El ausente (Crónicas sin censura 184)

Réplica y Contrarréplica
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El ausente

Quien crea que la vida carece de sentido, no solo es desgraciado, sino casi incapaz de sobrevivir.

Einstein.

 

¿Qué pasó con el economista José Luis Flores Hernández? ¿Dónde se ha metido? ¿Por qué ya no se deja ver?

Son preguntas obligadas porque parece que se lo tragó la tierra. Nadie sabe qué es lo que hace el que fuera Secretario de Finanzas –junto con el hoy gobernador y Germán Sierra Sánchez, aspirante también por la gubernatura del estado–, coordinador de la diputación federal poblana y director general de Banobras.

Este tipo de ausencia revela que pudieron haberle fallado sus amigos y puede ser que también aquellos que fueron sus subordinados. Los primeros porque se alejaron de él para prácticamente dejarlo morir solo. Y los segundos porque le hacen el fuchi, no obstante que hasta hace unos meses todavía ponderaban su capacidad y presumían su preparación. Son actitudes que de alguna manera comprueban que José Luis Flores se equivocó de estrategia política, de amigos, de colaboradores e incluso hasta de padrino.

Alguna vez este columnista le dijo frente a Luis Antonio Godina lo que probablemente nadie le había dicho (lo repito de memoria): “Si participas en el proceso interno perderás debido a que tu principal rival es un político que lleva toda la vida trabajando para ser gobernador. Tiene muchos amigos y una muy buena imagen”. No me lo creyó. Después ocurrió lo que el lector sabe. Y sus corifeos sufrieron una derrota de la cual todavía no se recuperan, entre otras cosas, porque dedicaron su esfuerzo y tiempo electoral a lanzar toda clase de infundios y epítetos en contra del entonces precandidato Melquiades Morales, para ellos el enemigo a vencer (en otra ocasión le daré nombres, pelos y señas).

Lo que le faltó a José Luis Flores Hernández fue presencia pública, es decir, haber compartido con sus paisanos las buenas y las malas. Por ello inició su carrera política a contrapelo y se hizo notable su desarraigo: cuando llegó a la entidad tenía varios años de haber estado ausente obligado, desde luego, por sus estudios profesionales en el Distrito Federal y los posteriores en Estados Unidos. También por su trabajo en el gobierno federal y más tarde en el vecino país. De ahí que su arribo fuera algo casual ya que prácticamente sin conocerlo ni haberlo planeado Manuel Bartlett lo invitó a colaborar: José Ángel Gurría (amigo de ambos) le dio la sorpresa diciéndole que lo había recomendado con quien gobernaría el estado de Puebla.

Así fue como José Luis Flores apareció en la entidad. Lo precedía un interesante esfuerzo académico y todo tipo de reconocimientos profesionales. Sin embargo, quizás por su trayectoria en el ámbito financiero, nunca pudo quitarse de encima el toque de superioridad que reciben quienes adquieren su preparación en el “primer mundo”. Esto propició que desde su llegada a Puebla (supongo que sin quererlo) dejara ver una actitud de menosprecio hacia los poblanos que no habían tenido la oportunidad de estudiar en la nación del Tío Sam o que no pensaban en inglés o que no pertenecían a su círculo académico-social. Y como en sus nuevos colaboradores existía esa apreciación, al siguiente mes de su nombramiento, empezó a escucharse (en voz baja, claro) los comentarios en su contra. Por ejemplo: se dijo que era déspota, de mal carácter, grosero con el personal, inestable emocionalmente, exigente al grado de paroxismo, petulante, selectivo en la relación con los demás secretarios, aislado, a la sociedad angelopolitana, explosivo y poco afecto a relacionarse con su personal. Y lo peor es que durante los primeros años de su gestión la sociedad nunca lo vio o si lo hizo fue como si tratase de una persona emocionalmente lejana.

Imagino que a estas alturas ha de estar pensando “qué gano con visitar la ciudad de Puebla”.

Tal vez empero, cada día se ve más difícil que José Luis recupere lo andado y nos demuestre que es un cuento aquello de que tiene un carácter reservado y huraño. Esto porque por una parte quedó emocionalmente herido (candidatura, amigos, subordinados y colaboradores de campaña). Y por la otra debido a que los poblanos difícilmente aceptan o perdonan a quienes en el primer fracaso o incluso antes se alejan de ellos.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica