CONFERENCIA SUSTENTADA POR EL SEÑOR GENERAL JOSÉ ÁLVAREZ, JEFE DEL ESTADO MAYOR PRESIDENCIAL, AL INAUGURAR EN REPRESENTACIÓN DEL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Y DEL SEÑOR MINISTRO DE LA GUERRA, LAS JUNTAS MILITARES PARA LA ORGANIZACIÓN DEL EJÉRCITO.

Miércoles 6 de mayo de 1925.
El Señor Presidente de la República y el Señor Ministro de la Guerra, me han hecho el honor de designarme para inaugurar con esta conferencia, las sesiones de la importantísima comisión militar, formada por superior acuerdo, para estudiar la completa organización de nuestro Ejército.
La importancia grandísima de esta reunión la dice claramente, no solo el hecho de que se haya convocado a todos los elementos directores de la Secretaría de Guerra y Marina, y altos Jefes que pudieron asistir, sino el de que haya puesto en nuestras manos, nada menos que la formación de leyes y reglamentos que constituyen un paso más, en la organización militar mexicana.
El Señor Presidente de la República y el General Subsecretario de Guerra, quieren que al dar yo esta conferencia procure tomar como base las ideas de ellos al respecto a nuestro problema militar; que sea su intérprete respecto a cuáles son a juicio de nuestros Jefes Supremos, los pasos que deben darse para continuar la formación de esta institución y abordo la materia, respetuoso de mi auditorio y consciente de mi responsabilidad.
Diez años de trabajo al lado del Señor General Amaro, me autorizan a conceptuarme íntimamente conocedor de sus ideas respecto a organización militar, y atento observador hace dos de las tendencias y grandes ideales del Señor Presidente de la República, habiendo desempeñado el puesto de Jefe de su Estado Mayor en campaña y actualmente el de Jefe del Estado Mayor Presidencial, puedo creerme intérprete de sus esperanzas, con respecto a la formación de las milicias mexicanas.
Creo indispensable, para mayor claridad, dividir este trabajo en los siguientes puntos:
PRIMERO: Análisis del fracaso sufrido por el antiguo Ejército Federal, destruido por la Revolución.
SEGUNDO: Esfuerzos realizados hasta la fecha, para preparar con los contingentes armados de la Revolución un Ejército nuevo y
TERCERO: El programa que nos queda para desarrollar de hoy en adelante.
Voy a tratar en primer término y en síntesis, para no cansar vuestra atención, de mi concepto respecto al extinto Ejército Federal, no para hacer labor de ataque a pasados regímenes, que cuadraría muy mal a la noble misión de honor y de estudio serio, que esta comisión debe imponerse, sino tratando de estudiar como lo hacen los médicos, sobre los cadáveres, los males que pueden aún ser curados en los seres vivientes.
El antiguo Ejército Federal, formado y educado en su mayor parte por el General Porfirio Díaz, fracasó materialmente al ser destruido por la Revolución, pero estaba moralmente fracasado desde antes, por la naturaleza de los elementos que lo formaban.
El Ejército Federal, por lo que hace a su constitución material, fue en mi concepto un abigarrado conjunto de cultísimos Jefes y Oficiales, pulidamente educados en el espíritu de férrea disciplina y con el técnico saber en el arte y en la ciencia de la guerra, que desgraciadamente para ellos, tuvieron que poner en práctica con una masa de presidiarios o de doloridas víctimas del rigor dictatorial como soldados, a quienes lejos de poder profesar cariño o inculcar la conciencia de la causa altísima, que un soldado tiene para ofrendar su vida en aras del ideal de Patria, tuvieron que manejar como domadores de fieras y con temor y con desconfianza, a golpes y a insultos.
Que esta era la forma en que Jefes y Oficiales trataban a los soldados de la Federación, no podrá negarlo nadie que quiera confesar honradamente la verdad, por penosa que ésta sea. Es doloroso pero es cierto.
Ni podía ser de otro modo, desde el momento que los soldados federales en su totalidad eran individuos forzados a sufrir las más infamante de las penas, como en aquel tiempo se conceptuó el servicio militar. Eran individuos que por vergonzosamente incorregibles, o llevados de leva como víctimas de los caciques locales, se les obligaba a marchar con el fusil a cuestas y con el nombre de soldados.
Y por lo que hace a su nivel moral, el espíritu que animaba a aquella institución, puede sintetizarse en estas frases:
Los Jefes y Oficiales acostumbrados a ver en el Director al árbitro de todos los bienes y los males, jamás soñaron en darse cuenta de la existencia del pueblo. Vieron en sus soldados una turba de malvados o de esclavos destinados a obedecer las órdenes que se les dieran bajo pena de muerte. Hicieron consistir toda su misión, en ser ciega e incondicionalmente leales y en acumular el mayor número posible de conocimientos técnicos. Y Jefes, Oficiales y soldados, dentro de este régimen de adulación servil al dictador, de odio a sus subalternos y de profundo desconocimiento y desprecio al pueblo de su patria, no podían formar otra cosa que esa especie de comparsa de ópera que solo sirvió para distraer a nuestros burgueses en las pintorescas y relumbrantes paradas de los días de desfile, y para dejar caer de las manos los fusiles con que sostuvieron la dictadura, al darse cuenta con doloroso asombro de que residía en la masa del pueblo mexicano una fuerza más poderosa que la del General Díaz, a quien ellos consideraban omnipotente Rey y Señor.
El Colegio Militar produjo muchos, muchísimos Generales, Jefes y Oficiales ilustrados, correctísimos, leales e inteligentes, a quienes no puede ni debe culparse del fracaso del Ejército Federal. Muchos de ellos son hoy nuestros compañeros y soy yo el primero en reconocer los servicios que varios han prestado a la Revolución.
El fracaso del Ejército Federal se debe, en primer término a la constitución de sus unidades a base de soldados forzados, extraídos de la prisión o de la leva, que solo esperaban el primer momento de conflicto, para atacar a sus propios jefes, muchos de los cuales murieron en esa forma y obtener ellos así su libertad perdida, que era su única ilusión.
En segundo lugar se debió el fracaso a haber sido educados todos en la creencia de que su misión única era, obligar a golpes al soldado, a que estuviera listo a matar y a los enemigos del Dictador a su primera orden y a pasar las horas dando lustre a sus arreos y fornituras, para que sonrieran de satisfacción los miembros del Partido Científico, al ver cuán elegantes eran los esclavos armados, que vivían cuidando sus casas de caudales.
A propósito de la moral que reinaba en el Ejército ex-federal, yo recuerdo y recordaré siempre que muchas veces cuando el hoy Ministro de la Guerra, volvía fatigado a su oficina, después de todo un día como otros, de incesante trabajo en organizar e instruir a los cuerpos de nuestra División, me decía pensativo: “mi preocupación constante es, el temor de que estemos matándonos en el trabajo, para que resulte luego que hemos formado otro Ejército moralmente igual al ex-Federal que tendrá también que ser destruido por el pueblo.”
Este debe ser en mi concepto la primera preocupación de quienes tienen en sus manos, la formación del nuevo Ejército Mexicano. Que no esté en desacuerdo con las necesidades materiales de la época, pero más aún que no pierda de vista un instante el hecho, de que solo se explica su existencia, sostenido con los dineros del pueblo, para ser la salvaguardia de los derechos y anhelos de ese mismo pueblo y el sostén de sus instituciones.
Si del examen desapasionado y sereno que hemos hecho del fracaso del Ejército Federal, obtenemos ese resultado, mucho habremos conseguido de tal examen.
Pasemos ahora a estudiar el punto segundo de mi disertación:
¿Qué esfuerzos se han hecho hasta hoy para formar el nuevo Ejército?
Es indispensable que hablemos a base de absoluta claridad y de toda la verdad y yo así acostumbro hacerlo siempre —arrastrando todas las consecuencias, pues constituiría un — crimen en mi concepto, el pretender desvirtuar, nuestros errores o defectos, por mal entendido patriotismo.
Justísimamente desde 1911, el pueblo ansioso de una liberación moral y de un mejoramiento material, que había impedido al Grupo explotador de México, encabezado por la Dictadura Porfiriana, tuvo que armarse y arrojarse contra el Ejército, que desconociendo las verdaderas necesidades populares, se constituyó en sostén incondicional del Grupo Científico.
De sobra sabemos, que cuando un pueblo así se llame —Francia, Rusia o México—, como la corriente impetuosa que salta sobre los obstáculos que interrumpen su marcha, se ve precisado a armarse para derrocar una tiranía no puede hacerlo más que en forma violenta, desordenada, anárquica y aun es conocido de sobra que las más bajas pasiones, se ponen en tales casos al servicio de las más nobles ideas.
En México, como en todas las naciones que han pasado por ese trance y son la casi totalidad de las que constituyen la humanidad, los Ejércitos se han formado aprovechando esos elementos como principio.
Primeramente hagamos constar, pues, que aquí como en todas las Naciones del mundo, muchísimos elementos de las más bajas pasiones, se incorporaron al movimiento popular, sin idea absoluta de cooperar a la salvación de México, sino con el premeditado objeto de hacerse a todo trance de los bienes ajenos sin más programa que su propio beneficio y sin escrúpulo alguno, respecto a los medios que para lograrlo hubieran de emplear. Una verdadera plaga de estos elementos nocivos, infectó por mucho tiempo nuestra organización militar y “el automóvil gris” y tantas otras dolorosas vergüenzas de nuestro elemento armado, no fueron más que la lógica consecuencia de una invasión de bandoleros, en las filas de la revolución, que se verifica siempre en todas las colectividades humanas de todos los lugares de la tierra.
Aquí, como en todos los países del mundo, se les utilizó porque son elementos que con poco o ningún apego a la vida constituye factores de ataque de muy alta importancia y solo en algunos en que el miedo ha sido mayor que su desvergüenza no murieron en la lucha teniendo que ser eliminados más tarde.
Recordemos también que como las persecuciones de la tiranía eran más encarnizadas contra la gente de nuestra clase humilde, formando la corte del Dictador, la mayor parte de los que se creyeron hombres ilustrados y conscientes, las filas de la revolución se vieron llenas de aquellos elementos populares más duramente castigados por el partido de los Explotadores, y no es de extrañar que haya sido entre los elementos a quienes la misma Dictadura privó de ilustración, entre quienes más contingente prestaron a nuestro elemento armado.
Muchos otros vinieron también de una manera socarrona e hipócrita, fingiéndose revolucionarios, solamente impulsados por el deseo de no perder en la contienda sus propios intereses, aun cuando jamás pudiera caber en sus cerebros una idea revolucionaria.
De los elementos del Ejército vencido, muchos también pugnaron por adherirse a la revolución y por medio de tratados de que una ansia bien explicable del triunfo rápido hizo aceptar, a los revolucionarios, lograron su objeto, siendo este accidente de la lucha que se pagó bien caro, si recordamos solamente a Victoriano Huerta, destrozando los Cuerpos Rurales del Ejército, haciéndolos dar cargas de caballería contra la Ciudadela en las calles de esta Capital.
Y he querido hacer mención de todos estos elementos que formaron un pesado lastre, en nuestra incipiente organización militar, para que se pueda comprender el incesante esfuerzo, el enorme trabajo que ha costado la depuración.
Pero vuestra atención tan bondadosamente reclama de mi parte, concretar lo más posible mis explicaciones y dejando a un lado causas y motivos, recordemos como la gran masa del pueblo, armado contra la dictadura, fue siendo controlada por los cerebros fuertes, por los más audaces o por los simplemente favorecidos de la casualidad y como, en la grandísima extensión de nuestro territorio, carente de comunicaciones en muchas partes, y en otras, interrumpida esta por la revolución misma, se fueron formando núcleos que seguían a sus caudillos y que constituyeron verdaderos ejércitos, independientes unos de otros, tanto o más distintos en su rudimentaria organización material, como en su tendencia moral y fue así como tuvimos el Ejército del Noroeste, que en mi concepto absolvió a los demás, mandado por el General Obregón, eminentemente militar y con muy completa organización. El Ejército de Oriente que mandó el General de División Pablo González, que se distinguió por su estoica resistencia a la desmoralización en las derrotas y por el gran número de políticos militarizados que formaban su corte de honor. El del Sur con Zapata a la cabeza, cuyo esfuerzo se concretó casi exclusivamente, a imponer la resolución del problema agrario. El Ejército del Norte que controlaba Francisco Villa y otros de menos contingente, pero tan independientes entre sí como los anteriores, tales como el del Sureste, que comandó mi inolvidable Jefe el General Gertrudis G. Sánchez, en Michoacán, Guerrero y Guanajuato.
Yo quiero fijar vuestra atención un momento de manera precisa, en la realidad de esta que pudiéramos llamar primera etapa de formación militar revolucionaria de México, viendo con cuanta verdad podemos conceptuar, cada uno de aquellos núcleos, como Ejércitos diversos e independientes, pues no solamente cada uno de sus caudillos atendió directa y aisladamente al aprovisionamiento de armas y municiones para sus tropas, tomándolas de donde pudo; no tan solo fue cada Jefe de Ejército, quien con la única medida de su criterio determinó, atendiera haciendo emisiones de papel moneda al pago de haberes y gastos generales, fijando el monto y la naturaleza de estos, sino que también, cada uno de ellos otorgó libremente grados, concedió ascensos, designó Jefes, constituyó unidades y sobre todo no solo se ignoraron completamente, en la Oficina que desde entonces se llamó Secretaría de Guerra, los datos de efectivos, armamento y municiones, sino que durante mucho tiempo, solo conservó prudentemente esa Secretaría, cierta influencia muy relativa para que alguno de aquellos Jefes, le dieran parte después de haberlos ordenado, de algún que otro movimiento de los más importantes.
Claro está que todos aquellos Ejércitos, coincidían en su tendencia de aniquilar a un enemigo común y por lo regular atendían las órdenes del Jefe Supremo de la Revolución, respecto a grandes movimientos y lineamientos generales del combate.
Aquella multitud inmensa de Divisiones, Brigadas, Regimientos, Batallones, Escoltas especiales, Cuerpos Regionales, Irregulares etc., todos autónomos, entre los cuales había varias numeraciones repetidas, denominaciones arbitrarias y algunas aún inconvenientes, han costado años y más años de lucha y de tenaz esfuerzo, interrumpido y regresado varias veces por nuevas convulsiones políticas, para lograr que poco a poco fueran fundiéndose en un solo gran conjunto Nacional, controlado y manejable, aun con sus respectivos caudillos. De estos, los conscientes, los patriotas, han unido sus esfuerzos aislados y hoy forman parte de nuestro Ejército. Los que trajeron su misión personal, están ya eliminados, unos en el destierro y otros en la muerte, sirviendo de gran ejemplo a quienes quisieran aún imitarlos.
Muy de notar es el hecho, de que los elementos reclutados por cada Jefe de aquellos Ejércitos y aun por cada uno de unidades inferiores, se conceptuaran como propiedad personal, valga la frase, de sus comandantes, obedeciendo solo, las órdenes directas de ellos y desconociendo casi en todos los casos, aun la existencia misma de una oficina directora superior que se llamara Secretaría de Guerra. Casi en su totalidad esos Ejércitos de la revolución, tuvieron una mayoría de soldados regionalistas, que al aprestarse a la lucha, pedían siempre entre sus condiciones, la de no ser movilizados fuera de su región.
Como en estos casos sucede, se prodigaron con liberalidad los grados a quienes se distinguieron en la lucha y muchos aprovechados que no se distinguieron, se los decretaban así mismos y a sus incondicionales, acumulándose así un enorme excedente de Jefes y Oficiales que se aglomeraron en las unidades militares, prestando muy buenos servicios con su contingente personal, pero no es un misterio para nadie que en muchas ocasiones, esas unidades llegaron a tener mayor número de Jefes y Oficiales que de soldados.
Estoy hablando en términos generales y naturalmente, que al lado éstos casos comunes, hubo muchos otros también, en que Jefes revolucionarios, aun en pleno período de rudísima pelea, se dedicaban tenazmente a la organización e instrucción de sus fuerzas. No quiero ni mencionar nombres para no desvirtuar el objeto de esta conferencia, pero es bien sabido que muchos Jefes, no sólo obtuvieron armas y municiones, uniformes y equipos para sus soldados en plena revolución, sino que aplicando en lo posible los reglamentos, en vigor, pudieron presentar sus unidades, cuando ya la Secretaría de Guerra pudo controlarlas, en un notable estado de adelanto.
Primeramente el gran esfuerzo estuvo encaminado, a hacer entrar a la obediencia de un plan general de reorganización, a número de Jefes y Oficiales, haciendo que la gran cantidad de excedentes, pasaran a constituir lo grande y meritorio, que costó años de paciente labor. Después de las referidas Legiones de Honor, se pasó a formar con los excedentes, Depósitos de Jefes y Oficiales, a disposición de las diversas armas, y por fin, al hacerse la última reconcentración, se constituyó con esos excedentes, la Primera Reserva del Ejército.
Con gran prudencia y minuciosa dedicación, trabajaron los diferentes Ministros de Guerra, para ir escogiendo de aquellos conjuntos, disímbolos y levantiscos, muchos buenos elementos que pasaron desde luego, a formar parte del Ejército de Línea, y al mismo tiempo, con la formación de Comisiones, Revisoras de hojas de servicios, examinando antecedentes y aquilatando méritos, se ayudó a la depuración de nuestros Generales, Jefes y Oficiales.
Examinando serenamente el último movimiento militarista de 1923, puede verse claramente, que éste sólo tomó como pretexto la situación electoral de México. Para quienes estábamos palpando el enorme esfuerzo del señor General Obregón, por formar, organizar y depurar el verdadero ejército mexicano, es absolutamente claro que Sanchez, Maycott, Estrada y los suyos, tenían necesariamente que revelarse con este, o con cualquier otro pretexto, pues su tendencia era completamente contraria a la de la disciplina, patriotismo y moralización que se quería establecer. Dolorosas consecuencias, tuvo este cuartelazo militarista, que cogió como parapeto la figura risible por lo inconsciente, de don Adolfo De La Huerta, quien jamás entendió el fondo del problema, enteramente militar que se debatía a sus espaldas, y si durante tal movimiento murieron muchos hermanos nuestros, muy fecundo, fue el sacrificio de su sangre, porque al irse a la traición los inadaptados, el Ejército en formación despejó su camino, aligerándose de un peso enorme.
Después de tal movimiento, los pasos, dados por la formación de su verdadero ejército, fueron de gran trascendencia. Se suprimieron las fuerzas irregulares todas, las mil escoltas personales de diversos jefes, quedaron incorporadas a las fuerzas de línea, y no obstante, de que en los años de 1920 y 1923, hubo intensas conmociones político-militares, ambos movimientos sirvieron grandemente al propósito de unión definitiva, pues saldados los errores pasados y con una nueva tendencia noble y alta, se fusionaron escogiéndolos, los buenos elementos de todos los matices revolucionarios. Este criterio se seguirá indudablemente en lo sucesivo por la comisión revisora de hojas de servicios.
No quiero alargar más esta exposición, de la segunda parte de mi conferencia, que va resultando ya cansada, con detalles de los esfuerzos realizados, paciente y sabiamente por nuestros jefes, pero creo si un deber, el mencionar algunos nombres de quienes más empeñosamente trabajaron para conseguir el resultado que hoy palpamos, siendo de ellos los principales, los ministros de la guerra y sus colaboradores más entusiastas, señores generales, Álvaro Obregón, Francisco, R. SERRANO, Roberto Cruz, Francisco, R. Manso, General Calles, nuestro actual presidente, hasta llegar al Señor general, Amaro, actual subsecretario. Todos ellos, y algunos más que mi memoria haya olvidado, dejaron en esta obra, no sólo el noble esfuerzo de su patriótica labor, sino también jirones de su tranquilidad, pues la maldad, tomada y vencida, ha lanzado críticas, insultos, y aún calumnias, por encima de todo, lo cual queda palpable, la obra realizada, que hoy podemos nosotros aprovechar. Hoy nuestro ejército se presenta ante la crítica militar, no como una organizada, según los últimos adelantos, ni mucho menos, pero sí, con la labor inmensa que significa, después de las dificultades que os he detallado, el poder decir, a la fecha, que los últimos pasos, dados en esta tarea de reorganización, han sido principalmente los siguientes: la Secretaría de guerra y Marina, ha afirmado el control, perfecto, efectivo y normal, de 53,000 soldados, que obedece sin género de dudas, todas las órdenes del gobierno mexicano, por las conductas de ordenanza. Que, habiendo quedado suprimidas absolutamente todas las fuerzas irregulares, las unidades de infantería se han concretado a 50 batallones, progresivamente numerados, y dos compañías regionales fijas con el número no excedido, en ningún caso, de jefes y oficiales, previstos por el reglamento, pudiendo decirse, igual cosa, respecto de los 80 regimientos, que comprenden nuestras fuerzas de caballería, las armas de artillería y aviación, así como nuestra marina de guerra, sólo pueden considerarse como en proyecto. Ha desaparecido absolutamente la Llamada, Primera Reserva del Ejército, cuya creación, muy debida y necesaria en su tiempo, era indispensable abolir, después de que fue escogido y seleccionado, el personal de generales, jefes y oficiales, que pudieron comprobar sus servicios y sus grados. Nuestras corporaciones militares, pueden movilizarse libremente, de un extremo a otro del país, como de hechos, se está haciendo, sin construir problemas para el gobierno, y los jefes de ellas, nombrados única y exclusivamente por la Secretaría de guerra, pueden destinarse, indiferentemente a cualquiera de estas unidades. Y llegamos por último, al tercer punto de mi disertación, que se refiere a saber cuál va a ser la labor que de hoy en adelante tengamos que desarrollar en la reorganización militar. He querido exponer con minuciosidad todas las dificultades con que se atropado aun cuando parezca una dolorosa exhibición de nuestros defectos y errores, para llegar al momento presente en el que tenemos frente a nosotros, la materia Prima disponible para la formación de nuestro ejército, tarea está en mi concepto que va apenas a dar principio, pues lo he hecho anteriormente significa sólo el trabajo de preparación. Contamos con algo así como un block de cera blanda, dispuesto para que, de ahí salga una obra útil, si procedemos con patriotismo consciente y con decidida negación. En mi concepto, el programa militar de México para 1925, ya que nuestra patria no es nación que tenga planteadas, necesidades coloniales, ni piense llegar, nunca agresividad, conquistadoras y que tiene su fuerza armada da como garantía de sus instituciones y como pie veterano para el Ejército de defensa Nacional en caso de ser agredido, debe dividirse en dos partes: Primera, la que se refiere a la organización de nuestra actual milicia permanente y segunda, la relativa a la implantación del servicio militar obligatoria para el Ejército del porvenir.
Ante todo, el problema de organización de la milicia permanente, debe también estudiarse en dos partes, siendo la primera la relativa a organización moral y la segunda a organización material.
Para garantía de una base moral, debemos fijar grandemente nuestra atención en la Ley orgánica constitutiva del Ejército. Esta debe ser en concepto mío, la primera labor de ésta gran comisión. Antes que preocuparse por reformar reglamentos de maniobras, circulares etc., debe poner los fundamentos morales de la Institución, en una Ley orgánica limpia completamente de vaciedades y de detalles administrativos, en que con claridad se enuncien los principios morales, que normen el funcionamiento del Ejército, y es en ésta primera labor, en la cual el espíritu revolucionario de la época, debe brillar con las conquistas alcanzadas, por el esfuerzo del pueblo. Que caiga definitivamente el viejo concepto de un Ejército de hombres máquinas, hecho para gobernar y dominar a la humanidad por sistemas militaristas y puesto al servicio incondicional de Majestades o Divinidades que arrojan en guerra a los pueblos, formando Ejércitos de obreros que vayan a morir, para obtener ventajas comerciales en favor de los magnates que forman sus Cortes de aduladores, o por satisfacer simplemente su vanidad personal. Que sea la base moral del Ejército, el concepto de la necesidad que existe, de sostener las conquistas del pueblo convertidas en instituciones de Gobierno por medio de un respetable grupo armado y de estar listos y dispuestos a dar la vida por la defensa del honor y la integridad de nuestro suelo Patrio. Que como decía yo alguna vez, en artículo escrito para una Revista Militar, no se pierda nunca la conexión de ideas entre la forma de pensar del Gobierno sostenido por el pueblo y el Ejército que sostiene a ese Gobierno. Que si militares hechos solo por el espíritu de pelear, contra quien sea por atávicas tendencias guerreras, se encuentran hoy en nuestro Ejército y sienten las suyas en oposición con las ideas democráticas y socialistas que sustenta el Gobierno y tienen humos militaristas de casta privilegiada, encuentren la primera reprobación de su tendencia, en nuestra Ley orgánica del Ejército que les diga, que la milicia debe estar formada por ciudadanos conscientes que voluntariamente hacen el sacrificio de sus vidas, para la defensa de los intereses morales y materiales del Pueblo de México, y no para obtener un modo de vida regalada a costa del mismo pueblo.
Nuestras corporaciones militares, formadas hoy por campesinos y obreros, deben conservar como el mayor de los tesoros, el íntimo contacto que tienen con sus hermanos que labran la tierra o viven en las Fábricas desterrando con enérgicas medidas, tanto la propaganda reaccionaria que está siempre procurando introducirse en nuestros Cuarteles, para hacer creer a los nuevos Oficiales y soldados, como lo consiguió de los del Ejército Ex-federal, que su misión es custodiar como si fuera ésta toda la Patria Mexicana, los dineros y las comodidades de los explotadores, olvidando los derechos y las conquistas de la inmensa mayoría constituida por trabajadores del campo y de la Ciudad, como la propaganda de inconsciencia y anarquía llamada radical, que predica el desconocimiento de todo Gobierno.
Perdonad si mi tendencia revolucionaria me desvía demasiado de un frío estudio militar, al campo de lucha donde me he formado, pero volvamos a la realidad y continuemos el examen de lo que necesita hacerse de hoy en adelante para organizar nuestro Ejército.
Primero:-Estudiar y decidir en primer término el número de unidades de Infantería y Caballería que deben en definitiva constituir el Ejército Permanente. Formulando el estudio relativo a las unidades de las demás armas. No creo necesario entrar en comentarios sobre la importancia de éste primer punto.
Segundo:-Establecer indispensablemente cuanto antes, las Oficinas Administrativas que deban encargarse del reclutamiento voluntario.
Creo inconveniente que ese reclutamiento se siga haciendo, por cada Jefe de Cuerpo, pues aparte de otros muchos, tiene el defecto de facilitar las deserciones de nuestros soldados, que en muchos casos sólo cambian de una Corporación a otra. Se obtendrán grandes ventajas con un sistema de reclutamiento por Oficinas especiales, que cuenten desde luego con instructores de reclutas que los preparen, los seleccionen y les den destino, teniendo en cuenta mil datos relativos a su constitución física, al clima de su región de origen, al grado de su instrucción rudimentaria etc. etc.
Determinado el número definitivo de nuestras unidades de Infantería y Caballería y sostenido su efectivo por medio de un reclutamiento apropiado, el problema más interesante por resolver, sería el de establecer un servicio Administrativo independiente para el forraje de la caballada.
Toda una conferencia especial cabria sobre éste punto delicadísimo de nuestra organización, y sólo mencionaré sin comentarlas las grandes ventajas que encierra.
Un servicio de forrajes por personal ajeno a los cuerpos de Caballería y dedicado exclusivamente a eso, puede obtener casi con la mitad del dinero asignado, comprando por grandes cantidades y en los centros de producción, mucha mayor cantidad y mejor calidad de forrajes, para las Caballerías.
El Jefe de cada Cuerpo sería el primero en exigir un buen servicio a los Forrajistas, acabando éste sistema con grandes fuentes de inmoralidad y de discordia.
Yo preferiría que la adquisición y ministración de forrajes a los Cuerpos, los hiciera la Secretaría de Hacienda, una Oficina especial del Ejecutivo o en último caso una dependencia misma de Guerra que manejara éste asunto, pero de ninguna manera continuar su Administración por los Jefes de los Cuerpos.
Como el señor Presidente de la República, Jefe Supremo del Ejército, tiene ya determinado su plan para dotarlo con nuevo armamento, caballada y equipo, he creído innecesario tocar en mi Conferencia éste punto, que no nos toca discutir ni resolver.
Tras de las medidas que dejo apuntadas, sigue según entiendo la de adoptar una Escuela definida de maniobras. Una para todo el Ejército, una para cada arma, vosotros lo tendréis que decidir, pero es urgente una inmediata resolución. Nuestros Reglamentos están hechos y desechos por Circulares y disposiciones mil que los han vuelto incomprensibles. Nuestros Cuerpos tienen un principio de organización ternaria y los Reglamentos son para unidades de Cuatro Compañías o Escuadrones. Las Escuelas de Caballería o de Infantería, son algo como una mezcla incomprensible de la Escuela Francesa, italiana, Alemana etc.
Prácticamente yo he visto a muchos, repito que a muchos de nuestros Instructores, que imparten sus conocimientos cada cual de distinta manera, y no existe mejor forma de cerciorarse del caos en que estamos en materia de instrucción, que la de reunir un grupo de Instructores con la seguridad de que no habrá muchos que se pongan de acuerdo.
Este principio de anarquía, retrasa mucho la labor de organización militar y es indispensable acabar con él, de una vez por todas.
Hemos tenido el honor de que nos acompañen en ésta conferencia, y yo los saludo afectuosamente agradecido por su atención, los señores Agregados Militares de Francia, Estados Unidos y El Japón, invitados especialmente por el señor Ministro de la Guerra, no con el propósito como erróneamente se dijo, de que opinaran y discutieran en ésta Junta, sino porque así como es la intención del Gobierno Mexicano, que nuestra Patria no acepte intromisión en nuestros asuntos interiores de Nación Extranjera alguna, nosotros sabemos también, que tenemos mucho que aprender en materia de organización militar de las grandes Naciones del mundo, deseando estrechar los lazos de unión que por medio de los Atachés Militares en nuestra Patria, así como de los nuestros en el Extranjero, deben establecerse entre todos los grandes Ejércitos del mundo, entablando entre militares las más cordiales relaciones y aboliendo la política de ocultamiento y de misterio.
Los pueblos jóvenes de la tierra, aprovechan en muchas ocasiones para organizar sus Ejércitos, grandes comisiones de Oficiales de las primeras milicias del mundo, con resultados prácticos altamente satisfactorios. Adoptada para nuestro Ejército la Escuela que más sea asimilable a nuestro medio, será también necesario determinar por ésta Junta, si son de aceptarse las comisiones de Oficiales organizadores e instructores procedentes del Ejército Extranjero, cuyas Escuelas se adoptaren.
Tarea enorme es según podéis ver, la que nos queda por hacer y requiere ella, toda la constancia tenacidad y esfuerzo, de un verdadero patriotismo y sin embargo como recordaréis, apenas iremos a la mitad de nuestro Programa, pues nada hemos dicho aún del Ejército del porvenir.
La mayor parte de los pueblos de la tierra, tienen establecido el sistema del servicio militar obligatorio, a fin de que los ciudadanos todos estén instruidos para la defensa nacional. Nosotros debemos implantar desde luego ese servicio, sólo únicamente en sus bases primero para llevarlo a la práctica después. Yo he creído que hay que empezar por una labor de preparación, que se inicie con el aprendizaje en las Escuelas de un pequeño compendio para explicar a los niños, el objeto del servicio militar y los haga saber la noble misión de un Ejército, según los nuevos rumbos que las ideas modernas señalan a las corporaciones armadas. Seguir así cada año, haciendo que poco a poco aumenten sus conocimientos, entrenándolos primero en ejercicios gimnásticos, para hacerlos aprender luego las escuelas del soldado sin armas y armado, hasta llegar a las escuelas de conjunto.
Un plan bien estudiado y combinado, vendría a hacer que al cabo de pocos años, tuviéramos un numeroso contingente de jóvenes preparados, que podrían ejecutar maniobras militares por ocho o diez días en el año, y así continuar nuestro sistema de preparación en preparación, hasta llegar al establecimiento de un año de servicio obligatorio en filas, dedicando tres meses a la escuela del soldado sin arma, tres a la del soldado armado, tres a los Ejercicios de unidades constituidas y los tres - últimos a las grandes maniobras generales. Después, aquellos ciudadanos, pasarían a las Reservas, llevando una instrucción suficiente y sobre todo, gran cariño para la misión del Ciudadano que no ya para explotar a los demás, sino para servirlos, hace el ofrecimiento de su vida, que otros a su vez deben hacer más tarde por él y por los suyos y que todos tenemos la obligación de hacer en un momento supremo, que ojalá no llegue nunca, en que la Patria amenazada por extraños invasores, nos llame a defenderla regando con nuestra sangre los campos de nuestro México querido.
Resumiendo en breves líneas, toda mi conferencia se reduce a decir:- La tarea de esta Junta debe ante todo sistemas, aprobar un programa general de trabajo antes de principiar, pues si se intentare proceder aisladamente a discutir Leyes, Reglamentos y Ordenanzas, sin un plan definitivo, iremos al fracaso y perderemos el tiempo, quedando las labores de esta Junta tan inútiles como las de aquellas que la han precedido.
El plan que yo propondría a vuestra alta consideración, es el siguiente:
PRIMERO.- Formúlese la Ley Orgánica del Ejército Mexicano, exenta de disposiciones reglamentarias y bajo puntos de vista de una moral completamente revolucionaria.
SEGUNDO.- Determínese el número de Corporaciones que deban constituir las Caballerías é Infanterías en servicio actual.
TERCERO.- Establézcase un sistema de reclutamiento por medio de Oficinas especiales.
CUARTO.- Establézcase el servicio de Aprovisionamientos de Forrajes, con personal ajeno a la Administración de los Cuerpos del Ejército.
QUINTO.- Adóptese una Escuela determinada de maniobras para todo el Ejército o para cada arma de él, aceptando entonces los Reglamentos de esa Escuela, y discútase lo relativo a la conveniencia de solicitar en tal caso, comisiones organizadoras é instructoras de Oficiales pertenecientes a los Ejércitos Extranjeros cuyas Escuelas se hayan adoptado.
SEXTO.- Redáctense los textos necesarios, para instruir a los niños de las escuelas respecto a la misión del Ciudadano armado.
SEPTIMO.- Adóptese un plan de preparación, del servicio militar obligatorio.
General José Álvarez y Álvarez de la Cadena