Política rejuvenecida (Crónicas sin censura 196)

Réplica y Contrarréplica
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POLÍTICA REJUVENECIDA

Más mueven los ejemplos que las palabras.

Séneca.

La única enfermedad que se quita con los años es la juventud.

Sabiduría popular.

 

Los dislates gubernamentales y el cáncer de la corrupción son parte de las consecuencias que se manifiestan cuando los que administran los recursos de la sociedad carecen de preparación. Según el politólogo Rodrigo Borja (Enciclopedia de la Política), el fenómeno se presenta en las entidades donde los más honestos deciden fugarse del escenario de la política porque suponen que se trata de una actividad de aventureros y por ello se alejan dejando sus lugares a los menos capaces. Sobran los ejemplos.

Como el lector seguramente sabe, por su teoría realista y pragmática (La separación de la moral de los individuos y la del Estado), Maquiavelo es considerado el primer científico en materia política. Sin embargo, a Thomas Hobbes le debemos que la política haya adquirido el rango de ciencia y que los enciclopedistas franceses y otros pensadores la convirtieran en una ciencia, de ahí que —vuelvo a citar a Rodrigo Borja— la política debe ser el arte de lo posible, pero también el arte de hacer posible lo deseable.

Tenemos, pues, que durante cinco siglos se han venido acumulando las referencias y las experiencias sobre la praxis política. Abundan estudios, tratados, ensayos e incluso enciclopedias que muestran la ruta del éxito a quienes quieren hacer política sirviendo al pueblo. Y existen muchos ejemplos donde fluye el acervo de la humanidad, no como una manifestación erudita, sino como el “leimotiv” de su actividad pública.

Ayer escuchamos un discurso con un alto contenido político y una extraordinaria carga de lealtad al gobernante. Su autor, Rafael Moreno Valle Rosas, sintetizó en dos cuartillas lo que podríamos llamar la forma de pensar de la nueva generación interesada en observar el ejemplo de los políticos cuya vocación social es el eje de su experiencia. Transcribo algunas líneas: “… en la política es fundamental la experiencia. No hay estudios en el extranjero que valgan si uno no ha salido al campo y se ha empolvado los zapatos.

Así lo entendemos y por ello reconocemos a aquellos de quienes hemos aprendido este oficio de servidor público. A nuestros maestros en la vida. A los experimentados …

Sabemos que la política es escuchar, es conjugar experiencia con innovación. Es acercarte a la gente, comprenderla y apoyarla. Sabemos que hacer política es servir y no solo administrar….”

Respetado lector, gracias a la actividad periodística he tenido oportunidad de escuchar a muchos funcionarios empeñados en ponderar las capacidades de su jefe, el gobernador.

La miel predominó en varios de los discursos, al grado de hacerlos empalagosos. Así, la ausencia de conceptos me provocó lo que se llama pena ajena. Y fui testigo de cómo el exceso de alabanzas enrojecía a su destinatario, es decir, a quien en esos momentos fungía como gobernador.

Ocurrió en varios regímenes, desde Alfredo Toxqui hasta Manuel Bartlett. Un caso curioso para ilustrar lo dicho:

Cuando las legislaciones en el Colegio de Economistas correspondían al gobernador en turno, uno de los ungidos tuvo a bien abusar en sus expresiones de agradecimiento al “Padrino”. Y no contento con ello se atrevió a pedir al Coro Normalista de Puebla que interpretara una especie de Mitin (como los que se le antojaban a Sor Juana para exaltar las figuras del Virrey y su esposa), mismo que parecería compuesto “ex profeso” para la ocasión. El rostro de Alfredo Toxqui, el caballero cuya modestia contrasta con su capacidad y talento político, dejó ver mucha pena y algo de compasión. Y aquel funcionario no tuvo de otra más que cambiar de actividad.

Según este columnista, en las entrelíneas del discurso del secretario de Finanzas y Desarrollo Social se pueden percibir los siguientes mensajes:

Que en esta época, en Puebla, la improvisación es una forma de corrupción. Y que en su ámbito generacional existe la convicción de no fugarse del escenario de la política, aunque los menos capaces protesten, critiquen y promuevan insidias. Al parecer, el empeño de Moreno Valle es continuar por la ruta que se trazó siguiendo las huellas de su paradigma, o sea, el gobernador Melquiades Morales Flores que, dicho sea de paso, ayer hizo un reconocimiento a la capacidad y lealtad de este funcionario y su equipo de colaboradores.

Veremos si en este caso la política se transforma en el arte de lo posible y en el arte de hacer posible lo deseable.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica