El condón de La Malinche y Hernán Cortés

Réplica
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Aceptar la responsabilidad libera y mueve las energías del universo...

Si algo sale mal en el país, la culpa es de García Luna. Si algo falla en materia electoral, la culpa es de Lorenzo Córdova. Si la inseguridad aumenta, hay que mirar hacia atrás. Si Pemex tiene problemas financieros, la culpa es de Calderón y Peña Nieto. Si el gobierno no da resultados, siempre habrá alguien del pasado a quien responsabilizar.

Ocho años después de que comenzó la llamada transformación, parece que todavía no encuentran a quién echarle la culpa de lo que sucede en el presente.

Y no es que los gobiernos anteriores hayan sido ejemplos de honestidad y eficiencia. Faltaba más. Responsabilidades tienen de sobra. Lo curioso es que los años pasan, los presupuestos se ejercen, los funcionarios cobran puntualmente y las explicaciones siguen llegando desde el pasado.

Quizá nuestros gobernantes deberían acercarse un poquito al budismo, que entre sus enseñanzas propone vivir en el aquí y el ahora. No se trata de olvidar lo sucedido, sino de comprender que el único momento en el que podemos actuar es el presente. Aunque sospecho que semejante filosofía resultaría incómoda para quienes encuentran en los muertos políticos una inagotable fuente de explicaciones.

Hasta Vicente Fox, con todas sus ocurrencias, parecía entender la urgencia del presente cuando repetía aquel memorable “hoy, hoy, hoy” durante su campaña presidencial. Claro que también prometió resolver el conflicto de Chiapas en quince minutos. Una cosa es predicar la inmediatez y otra muy distinta cumplir lo prometido.

El problema no es investigar el pasado ni exigir cuentas a quienes gobernaron antes. Eso debería hacerse siempre. El problema comienza cuando mirar hacia atrás se convierte en una manera de no mirar lo que tenemos enfrente. La responsabilidad de gobernar no se hereda eternamente, aunque los problemas sí.

A este paso, cualquier día terminarán responsabilizando al fabricante del condón que se rompió entre Hernán Cortés y La Malinche. Aunque, claro, en aquella época ni siquiera existían los condones.

Aceptar la responsabilidad libera y mueve las energías del universo. Al fin y al cabo, somos polvo de estrellas. El hidrógeno, el oxígeno y el hierro que nos componen tienen una historia cósmica de miles de millones de años. Algo extraordinario, aunque no suficiente para justificar los errores de nuestros gobernantes.

Lo verdaderamente curioso será lo que suceda dentro de dos o tres sexenios, cuando exista una narrativa interminable que responsabilice a la Cuarta Transformación de todas las vicisitudes del país. Y entonces, como siempre, la culpa seguirá siendo del pasado.

Miguel C. Manjarrez

Revista Réplica