, “una comunidad de práctica social productiva”, —como dijera Eugenio Smith—, y después de esto crear las instituciones necesarias para realizar el paso de la población escolar al campo del trabajo y de la vida real, es la tarea que valerosa e inteligentemente ha iniciado ya la Beneficencia Pública.
El Nacional, 8 de diciembre de 1932.
Froylán C Manjarrez