¿De presidente a mayordomo? (Crónicas sin censura 176)

Réplica y Contrarréplica
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¿DE PRESIDENTE A MAYORDOMO?

Vicente Fox, en compañía de su vocera, recorre las habitaciones de Los Pinos. Ve, pregunta y palpa el inventario que forma parte del aposento presidencial.

—Oye, chaparrita —le dice cariñoso a doña Martha—, coméntale a los muchachos que me cambien el colchón de la cama donde voy a dormir. Se me van a salir las patas y además está salado. Fúchila: aquí durmió Zedillo y puede ser que hasta su consorte, la señora que camina como perico en alfombra.

—No te preocupes, presidente —contestó riéndose la señora—, me encargaré de que tus noches sean agradables. Por ahí tengo una amiguita que vende blancos muy nice. Ahorita mismo la llamo para que mañana esté lista la muda de la cama y duermas calientito.

—Pero lo que me urge es el colchón. ¡Ya te dije que no quepo!

—Ya lo sé, mi cielo. Mientras lo consigo o lo mando hacer, te ponemos un banquito de emergencia —bromeó—. Ni modo que te traigas el de San Cristóbal con todo y las chinches, las garrapatas y hasta las tepopoxtas que no te dejaban dormir.

—Ah, qué mujer… Si no fuera por estos ratos. Acuérdate de decirle al chef que, después de que cante el gallo, me haga mi cafecito de olla.

—Hecho, señor. Así será. De paso le pido una tetera, porque ya sabes que a mí me gusta tomar té.

—Ay sí, muy inglesa, ¿no?

TRES DE DICIEMBRE DEL 2000

El caos en la residencia oficial. Entran y salen llamadas, telefonazos, recados, mensajeros y proveedores. La misión: encontrar la ropa de cama adecuada para el colchón súper king-size ortopédico; adquirir las sábanas para la futura reina presidencial; comprar toallas bordadas con estilo, almohadas blanditas y frescas, y una colcha con tacto de pétalo de rosa; el juego de té y las cortinas con cierre de emergencia y control remoto —por aquello de las dudas—, y varios sillones y algunos muebles destinados a la cabaña donde la vocera presidencial dormirá el sueño de los justos…

—Háblale a doña Pituca Chevalier… Mi compadre Limantur es el gerente del Palacio… Pedrito Corcuera tiene una importadora… En Santa Fe vi los colchones especiales… Cuidado con los edredones que les meten pluma de guajolote tierno por ganso… No vayan a ir de compras a la Lagunilla y menos a la fayuca… El juego de té debe ser plateado, porque aguanta más y no se pone prieto… Cumplan la normatividad y pidan facturas con registro… Sean discretos…

… que, como éstas, fueron algunas de las órdenes que pusieron en acción al personal de confianza del nuevo mandatario. Y que los encargados de las compras actuaron con la lealtad y la eficiencia que exigía tamaña responsabilidad.

Sin embargo, por las prisas, o la inexperiencia, o el provincianismo, o el pánico escénico, o las urgencias, o la ambición —vaya usted a saber—, se propició que parte de lo comprado se amparara con facturas apócrifas; es decir, emitidas por una empresa cuya dirección y teléfono no existen o, concediéndole el beneficio de la duda, nunca encontraron por fallas en la impresión esos datos.

Todo ello invita a ver como chunga foxista los hechos que, en el contexto nacional y republicano, no deberían tener ninguna importancia. Imagínese el lector que el equilibrio del país dependiera de esas sábanas importadas con un costo de 38 mil pesotes, o de las toallas bordadas, o del juego de té plateado, o de los colchones de 20 mil morlacos.

La verdad, son asuntos de interés doméstico que, estoy seguro, ya pasaron por las manos de los anteriores presidentes, quienes, además de vivir como reyes, se gastaron la lana del pueblo sin más límite que su cochina conciencia.

Lo delicado del asunto está en la chambonería del grupo que gobierna al país, actitud que, una vez más, pone en entredicho su capacidad para responder a los temas nacionales e internacionales que, bien o para mal, afectan el desarrollo y la estabilidad social de los gobernados. Es absurdo, pues, que las tribunas y los foros se utilicen para aclarar lo que con un escueto boletín podría explicarse. Y debería avergonzarnos que a nuestro presidente se le dé trato de mayordomo de la residencia oficial.

CUALQUIER DÍA DEL AÑO 2001

—¿Qué crees, “Chente”? —dijo preocupada la vocera—. Me pasaron un tip: dicen que la prensa nos va a golpear por haber comprado los blancos, las toallas, los colchones y…

—No te aflijas, mujer —respondió el comprensivo jefe—. Estos gastos forman parte de las prerrogativas del presidente y son una bicoca que apenas modifica las últimas cifras de la partida secreta. Pero, para que no exista duda ni haya malos entendidos, dile a Barrio que legitime la compra, que la meta en internet y que oriente a su gente para que lo contabilice con los gastos de Los Pinos.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica