Elena Poniatowska Por Miguel Ángel C. Manjarrez Álvarez
Entrevistar a una de las mejores entrevistadoras no es nada fácil, créanmelo. La tarea, implica un gran compromiso. Conlleva un alto grado de dificultad, sobre todo cuando la entrevistada es una mujer llena de energía; con anécdotas y momentos que son lecciones de vida para cualquiera.

Bueno, le platico que me animé a entrevistarla y que con esta “nerviolera” (me cuentan que así decía mi abuelita) llegué a la cita mostrando la modestia que, en mi caso, era obligada por la diferencia de edades. No había de otra pues. Estaba yo frente a la reconocida y ya intemporal Elena Poniatowska.

¿Qué preguntar y cómo hacerlo?, fue la primera de mis muchas dudas. Antes había leído el trabajo de varios de los maestros cuyas interviú forman parte de un libro (Las mejores entrevistas de la historia). Y le confieso con el corazón en la mano (debería decir en la pluma) que al “repasar” el libro mi preocupación aumentó. La Señora Poniatowska, dijo mi daimon*, está considerada como uno de los paradigmas del género; sé directo ante la maestra y no intentes leerle la buenaventura.

Iniciamos la entrevista entre risas y momentos de intensos recuerdos y anécdotas inigualables (los de ella claro).
Elena Poniatowska habló para Réplica y, en algún momento, casi al inicio, asestó a este entrevistador el famoso machetazo a caballo de espadas. Ella empezó a entrevistarme y yo a sentirme feliz con sus preguntas. De repente me dije: “Aguas güey, estás a punto de irte sin nada”. Sin embargo, a pesar de este aviso seguí disfrutando el estilo de la entrevistadora. Hizo preguntas con sentido y articuladas para que este pobre cristiano mostrara su lado humano. En fin, fueron cuestionamientos inteligentes, tanto que hasta yo me sentí inteligente.

Escuchar a Elenita Poniatowska me confirmó que la revista está en la ruta adecuada. Esto porque buscamos que cada una de sus secciones se conviertan en lecturas obligadas, en espacios para reflexionar. En su momento el amable lector será quien, después de leer lo que sigue, diga si vamos o no por buen camino.

Entrevista:

–¿Qué les dice Elena a los jóvenes mexicanos, qué les recomienda que hagan por México?
–Bueno, lo primero es participar. Estoy en contra de no votar, no se llega a nada. Sólo votaron treinta millones de mexicanos. Entonces quiere decir que más del cincuenta por ciento no votó. Tienen que participar. Moverse es difícil. Siempre es más fácil ser como un flan de sémola y quedarse ahí aplastados.

–Por su trayectoria, sus relatos, historias y entrevistas, Elena nunca dejará de ser joven, pero nos gustaría saber qué hacía cuando usted empezó a vivir, ¿qué pensaba de la gente mayor?
–Yo siempre pensaba de la gente mayor (yo creo que lo pensé a los seis años), que lo que ellos dijeran me abriría la clave del mundo. Que yo entendería por qué estamos aquí, para qué estamos aquí. En esta época –y no en la de los Luises o en la prehispánica–, cuando los escuché me di cuenta que platicaban puras banalidades: qué habían comido, de quién se enamoraban, quién era feo, quién era guapa: Entonces dije: qué chistoso, no platican de las cosas que yo me pregunto.

(Al escucharla se me ocurrió pensar en que los niños suelen tener respuestas interesantes. ¿Por qué preguntarles?, me dije y además soñé: ¿Por qué los políticos no le preguntan sus decisiones a los miembros más pequeños de su familia, en lugar de gastar miles de pesos al mes en flanes de sémola o, lo que es lo mismo, en asesores? Tal vez nos iría mejor).

–¿Le atrae, le repudia, le da vergüenza, pena ajena, lo que pasa con la política en México?
-La política en México está en un momento fascinante para la oposición. Nunca un partido de izquierda había tenido tanta fuerza en la Cámara de Diputados. El chiste está en qué reformas habrá. A mi me gustaría que se discutiera la baja de los sueldos de los ex presidentes. No sé si se hace justicia con el de Mariano Azuela, quien gana más de cuatrocientos mil pesos al mes. Va a ser muy importante la actuación. Pero hay que hacer leyes para la mayoría, para los mexicanos más pobres. En esta elección se tuvo mucho miedo de que ganara López Obrador. Esta vez la prensa se fue al Gran Hotel, creyendo que a pesar de todos los chanchullos, ganaría López Obrador

–¿Qué opina de la política cultural del gobierno?
–Vamos a ver qué hace. El presupuesto ha descendido mucho. La biblioteca José Vasconcelos se va a reinaugurar, pues es la gran aportación cultural del sexenio de Fox.

–¿Política mata cultura?
–Yo creo que hay muy poco interés de parte de la política por la cultura en México. Lo que le podemos aportar al mundo es nuestra cultura. Impulsar nuestro turismo, el arte colonial, todo el arte prehispánico. Es a lo que le podemos dar fuerza y no lo hacemos. Le damos prioridad a un montón de sueldos y gastos. Y lo que es intolerable es la corrupción política.

–Oriéntenos. Tres títulos que les recomendaría a las personas que empiezan en la difícil tarea de la lectura. Los títulos que nos vuelvan adictos a leer.
–A los jóvenes les recomiendo a José Agustín, porque es muy divertido. Habla de cosas reales, de acostones, de condones. A los adultos recomendaría a García Márquez, pero vamos a ser nacionalistas, recomendaría a Octavio Paz, El laberinto de la soledad, La Piedra de Sol. Recomendaría a Carlos Fuentes, La región más Transparente, La muerte de Artemio Cruz. Recomendaría también a Carlos Mosivais. El más grande de todos que es Juan Rulfo, El Llano en Llamas, o Pédro Páramo. A un político le recomendaría que leyera a Bernal Díaz del Castillo, para descubrir a su país, el asombro y la lealtad. Le recomendaría La Visión del los Vencidos, de Miguel León Portilla, para saber que pensaron los que fueron invadidos y fueron destruidos. A las mujeres les recomendaría a Rosario Castellanos, o Elena Garro, pero creo que deberían de leer lo que leen los hombres.

(Los empresarios que lean esta entrevista: ya saben qué poner en los arcones de navidad para regalar a los políticos, a los jóvenes o a las mujeres, a quiénes de verdad quieran desearles algún bien en las épocas navideñas)

–¿Cuál es el mejor recuerdo de su vida?
–El nacimiento de mi primer Hijo. Yo creo que será la respuesta de cualquier mujer. No le va a decir que fue su primera noche de amor, porque en general todas dicen que sufren, que no era lo mejor. Muchas lo viven como un acto de violencia.

–¿Y el que no quiere recordar, pero que la haremos recordar?
–Bueno, uno de los peores momentos, no lo viví como el peor en ese momento, uno tiene muchas protecciones. En el 68, no el 2 de octubre, dos meses después, murió mi hermano en un accidente automovilístico; le medio aplastaron la cabeza. Para mi madre fue un momento duro no poder verlo (la entrevistada nos mostró sus lagrimas). Otro momento duro fue la muerte de mi madre. En esos momentos no te cae el veinte. Al darme el pásame, yo decía: por qué me están moliendo, qué ridículos son. Y después, cuando tienes conciencia de lo que ha pasado, vives solo tu duelo. Envidio mucho a los que pueden llorar en los entierros. Yo siempre lloro cuando no debo y cuando debo no lloro (otra vez lágrimas en sus ojos).

–¿Qué es para usted la música?
–La música es una compañía mucho más fácil que la de los libros. Estar escuchando música ayuda muchísimo. Pero no puedo escribir con música. Lo que más escucho es música clásica. También a Rigo Tovar, hágame favor. (Elena comenzó a cantar: “Tuvimos un sirenito, justo al año de casados”. Y todos los presentes reímos contagiados por su energía). Me gustan los Beatles. En el plantón se pusieron a cantar una cantata de Martín Luther King y los presentes aprendieron a cantar y a llevar el ritmo. Cantaron al unísono, I had a dream. ¡La gente es más culta de lo que creemos! Emilio Azcárraga dijo: “Yo hago tele para los jodidos, les damos lo que quieren”. Yo creo que ellos valen mucho más de lo que les dan y que no se merecen eso. Así como no nos merecemos todos los pinches políticos que tenemos, ratas, ladrones, culeros y culeras...

–¿Cómo orientar la educación en México?
–Creo que en primer lugar es importante pagarles bien a los maestros. Luego no tener a una maestra como Elba Esther Gordillo al frente del sindicato más grande de América Latina. Invertir en las escuelas, en la educación. No se invierte. En este sexenio debería de ser así. Que la iniciativa privada participe, que dé dinero este señor Slim.

–¿Usted cree que el aparato burocrático corrompa a las personas de buen corazón?
–Sí, absolutamente.

–¿Cómo lograr que no pase esto?
–Yo conocí a uno que decían que era tonto porque no había robado; su casa era muy modesta. Se llamaba Ignacio García Téllez. Fue director del Seguro Social en época de Lázaro Cárdenas. Decían que era un pendejo. Toquemos madera para que haya muchos así.

–¿Algo que quiera agregar?
–En el fondo el mundo es de los jóvenes; que piensen que el dinero es un medio no es un fin. Cuando se tiene mucho dinero uno se vuelve esclavo de ese dinero. Se vuelve una limitante. Hay que viajar por el mundo ligero de equipaje, así se hacen muchas cosas.

Ahí concluyó la entrevista. La agenda de Poniatowska nos impidió seguir. Nos quedamos con ganas de escuchar lo que tiene qué decir. Por ejemplo: ampliar su opinión acerca de los políticos poniéndole nombres. Nos hemos propuesto buscar esa otra entrevista y compartirla con usted que, sin duda, también tiene mucho qué decir....



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