Donde el conocimiento echa raíces: el Complejo Nororiental de la BUAP impulsa el desarrollo regional

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La visión es clara: descentralizar la educación para democratizar el futuro

En la geografía muchas veces olvidada del desarrollo, donde el discurso suele llegar antes que las oportunidades, hay territorios que comienzan a escribir una historia distinta. Uno de ellos es el Complejo Regional Nororiental de la BUAP, enclavado en Tlatlauquitepec, donde la educación ha dejado de ser promesa para convertirse en una herramienta tangible de transformación.

Durante el primer informe de labores de Sergio Díaz Carranza, director de este complejo, la rectora Lilia Cedillo Ramírez puso sobre la mesa una idea que, aunque sencilla, resulta profundamente disruptiva en un país marcado por la migración forzada del talento: los estudiantes que se forman en sus regiones no solo se educan, se arraigan.

Y en ese arraigo —muchas veces despreciado por la lógica centralista— hay una semilla poderosa: la del desarrollo local.

El informe no se limitó a cifras, aunque estas son reveladoras. Bajo la dirección de Díaz Carranza, el Complejo Regional Nororiental ha experimentado un crecimiento sostenido en su matrícula, acompañado de un fortalecimiento en su infraestructura. No se trata únicamente de más alumnos, sino de mejores condiciones para formarlos, en un intento por consolidar a este campus como el principal referente universitario de la región.

Uno de los avances más significativos se encuentra en el área de la salud. La Licenciatura en Medicina General y Comunitaria obtuvo en 2025 la acreditación internacional del Consejo Mexicano para la Acreditación de la Educación Médica (COMAEM), un reconocimiento que no solo valida la calidad académica, sino que coloca a este programa en el mapa de la excelencia educativa. A ello se suma un crecimiento notable en su matrícula, que pasó de 90 a 228 estudiantes, reflejando la confianza creciente en esta oferta académica.

Pero el desarrollo no se construye desde un solo frente. En Zacapoaxtla, la apertura de dos nuevos programas —la Licenciatura en Químico Farmacobiólogo y el Bachillerato Tecnológico Agropecuario— marca una expansión estratégica. Ambos iniciaron con una generación de 80 alumnos, una cifra que, más allá de su dimensión numérica, representa nuevas oportunidades para jóvenes que, de otra forma, tendrían que abandonar su entorno en busca de formación.

La visión es clara: descentralizar la educación para democratizar el futuro.

En su intervención, la rectora Cedillo sintetizó esta filosofía con una frase que resuena más allá del protocolo: “Los alumnos de los complejos regionales nunca pierden el arraigo por su tierra, siempre van a estar cercanos a su familia y a su comunidad; de esta forma, contribuye al desarrollo económico, social y cultural de su región.”

En un país donde durante décadas se ha normalizado que el progreso implique irse, el fortalecimiento de estos complejos plantea una alternativa incómoda para los viejos paradigmas: crecer sin abandonar, desarrollarse sin desarraigarse.

Quizá ahí, en esos espacios que durante mucho tiempo fueron periferia, comienza a gestarse una nueva narrativa. Una donde el conocimiento no expulsa, sino que regresa. Donde la universidad no centraliza, sino que siembra.

Redacción Réplica