La Pluma y las Palabras (Los bancos ejidales del PNR)

Réplica y Contrarréplica
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LOS BANCOS EJIDALES DEL PNR

La gestión que en el orden económico ha realizado en los últimos diez meses el CEN del Partido Nacional Revolucionario, bajo la presidencia del señor general Lázaro Cárdenas ha tenido como culminación brillante el acuerdo tomado por el Comité Directivo de nuestro instituto político, de crear dos bancos agrícolas regionales con capital de doscientos mil pesos cada uno, destinados a refaccionar a los ejidatarios de las entidades en que operen dichas instituciones de crédito.

La política económica del presidente del partido se distingue por dos aspectos esenciales: uno, que consiste en la implantación de un plan severo de economías para el funcionamiento del organismo central del PNR; y el otro, que radica en la adopción de una táctica por medio de la cual el partido constituye fondos de reserva de los que no dispone sino hasta el momento en que, hecha una capitalización de cuantía, es posible acometer empresas —siempre de carácter social, económico o cultural— cuya importancia se resuelva en beneficios permanentes para nuestro pueblo.

El plan de economías al que rigurosamente se ha ceñido el CEN impide que los caudales que recauda el partido por concepto de cuotas del personal burocrático del gobierno federal —todo él constituido por miembros del PNR—, se filtren a título de erogaciones generales que no sean indispensables o por concepto de sueldos para un personal burocrático excesivo.

La formación de las reservas y la táctica de no emplearlas hasta que se realiza una acumulación considerable de ellas, impide a su vez, que la obra social y cultural del partido se pierda, en una dispersión de esfuerzos inconexos, que no respondan al pensamiento director que ha de informar la gestión de conjunto de nuestro organismo político.

Sentada sobre estas bases, se orientó la gestión del CEN en lo que ve al manejo de caudales, hacia la eliminación de aquellos servicios que pudieran haber sido considerados como concurrentes con los que, por ministerio de ley, corresponde establecer —y de hecho ha establecido— el gobierno. De este modo las sucesivas reducciones efectuadas por concepto de sueldos del personal de las oficinas del partido han llegado a alcanzar una tercera parte de la nómina original.

Como contrapartida, dispuso el presidente del partido que las cuotas que recibía el organismo central provenientes de los estados, a título de cooperación para los gastos del partido, se entregaran a los comités de estado, a fin de que éstos y los comités municipales quedaran capacitados para desarrollar una gestión económica, cultural y social paralela a la del Comité Nacional. Esto representa una positiva descentralización de funciones, tanto más benéfica cuanto que estimula la iniciativa de todos los organismos del PNR.

Con todo lo anterior, el CEN pudo, en los últimos diez meses, saldar casi en su totalidad sus compromisos anteriores, desarrollar su programa regular de propaganda y acción social y liquidar a los deudos de los empleados públicos que estaban al fallecer al corriente de sus cuotas, todas las pólizas correspondientes al Seguro Social de Vida instaurado por el partido. Sólo por este renglón el partido ha erogado en el periodo a que hacemos referencia la cuantiosa suma de 222 mil 690 pesos y se dispone a pagar 70 mil pesos más como saldo definitivo del expresado débito. Estas cantidades exceden, con mucho, a los cálculos que sirvieron para formular los presupuestos del partido cuando se instituyó el Seguro Social de referencia.

Y no obstante tan crecidas erogaciones, se hizo ascender el fondo de reservas del partido a la respetable cantidad de trescientos mil pesos, que son los que se destinan como aportación inmediata, a la fundación de los dos bancos ejidales a los que hicimos referencia al principio de este comentario.

Si la táctica económica implantada por el general Cárdenas justifica el cumplido elogio que ha recibido de sus correligionarios, no lo es menos el hecho mismo de que los primeros fondos de la reserva del partido se destinen a la fundación de bancos llamados a refaccionar a nuestros campesinos ejidatarios.

El ejido —repetiremos una vez más— representa una responsabilidad expresa contraída por la revolución. El éxito del ejido como medio de acrecentar la producción agrícola nacional es, en consecuencia, un problema de primer orden para todos los revolucionarios.

No basta —se ha dicho con frecuencia— con que el régimen revolucionario haya entregado y siga entregando la tierra a los proletarios del campo. Es menester, además, para que culmine la obra de la revolución, que al acto inicial de la entrega de los ejidos en manos de los campesinos, suceda el parcelamiento, la constitución del patrimonio de familia y la refacción. Sin todo esto, tendríamos que resignarnos a sufrir las consecuencias de una evolución lenta en los medios de producción de los campos; y la nueva estructura social planteada por la revolución no correspondería a las esperanzas nacionales que en ella se han puesto.

No es suficiente, sin embargo, una simple expresión verbalista que denote el conocimiento del problema. Es preciso, además, que se pongan manos a la obra. Y es esto lo que viene a iniciar con firmeza y resolución el Partido Nacional Revolucionario al fundar sus bancos ejidales, sometiendo su acción a los mandamientos de las leyes y coordinando sus esfuerzos con los de las instituciones oficiales creadas por el régimen revolucionario.

El Nacional, 27 de agosto de 1931

Froylán C Manjarrez

Revista Réplica