DE CONDISCÍPULO A OPERADOR POLÍTICO
En el curso de la campaña que lo llevaría a la gubernatura, y estando ya en el poder, Mariano Piña Olaya tuvo aquellos “ímpetus peligrosos de sinceridad” que José Vasconcelos escribió en su obra Ulises Criollo, recordando algunos de sus fracasos como orador. La franqueza del oaxaqueño nos da oportunidad de conocer sus primeros traspiés políticos ante la “masa humilde”.
“Un día hablé que antes de intentar democráticas y actividad política –dice– el pueblo necesitaba emprender la campaña del agua y del jabón. A pesar de mi intención pura, el consejo pareció a unos ofensivo, a otros impolítico, y dejó desilusionada mi capacidad demagógica”.
Sobra aclarar que el parecido de Piña Olaya con Vasconcelos se constriñe a la preocupación aséptica que todavía en nuestros tiempos es una ofensa a los campesinos, cuya marginación y pobreza los mantiene lejos del agua de consumo y, obviamente, del jabón, hoy, como siempre, un artículo de lujo para los pobres. Sin embargo, como Piña Olaya usó la misma tónica de limpieza con los campesinos, hago esta referencia con la idea de asentar lo importante y benéfico que es para los políticos recordar o conocer las experiencias de gente tan capaz e inteligente como Vasconcelos. Insisto, pues, que la historia es el prólogo del porvenir y que, apreciándola, evitamos la repetición de errores y desaciertos.
Los yerros del mandatario poblano (1987-1993) empezaron antes de que fuera nominado candidato al gobierno local. El más espectacular, por su trascendencia, ocurrió en una cena organizada por el industrial Ricardo Hess. En aquella ocasión, los asistentes deseaban conocer la forma de pensar del hombre que llegaría a gobernar a Puebla. Asistieron Manuel de Unanue (a los pocos meses llegó a dirigir a los productores agropecuarios del país), Jorge Ocejo Moreno (también ascendió a la dirigencia nacional de la COPARMEX; después, a la candidatura para la alcaldía y, más tarde, diputado federal por el PAN), José Manuel Rodoreda (alcanzó la cúpula de la Cámara de Comercio local y el liderazgo natural del sector patronal), Heberto Rodríguez Concha (fallecido en funciones de regidor del ayuntamiento poblano —1997— por un tumor en el cerebro, enfermedad que se agravó debido a la presión moral concebida por algún estratega del gobierno de Manuel Bartlett), Humberto Ponce de León, Ernesto Pérez Reyes, Othón Necochea Agüeros y Mario Velázquez Llórente.
Este último cuestionó al invitado especial sobre su amistad con el presidente de México; le dijo que si efectivamente era su amigo, ya le habría dicho si iba o no a ser gobernador. La pregunta de Velázquez propició una respuesta alegre que fue más o menos en los siguientes términos:
“Si supiera la decisión presidencial, no estaría perdiendo el tiempo con ustedes”.
De condiscípulo a operador político (Crónicas sin censura 179)
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