Conflicto de Espías (Crónicas sin censura 166)

Réplica y Contrarréplica
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CONFLICTO DE ESPÍAS 

Una cosa es andar más camino y otra, haber caminado más despacio.

No hagas todo lo que puedas, ni digas todo lo que sabes, ni juzgues todo lo que veas, ni creas todo cuanto oigas. Sabiduría popular.

 

Estaba a punto de verificarse el dedazo que llevaría al gobierno de Puebla a Mariano Piña Olaya. El entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, había estado operando el destape del recomendado presidencial. Por ejemplo: desactivó algunas inconformidades inspiradas en el desarraigo del precandidato y, a través de Guillermo Jiménez Morales, puso quietos a los grupos de poblanos que se sentían elegidos para impedir el nombramiento de este guerrerense apoblanado.

En esas andaban cuando Piña le hizo un comentario doméstico a Bartlett. “Fíjate, Manuel, que Pata, léase la esposa de Mariano, contrató a una ama de llaves que —dicen— es muy buena para la cocina francesa. Tú serás mi principal invitado”.

—¿Y quién te la recomendó? —preguntó interesado el funcionario.

—Hay una agencia en Las Lomas que se dedica a personal “Cordón Bleu”. Son “chefs” caras pero, eso sí, garantizadas…

—¡Olvídate, Mariano! —le dijo Bartlett, extrañamente alarmado—. Estás a punto de llevarte a tu casa a un miembro de una agencia de espionaje. Se van a enterar hasta de lo que defecas, información que seguramente llegará a mi despacho.

Le aclaro al lector que este diálogo lo repito de memoria y que lo escuché al propio Mariano cuando éste todavía era aspirante al gobierno del estado de Puebla.

Así como aquella “agencia de información”, existen muchas otras que se dedican a captar datos, hechos, informes y movimientos que dizque sirven para la investigación preventiva, aunque no con la característica de las cocineras, idea que —intuyó— pudo haber sido producto del brillante cerebro de Oscar de Lassé, director de Investigaciones Políticas y Sociales de la Secretaría de Gobernación entre los años 1982–1985.

Y también tenemos conocimiento de algunos datos que involucran a personas o grupos que, de manera oficiosa, espían, investigan y comercializan sus informes. Por lo que pudo observar este columnista, Guillermo Jiménez Morales fue el gobernador que profesionalizó la obtención de informes y antecedentes que revelaran la personalidad de los políticos de su época: la obtuvo de chile, de dulce y de manteca. Incluso, gracias al peculiar interés del entonces gobernante, varios de sus colaboradores hicieron del espionaje su “modus vivendi” y hoy andan vendiendo —a quien se deja— lo que ven, escuchan, imaginan o inventan.

Lo curioso del asunto es que quienes trabajan en el mundo de la investigación política casi siempre se quedan anclados en él una vez que dejan el cargo o la función para la que fueron contratados; siguen pensando como agentes, espías, jefes o encargados de ese tipo de actividades. E incluso forman equipos para fortalecer su “banco de datos” y, desde luego, vender cara la “información”.

Hago referencia a este rollo porque por ahí anda circulando una especie de revelación: dicen que en Puebla existe algo parecido a una empresa de espionaje político cuyo objetivo es impulsar a sus organizadores.

Tal práctica nada tiene que ver con lo que se conoce como investigación preventiva. El objetivo de los supuestos “agentes” encubiertos es espiar para quienes los subsidian o contratan. Se trata, pues, de un grupo en apariencia dirigido por personal que laboró en el Cisen; su misión: obtener o interpretar datos que —según parece— filtran a la prensa como hechos reales y contundentes. También fomentan rumores que buscan desprestigiar a los funcionarios considerados por ellos como enemigos políticos. Y entre sus estrategias está la de utilizar sus relaciones para ubicar a sus espías en puestos en donde puedan husmear (y cobrar) a gusto, no necesariamente en mandos medios, además de pasar desapercibidos.

¿Nombres? No tiene caso escribirlos porque son individuos efímeros. Lo que sí me atrevo a comentarles es que muchos de ellos son clones del popular Oscar de Lassé; sin embargo, ninguno de ellos tiene la capacidad y profesionalismo de este caballero que nació, creció y se desarrolló bajo los auspicios políticos, académicos y financieros de Manuel Bartlett, y con la vocación de emular a James Bond o, de perdis, a Steven Seagal.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica